Battle Rope

Tirar de la cuerda es la última moda en el gimnasio y promete hacerte quemar 112 calorías en solo 10 minutos

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¿Buscando piernas perfectas? Aquí un ejercicio que promete conseguirlas. © Greg Sorensen
¿Buscando piernas perfectas? Aquí un ejercicio que promete conseguirlas. © Greg Sorensen

Si te dicen que hay unas cuerdas que se llaman anakondas, tenles miedo. Si te confirman que trabajando a tope con ellas quemarás hasta 112 calorías (672 cal a la hora), aún mucho más. Si al entrar en una clase ves a los alumnos agitándolas formando ondas como si no hubiera un mañana mientras un monitor en plan sargento de hierro les grita “más fuerte, más rápido, más, máaas”, entenderás por qué a su lado el crossfit parece un juegos de niños. Y por qué el battle rope es la última tendencia en entrenamiento funcional que lleva dos años arrasando en países como el Reino Unido.

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“El battle rope se considera funcional porque con este material puedes mejorar todas tus capacidades físicas básicas: fuerza, resistencia, velocidad, flexibilidad y la combinación de todas ellas”, explica Isaac Salinas, Fitness Manager del Virgin Active Aragonia. La cadena de gimnasios ha introducido recientemente el battle rope entre sus clases V-Express (entrenos en sesiones intensivas de 20 minutos).

Visto desde fuera puede parecer sencillo, pero quienes se atreven con una primera sesión juran que al minuto de empezar ya están deseando que aquello finiquite. “Diez minutos de ondas garantizan una buena sudada, con congestión de brazos y antebrazos incluida, debido al diámetro de la cuerda, que hace trabajar sin descanso nuestro agarre, y las continuas flexiones de codo, que solicitan (sic) el bíceps”, relata Teresa Fernández en su tutorial de Youtube.

Que nadie se engañe: aquí no solo trabajan los brazos. Participan los hombros así como todos los músculos del core (abdominales y lumbares) para mantener el torso erguido mientras compensan la carga que suponen las cuerdas agitándose de manera desenfrenada. Y las rodillas. Y el resto de las piernas y los pies. Todo, absolutamente todo el cuerpo. Hay que formar culebrillas pequeñas, grandes olas como si estuviéramos sacudiendo la alfombra del salón, ondulaciones con desplazamientos laterales, sentadillas, alternar con flexiones, saltos… Se puede modificar la velocidad, intensidad y forma de formar las ondas. Pero apenas hay descanso.

Tanto sudor y sufrimiento tienen su recompensa: “Una mejora global del estado físico. En concreto, pérdida de peso, mejora de la composición corporal, aumento del VO2MAX (uno de los principales marcadores de salud) y coordinación”, comenta Salinas. De paso sostiene que aquello, por duro que parezca, en el fondo, es divertido. Y combina fenomenal con otros artefactos infernales de gimnasio como el bosu o las pesas rusas.

La clave está en las cuerdas. Nada de cuerdas finas como con las que saltábamos de niñas, ni de esas elásticas para potenciar músculo. Sogas, sogas. Preferentemente, de nylon de unos 38 milímetros de diámetro. “Aunque se empieza con cuerdas más ligeras y ejercicios más simples y se va evolucionando hacia cuerdas más pesadas y ejercicios más complejos e intensos”, comenta Salinas. Es importante que sean trenzadas, que no se deshilachen (para no descarnarnos las manos), y que resistan bien la humedad. Y largas, pongamos de 12 a 15 metros. La soga se engancha por su punto central a un soporte a poca altura, se agarran los dos cabos con las manos… ¡y a hacer ondas a toda máquina!

© Victoria's Secret Sport
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