¿Cómo trabajar como maquillador?

Vivir entre potingues, ser responsable de la belleza de modelos, celebrities o comunes mortales... y que además te paguen por ello. Esto es lo que necesitas.

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Hay maquilladores y hay MA-QUI-LLA-DO-RES; es decir, puedes trabajar en un centro de estética, en una peluquería, en un salón de maquillaje -todos ellos estupendos lugares para desarrollar la profesión-, o puedes querer ser de los del segundo grupo, de los que trabajan en televisión, para las revistas de moda, en los desfiles, el maquillador de confianza de las celebrities, tener un salón famoso, ser el maquillador estrella de una gran firma de cosmética… Pero, para ser de los de este exclusivo grupo hay que cumplir con unas condiciones. Si las tienes, si las cultivas, podrás aspirar a formar parte de la élite de las brochas.

Trabajar como maquillador
¿Sueñas con maquillar a las mejores modelos? ¿A las estrellas de cine?

Hoy, los 20 requisitos imprescindibles para que se pongan en tus manos los rostros del panorama nacional e internacional:


1. ARTE (INNATO) PARA EL PINTARRAJEO
Parece evidente, pero no está de más hacer hincapié en ello. Si ni a ti misma se te da bien maquillarte, difícilmente podrás maquillar a los demás. Hay que tener ese feeling con las brochas, saber entender los productos, haber comenzado a maquillarte como una puerta a los 5 años de edad para a los 16 tener más maña y a los 20, al fin, una técnica depurada y profesional (tras la consiguiente formación, lo que nos lleva al segundo punto).

Cómo trabajar como maquillador

2. FORMACIÓN
Sí porque, por mucho que te hayas maquillado a ti misma y a todas tus amigas, nada como una escuela para mejorar tus aprendizajes autodidactas. Así que vete buscando ese lugar que te dé formación, y no solo para saber maquillar, sino también peinar, porque -al menos en España- se espera que seas una profesional como la copa de un pino, pero también multifuncional. Tendrás que hacer de todo.

Cómo trabajar como maquillador
3. DOTES ARTÍSTICAS
Como quien sabe pintar cuadros, pero para pintar caras. Al final, maquillar es eso, coger un rostro y, mediante maquillaje, transformarlo. Crear un efecto, una ilusión, potenciar los rasgos naturales, alcanzar un ideal de belleza…

© Mondadori
© Mondadori

4. VERBORREA
Necesaria para explicar todo esto que os estoy comentando y dotar a la profesión de un alo, casi místico, de lo que viene siendo coger el “pote” y hacer un “chapa y pintura” como nadie sabe hacerlo. Porque se puede ser una gran maquillador, pero también se ha de ser un gran comunicador para hablar de tu trabajo e ¡importante! camelarte al cliente sobre de la idea de maquillaje que quieres llevar a cabo para ese trabajo donde están buscando algo limpio y sutil sobre el rostro de la modelo cuando a ti te apetece marcarte un Priscila, Reina del desierto. El palabrerío te llevará allá donde quieras en maquillaje, pero también en cualquier otro sector…

 

5. INTUICIÓN
Sin necesidad de entrar en un ‘pinta y borra’ constante que lo único que consigue es irritar la piel. Un maquillador, cuando ve un rostro, ha de saber qué rasgos se pueden y se deben potenciar, cuáles corregir, y en qué tonalidades va a resultar más favorecedor.

No vale aprenderse un maquillaje y aplicarlo a todas las caras. Cada una de nosotras es única y necesitamos un maquillaje adaptado, y por favor, que no nos disfracen de nadie (a no ser que lo pidas).

Cómo trabajar como maquillador
No disfraces, por favor.

 

6. CREATIVIDAD
Para, además de seguir las tendencias del maquillaje, poder crearlas. Mira, por ejemplo, cuando se llevaban las uñas en tonos “aburridos” -rojas o naturales-, y a alguien se le ocurrió que la tendencia del maquillaje también pasaba por pintarnos las uñas de todos los colores habidos y por haber hasta llegar al boom del nail art. Eso no es casualidad, eso es un maquillador que vio el potencial (de ventas, sí) de un producto que tenía grandes posibilidades.

 

7. ENTENDER EL MINIMALISMO
Porque, en cuestiones de potingue (que además se aplica capa sobre capa: primero la base, luego el corrector, después los polvos, encima el colorete, después las sombras, además los lápices de ojos, más unas cuantas pasadas de rímel y no nos olvidemos de la boca…), como lo pongas en cantidades industriales puede resultar un tanto efecto máscara veneciana.

