Ahora querrás practicar danza polinesia

Tras el ballet, gymjazz, zumba... es hora de rendirte al meneo de caderas. Porque pierdes kilos, tonificas tu cuerpo y, además, equilibras tu mente.

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“¡Ia orana, Rosa!”, me saluda sonriente Yunick Vaimatapako, un polinesio guapísimo –nacido en Nueva Caledonia de madre tahitiana– que me va a enseñar los secretos de la danza de sus islas. Llegó a España hace un año procedente de París, donde llevaba mucho tiempo impartiendo clases de este baile exótico. Fue mi amiga Alberta quien me recomendó que asistiera a una de ellas, aunque sabe que el ritmo no corre, precisamente, por mis venas. “Cualquiera puede practicar esta danza”, me tranquiliza Yu (como le llaman todos) en un perfecto español. “Solo necesitas tener ganas de salir de la rutina”. Y un outfit sencillo: pareo, top de deporte… ¡y nada de calzado!

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“Cualquiera puede practicar esta danza, solo necesitas tener ganas de salir de la rutina”.

Reconozco que la cultura polinesia es una gran desconocida para mí. Bueno, sé que Tahití enamoró al pintor Paul Gauguin (¡inolvidable su Mata Mua!) y que los visitantes son recibidos con preciosos collares de flores. Con ese escaso background, agradezco que Yunick inicie la clase hablando de la cultura polinesia, de su conexión con la naturaleza, de su optimismo vital… Porque esta danza requiere una técnica, unos movimientos coordinados, pero también un estado de ánimo, una energía contagiosa que te hace ver la vida de un modo más alegre. “El espíritu polinesio es absolutamente positivo. Cada mañana damos las gracias por levantarnos y tener un día más para disfrutar de todo lo que nos da la vida. Y nuestro baile es un reflejo de esta filosofía”, explica Yunick. “La naturaleza está muy presente en cada movimiento: las piernas nos conectan con la tierra; los brazos, con el aire y el cielo. Lo que quiero compartir con mis alumnos es la creencia polinesia de que nunca debemos olvidar nuestras raíces, de que debemos escuchar a nuestro cuerpo”.

Un ejercicio muy recomendable: tonifica glúteos, piernas, brazos, abdominales, espalda. Puedes quemar hasta 500 calorías en cada sesión de una hora. Proporciona flexibilidad. Reequilibra tu cuerpo. Aumenta la autoestima.

Yunick Vaimatapako imparte clases de danza polonesa en Madrid.
Yunick Vaimatapako imparte clases de danza polonesa en Madrid. © Facebook

Detrás de esta filosofía, también hay disciplina y esfuerzo. ¡No vale jugar a que bailamos con un hula hop! La danza polinesia, según veo en mi primera clase, tiene mucho de deporte aeróbico, en el que se implica todo el cuerpo: “Trabajamos mucho cardio, mucha resistencia”, precisa nuestro profesor. “Ejercitamos todos nuestros músculos: la cadera, las piernas, los pies, los brazos, la espalda, los abdominales… Trabajamos mucho con el equilibrio y con el peso. Aunque no es necesario ser una persona fibrosa o delgada para practicarlo”. Antes de entrar en materia, 20 minutos de calentamiento; después, Yu nos enseñará los movimientos básicos y la técnica para realizarlos adecuadamente, finalmente, una pequeña coreografía nos enseñará qué debemos practicar en casa hasta nuestra siguiente cita.

Aunque Vaimatapako también imparte clases particulares, las grupales tienen una ventaja: “Cada encuentro se convierte en una ocasión espléndida para compartir emociones y experiencias. Es como una terapia de grupo. En cierta forma, eliminamos el estrés, las preocupaciones, y convertimos toda esa energía en algo positivo”. Sí, porque la danza polinesia actúa también como un bálsamo sobre los malos momentos. “Se trata de un ritual que conecta también con la parte espiritual de la gente. De entrada, estamos bailando con una parte de nuestro cuerpo que siempre ocultamos, las caderas. Para las chicas, eso es muy importante, porque están tomando conciencia de su feminidad, de la sensualidad que encierran. Al trabajar frente al espejo, nos miramos y nos decimos: “Soy así y me quiero así”. Nos aceptamos como somos, y esto aumenta nuestra autoestima. Bailando derribamos muros, nos liberamos”, concluye Yunick.

© Fotograma de 'Lilo & Stitch'
© Fotograma de ‘Lilo & Stitch’

Hora y media después, finaliza mi primera clase. Ahora me doy cuenta de lo mucho que ha trabajado mi cuerpo… y de la cantidad de endorfinas que ha generado mi cerebro. ¡Estoy mucho más contenta que cuando entré! Y no me extraña porque, además de grandes dosis de ritmo, Yu aporta aún más cantidad de heiva, que es como se dice alegría, amor y felicidad en su idioma.

¿Dónde aprender danza polinesia?
Puedes aprender en clases particulares y colectivas impartidas por Yunick Vaimatapako en toda España. Si quieres, organizará una sesión con tus amigas para que celebréis un cumpleaños, una fiesta… Este profesor polinesio organiza también talleres de música, idioma y vestuario artesanal polinomio (más información en su mail o en su página de Facebook).

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