¿De verdad tenemos algo que agradecerle a Hugh Hefner las mujeres?

La muerte del fundador de Playboy nos hace preguntarnos qué papel jugó en la liberación sexual y si realmente empoderó a la mujer.

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Hugh Hefner ha muerto a los 91 años. “El hombre que cambió nuestra visión del sexo”, dicen muchos, mientras, a otros solo les vienen a la cabeza imágenes de la mansión Playboy. Pero puede también que la noticia produzca sentimientos encontrados: ¿fue Hugh Hefner un empresario que se lucró con la industria del erotismo o quizá fue uno de los primeros defensores de los derechos de las mujeres? ¿Realmente contribuyó a normalizar el sexo y nos enseñó a disfrutar abiertamente de nuestra sexualidad?

Hugh Hefner junto a dos de sus míticas conejitas. © Getty Images
  • Psicólogo, empresario y editor

Lejos de lo que pueda parecer, Hugh Hefner nació en el seno de una familia católica muy conservadora en la ciudad de Chicago. Tras estudiar psicología (ojito ahí que esto tiene mucho que ver con la sexualidad) y trabajar para algunas revistas, decidió que sería el editor y fundador de la suya propia y que con ella intentaría cambiar la visión que los americanos tenían del sexo. ¿Cómo lo consiguió?

Con el dinero que había pedido prestado a amigos y familiares, Hefner compró por 500 dólares una fotografía de Marylin Monroe desnuda (tomada antes de su éxito en Hollywood), la convirtió en un desplegable y lanzó el primer número de Playboy.

Portada del primer número de la revista Playboy, lanzado en diciembre de 1953.

Y es aquí donde yo me hago mi primera pregunta: ¿cambiar la visión que los americanos tenían del sexo era mostrar un desnudo de una de las actrices más exitosas de la época sin su consentimiento, para más inri? Además, atención al subtítulo de Entertainment for Men que aparece debajo de Playboy. Pero hay más. En la primera página de la revista se avisaba a las mujeres: “Si eres la hermana, mujer o cuñada de alguien y nos has comprado por error, por favor pásanos al hombre que tengas al lado y cómprate la revista Ladies Home Companion”, recomendaba, haciendo alusión a una publicación que se centraba en las labores del hogar.

Paralelamente, y acompañando a esa cacareada liberación sexual, el empresario se lanzó desde sus páginas a defender los derechos reproductivos de las mujeres: se convirtió en uno de los primeros defensores públicos del aborto, casi una década antes de que fuera aprobado en Estados Unidos, así como de la píldora y la planificación familiar. También de los derechos civiles y los derechos de la comunidad LGTB, en una década, los 70, en la que parecía impensable; mientras, por sus páginas aparecían escritores de la talla de Ray Bradbury, Ian Fleming, Jack Kerouac e, incluso, Margaret Atwood.

 

  • De Marylin a las famosos conejitas

El lanzamiento de Playboy supuso todo un shock para la sociedad americana de aquel momento. La revista fue considerada como el estandarte de la liberación sexual por muchos  y Hugh Hefner se convirtió en el chico de oro de Estados Unidos. “Cambié la actitud de la gente hacia el sexo y desmonté el mito del no a las relaciones sexuales prematrimoniales”, se vanagloriaba durante una entrevista en The New York Times en 1992.

¿Seguro? No digo que la intención de Hugh no fuese esa, pero creo que está claro para qué ‘sector’ de la población lo hizo: los hombres. Tras el éxito de la revista, Hefner dio con la idea de las conejitas Playboy. Chicas que posaban desnudas en su revista y a las que ataviaba con unas orejas y un rabito. ¿Perdona? ¿Qué tiene que ver eso con la liberación sexual?

Hasta Hollywood se ha hecho eco de ellas en muchas de sus películas.

No solo eso. Hugh construyó la mansión Playboy donde él mismo vivía con un centenar de conejitas: “Me he acostado con miles de mujeres, entre ellas muchas de mis chicas de portada”, confesó en varias ocasiones. Una declaración que no le reportó ningún tipo de crítica en un mundo donde los hombres llevaban la voz cantante. ¿Acaso había liberado a la mujer para que estuviese más sometida pero de una manera mucho más pícara y sensual? ¿Desmontó el mito de las relaciones prematrimoniales solo en favor de sus compañeros masculinos, poseedores de todo el poder en estas relaciones imparciales?

  • Y llegó Gloria Steinem para arrojar algo de luz

La activista y líder del movimiento feminista publicó las vergüenzas de Don Hugh Hefner allá por 1963. Gloria buscó trabajo en uno de los clubs nocturnos del magnate de incógnito y con lo que vio y experimentó en primera persona escribió el artículo A Bunny’s Tale, para Show Magazine. En el texto, Steinem ponía de manifiesto que las conejitas eran en su mayoría chicas con una educación muy pobre, con horarios abusivos y nóminas ridículas. Además, aseguraba que no se trataba de erotismo, sino que era pura pornografía todo lo que pasaba en ellos. “Creo que Hugh Hefner quiere pasar a la historia como una persona llena de glamour y sofisticación. Pero yo jamás querría pasar a la historia siendo él”, apuntillaba Gloria en su artículo. La activista llegó a afirmar que “una mujer leyendo Playboy es lo mismo que un judío leyendo un manual nazi”.

Así se habla Gloria. © Getty Images.

Por supuesto, Hugh Hefner le dio la vuelta a la tortilla en una conocida maniobra de cualquier machito medio y contestó al artículo de Steinem con un: “Las mujeres son las principales beneficiadas de deshacerse de las viejas nociones hipócritas sobre el sexo. Sin embargo, hay algunas mujeres que están actuando como si la revolución sexual fuera una conspiración masculina para acostarse con ellas. Uno de los subproductos involuntarios del movimiento de las feministas es la asociación del impulso erótico con el deseo de lastimar a alguien”, reflexionaba sin haber entendido absolutamente nada de lo que es el feminismo. ¿Acaso Hugh creía que por habernos puesto orejas y rabo le agradeceríamos el haber venido al mundo? Probablemente, porque también dejó claro en varias ocasiones su opinión respecto a las mujeres: “Son objetos sexuales”, confesaba, poniendo en evidencia cómo durante toda su vida no llegó nunca a diferenciar la libertad sexual de la explotación sexual.

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