Ahora lo que se lleva es una piel traslúcida, no una base de maquillaje que parezca cemento armado; unas sombras integradas, no el parecerse a Alaska durante La Movida; brillos, sí, pero controlados… Por favor recuerden, queridos futuros-maquilladores, que el menos es más.

© Mondadori
© Mondadori

8. DICCIONARIO
Un maquillador profesional no puede hablar de los productos como yo lo vengo haciendo desde la primera línea del artículo. Un profesional dice “máscara de pestañas” para lo que el pueblo denomina rímel, “labiales” para el pintalabios, “lacas” para los pintauñas y ¡ojo! aquí no se pinta, se “maquilla”… Y ahí es donde se empieza a intuir al gran profesional. Bueno, y porque los productos que utiliza no son del chino sino de marcas profesionales, claro.

El 'Color Riche' de L'Oréal Paris es uno de nuestros "labiales" favoritos.
El ‘Color Riche’ de L’Oréal Paris es uno de nuestros “labiales” favoritos.

9. INTÉRPRETE
Para conseguir entender qué narices os están pidiendo para esa sesión de fotos en la que el cliente (la celebrity, el estilista, el fotógrafo…) te está diciendo: “Busco una piel jugosa pero mate, con mucha luz pero sin utilizar iluminadores, que parezca que acaba de llegar de unas vacaciones en Cancún, como relajada, pero no, bronceada no. Y sí, el ojo muy definido, intenso y trabajado, sin utilizar sombras, todo ahumado, así como muy hecho en casa, ¡ya tú sabes!”. No. “Ya tu sabes”. O te pones el Google Translator, o no hay que quien entienda esa propuesta de maquillaje. Así que hay que contestar utilizando lo aprendido en el punto 3 y hacer lo que te de la gana, en la medida de lo posible, haciendo valer lo aprendido en el punto 4…

"Ya tú sabes". Ehm, ¿qué?
“Ya tú sabes”. Ehm, ya-yo-sé-¿qué?

10. DELICADEZA
Ante todo, delicadeza. Unas buenas manos que masajean el rostro con cariño antes de comenzar el maquillaje, que ponen las pestañas postizas que ni te enteras, que cada toquecito con las yemas de sus dedos aplicando producto es la gloria, se llama ‘bendición’ y saberse en buenas manos, nunca mejor dicho. Porque si en vez de manos, tienes zarpas, mejor dedícate a la albañilería. Estas manejando rostros, no haciendo pan.

11. LIMPIEZA

Los pinceles, el maletín de maquillaje, las esponjas para las bases, los productos, las toallas que lleves… lo que sea. Todo ha de estar impoluto porque es muy fácil que este tipo de instrumentos acumule gérmenes. Y no queremos que una clienta se contagie de la anterior, ¿verdad?

Vale que, manipulando productos que tienden a manchar, como es el propio maquillaje, es normal que todo acabe un tanto guarrete, pero después de cada sesión se limpia to-do. E incluso se utilizan materiales desechables. Un maletín sucio es síntoma de un mal profesional y puede ocurrir que tu clienta no tenga excesivas ganas de dejarse maquillar por eso que llevas ahí y te llegue a decir cosas del tipo: “Esa brocha de colorete tiene tanta mierda que parece que va a salir corriendo”.

Cómo trabajar como maquillador

12. Y ASEO
Salir duchado de casa tendría que ser como las normas de tráfico, con multa por incumplimiento, y más si vas a estar trabajando con alguien tan de cerca. ¡¡¡Qué asquito los maquilladores con roña en la uñas, aliento al último pitillo antes de comenzar a currar o ropa sucia!!! En todas partes debería ser ley, pero es que tú además trabajas en moda y aquí todo cuenta, tu aspecto también.

© Mondadori
© Mondadori

 

13. DOTES ACTORALES
Para no ser tú, tu real, todo el rato. Para dejar la timidez en casa a la hora de relacionarte con los equipos de trabajo, para ser el divertido del grupo cuando los ánimos decaen tras 18 horas continuas de rodaje, para ser una estrella/diva del maquillaje y tener mucha actitud frente a las cámaras dando entrevistas… En resumen, ser un poco personajillo (pero siempre en versión bien y agradable). Más divos no queremos, que tenemos el cupo cubierto.

 

14. SABER IMPROVISAR
El maletín (de un maquillador) no tiene fin. En esas maletas hay de todo. Mil sombras, trescientas barras de labios, una montaña de lápices para boca y ojos con tantos matices de color que ni en la fábrica de Carioca… pero va y te piden que quieren hacer un efecto ‘destellos de nieve’ sobre la piel. Pues sacas tu ingenio y te pones a improvisar: recortas un cartoncito para hacer unas plantillas, mezclas estos pigmentos con aquellas sombras, pones un poco de poco de gloss labial sobre el pómulo, espolvoreas la mezcla, retiras el cartón y voilà! has conseguido lo que estaban buscando.

