Cosmética por amor

Tres básicos del tocador que surgieron gracias a varios ataques de romanticismo. ¿Conocías su historia?

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Puede que sea una mitómana o, peor, una mitómana irredenta víctima del marketing o que tenga un poco de Antoñita La Fantástica porque, por más que me lo dicen, no aprendo y pasan los años y sigo adorando las historias que nos cuentan sobre los cosméticos. Anécdotas, sorpresas, casualidades… Me las relatan y caigo rendida, compro, compro, las compro todas, sobre todo aquellas que tienen un componente humano bonito de contar.

Me encanta ese científico loco de la NASA al que su propio experimento estalló en la cara y cuya piel recuperó gracias al caldo de algas que después sería la Creme de La Mer… O los monjes de la destilería de sake cuyas manos mostraban una juventud que no se correspondía a su edad y cuyo secreto se embotellaría pasados los años como la esencia de pitera que impregna los productos de SK-II… Como esas historias hay mil, unas más marketinianas que otras, y hoy me he levantado con el día amoroso, por lo que recuerdo tres momentos románticos que dieron como fruto tres básicos de cualquier tocador femenino. ¿Quieres conocerlas? Sigue leyendo:

Cosmética por amor
© Getty Images

Por amor a sus caballos

Elizabeth Arden no era una tipa muy simpática. Según cuentan sus biógrafos (no autorizados, of course) solía decir que quería más a los caballos que a las personas y que “sólo si tratas a una mujer como un caballo y a un caballo como a una mujer los dos te harán ganar”. Dinero, se entiende. Ambiciosa, visionaria y absoluta adicta a los hipódromos, tuvo sus propios purasangre y los mimó siempre como a los hijos que nunca llegaron. Parece ser que era solo en las cuadras donde dejaba aflorar sus emociones, una vez traspasada la famosa puerta roja de su centro de estético en plena Quinta Avenida de Nueva York.

Ella misma cepillaba, acondicionaba y cuidaba las pezuñas heridas de sus jacos. Hasta tal punto llegaba su preocupación, que desarrolló un ungüento para curar las rozaduras que le provocaban los herrajes. Una combinación de petrolato (de los primeros beta-hidroxiácidos con uso cosmético) y vitamina E. En 1930 la desarrolló y, tras comprobar su eficacia curativa y regeneradora en las cuadras, decidió incorporarla a su salón de belleza. La llamó Eight Hour® Cream Skin Protectant porque, según cuentan, una clienta que lo utilizó para tratar la rodilla herida de su hijo, dijo que “ocho horas después”, la rodilla estaba totalmente curada.

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Elizabeth Arden y sus adorados caballos

Por amor a su bebé

¿Te suena la fragancia Petite Chérie? La creó Annick Goutal para su hija Camille.

Annick era una prometedora estudiante de música que un buen día, con solo 16 años, decidió dejarlo todo y ponerse a crear perfumes artesanales. Desde el comienzo sus fragancias quisieron ser de esas que traen a la memoria recuerdos de infancia, viajes o sentimientos como el amor o el cariño por los hijos, con una elevada concentración de aromas. El negocio no fue nada mal, aunque desgraciadamente murió a los 53 años. Su hija Camille, la famosa petite chérie, tomó las riendas del taller.

Petite Chérie es una irresistible, sensual y seductora fragancia que Annick describía como “recuerdo de la mejilla de una joven que quieres besar cariñosamente”. La esencia, “hermosa visión de una madre por su hijo, bautizado con el apodo que ella me dio” sigue siendo, para Camille, el mejor de los regalos que le hayan hecho.

Hoy por hoy, Camille continúa creando perfumes que cuentan historias: el recuerdo de un paseo por la playa, la emoción del nacimiento de su hija, el ambiente del atardecer parisino. Su último lanzamiento es Vent de Folie, un perfume audaz inspirado en la flor urbana de Nueva York que deja un velo suave y apolvado sobre la piel, gracias al almizcle blanco y la corteza de cedro (98 €).

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Camille, la hija de Annick Goutal

Por amor a su mujer

¿Qué regalo más bonito puede hacer un hombre a su mujer que devolverle la expresividad de su mirada después de un cáncer? La historia del revitalizador de pestañas Revitalash comenzó cuando el Dr. Michael Brinkenhoff, como un regalo especial para su esposa Gayle, quien se estaba recuperando de un cáncer de pecho. Gayle había sido sometida a intensivas quimioterapias, lo que generó el debilitamiento y posterior pérdida de sus pestañas. Él había sido oftalmólogo durante 25 años y, junto a un equipo de expertos en cosmética, se puso manos a la obra. Después de extensas investigaciones consiguió formular un producto que devolvió la vitalidad a las pestañas de Gayle. Así, un cosmético completamente nuevo, con una fórmula creada originalmente por amor, se convirtió en un básico para hombres y mujeres que quieren unas buenas pestañas: fuertes, brillantes y resistentes.

Desde entonces, la empresa que lo comercializa, Pure Skincare Cosmecéutica S.L., concienciada con la lucha contra el cáncer, realiza una donación de 1 € por cada uno de los productos que vende a la Asociación Española Contra el Cáncer. Y tienen una edición rosa especial para el Cáncer de Mama.

Descubre, uno a uno, estos tres básicos del tocador:

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