¡Brava tú!
¡Brava tú!

15. AL QUE MADRUGA…
Y, si no se madruga, empezar a practicarlo hasta aprenderlo y convertirlo en un hábito porque los maquilladores siempre son los primeros en llegar al estudio o localización. ¡Es más!, cuando llega el resto del equipo ellos ya están con todos sus enseres desplegados, desayunados (si es maquilladora hasta ella se ha maquillado) y están listos para comenzar. Por no hablar de cuando hay que levantarse a horas inexistentes para por ejemplo tener maquillada y peinada a la protagonista y disparar la sesión al amanecer. Eso son dos horas antes de las seis de la mañana para comenzar a trabajar. ¡Qué sueño solo de pensarlo!

De tarde nada: ¡tendrás que ser muy puntual!
De tarde nada: ¡tendrás que ser muy puntual!

16. HACER DE CONSULTOR PERSONAL/SENTIMENTAL
Los protagonistas de las sesiones de fotos, películas, desfiles, programas de televisión… tienen muy poco tiempo para hablar con el estilista. Prueban ropa, opinan sobre los looks, pero no hay tiempo para los temas personales. En cambio, en peluquería y maquillaje, apoltronados sobre la silla de maquillaje pasan las horas de otro modo y aquello se convierte en un confesionario. Problemas con la familia, rupturas con la pareja, intercambio de información sobre restaurantes, cotilleos de compañeros… Vamos, que un maquillador a veces sabe más de la vida personal de sus clientes que todo su entorno. Espero se te dé bien escuchar y asesorar. Vas a practicar la psicología mientras pintas unos morretes con ese nuevo labial.

Cómo trabajar como diseñador
17. DIGITAL INFLUENCER
El universo del blog, el vídeo blog y las redes sociales también han llegado al mundo del maquillaje y no veas de qué manera. Maquilladores casi anónimos que se han convertido en estrellas en la red, maquilladores que tienen miles de fans gracias al blog que han creado para una revista, maquilladores que no tenían trabajo y gracias a la visibilidad que les ha dado ese pequeño espacio en la web que crearon ahora se los rifan las marcas para contratarlos… Bloguear es duro, pero tiene sus recompensas. Prometido.

 

18. RASTREAR OPORTUNIDADES
Siendo el becario voluntario de grandes maquilladores para ir conociendo a muchos equipos de profesionales que puedan contar contigo en el futuro una vez te conocen, llamar a escuelas de diseño para ofrecerte a la hora de trabajar en el desfile de fin de curso de los alumnos, colarte en el backstage de la semana de la moda para conocer al director de maquillaje y darle una tarjeta tuya, llamar a las agencias de maquilladores a ver si están interesados en representarte (sí, los maquilladores-estrella también tienen agentes que les representan, como a las modelos) incluso ofrecerte con toda la naturalidad a bloggers, cantantes o presentadoras si te las encuentras en un evento no, acosando por Instagram, no. Nunca se sabe dónde se va a abrir una puerta y hay que llamar a todas.

 

19. PASIÓN POR EL NEGRO
Todos los maquilladores visten de negro. Por voluntad o por imposición de las marcas para las que trabajan. ¿Os habíais dado cuenta?

Cómo trabajar como maquillador
20. ADAPTACIÓN
Es decir, no tener miedo (ni poner pegas) a tener que maquillar dentro de un coche, bajo un pino en medio del monte, en los baños de un bar, subirte a una silla para retocar a las modelos que son altas como torres, tener que vestir como un alpinista porque vas a grabar en una localización de alta montaña…

El set de maquillaje con sus bombillitas, macroespejo, sillón regulable, existe, pero no siempre es una realidad.

© Mondadori
© Mondadori

¡¡Ah!! Y que no se me olvide. Nunca hay que dejar de ser un ESTUDIOSO de tu materia, ver qué hacen los otros maquilladores, conocer sus técnicas, hacer cursos de reciclaje por muchos años que se lleve en la profesión… porque la competencia es grande y estar dentro de los elegidos es duro.

 

BONUS TRACK
Si ya ye sabes la lección, en L’Oréal Paris están buscando a su nuevo maquillador oficial con su ‘Duelo de brochas’. El ganador español pasará al concurso a nivel internacional cuyo premio es nada más y nada menos que un contrato con la marca valorado en 100.000€ (!!!). Infórmate en su web, aquí.

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