Rubén Cortada, la mirada ineludible

Este cubano de acento domado se agarra a su necesidad y voluntad de ser un buen actor. En breve volveremos a verle en la segunda temporada de ‘El Príncipe’ y, aunque se muestra prudente, reconoce que el cine ya llama a su puerta.

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Por Bárbara Escamilla.
Publicado originalmente en el número del 12 de febrero de Shopping&Style (en tu quiosco con El País). 

Educado, prudente, altísimo, tímido a la luz, tranquilo en las sombras. Rubén Cortada (Isla de la Juventud, Cuba, 1984) llega a esta sesión sabiendo que su físico sienta bases y su mirada es artillería pesada para el objetivo. Se sabe bello, pero apenas sonríe. Y cuando habla, sílabas precisas y pensadas, le sale un no-acento, o más bien un acento domado a base de logopedas y entrenadores: su deje cubano no iba con los personajes que ha interpretado, desde su llegada a España en 2009, en las series Bandolera, El tiempo entre costuras y, la más relevante, El Príncipe (están rodando la segunda temporada), en la que interpreta al perverso Faruq.

© Juan Manuel Macarro
© Juan Manuel Macarro

Después de escucharle, se entiende el motivo de su seriedad: quiere, necesita, estar concentrado. No en la sesión. En la vida. En su carrera como actor. Ya no se ve modelo. “Socialmente se entiende que la belleza no está ligada a la inteligencia. Creo que es un error”, dice retador. Se le ve luchar. Contra ese estigma y contra lo que considera la peor distracción: la fama. “Es la parte más jodida de todo esto”, confiesa…

 

¿Porque confunde?
No, no. Porque molesta. De pronto viene alguien que quiere saludar y hacerse una foto con Faruq. Y lo entiendo. Pero yo no soy Faruq. Algunos respetan que yo quiera pasar inadvertido, otros no tanto. La cuestión es que este tipo de cosas son interrupciones en mi camino. Como una vida con cortes. Y quiero impedir que esa concentración se interrumpa.

¿Y qué requiere tanta concentración?
Quiero aprender. Saber todo lo que pueda. Eso de que la ignorancia es la base de la felicidad es algo que no comparto en absoluto. Ahora estoy centrado en ser mejor actor. En entender los textos de los dramaturgos, textos que son un código cada vez más profundo y desafiante. Me gustaría alcanzar ese nivel de entendimiento exacto, disfrutar algún día de esa lectura, saber interpretar a esos genios. Incluso, en algún momento, llegar a escribir.

Están en pleno rodaje de la segunda temporada de 'El Príncipe', la serie que le ha dado a conocer a gran escala. © Fotograma de 'El Príncipe'.
Están en pleno rodaje de la segunda temporada de ‘El Príncipe’, la serie que le ha dado a conocer a gran escala. © Fotograma de ‘El Príncipe’.

¿Sabías todo esto cuando diste el salto de tus estudios de Ingeniería Automática en La Habana al escenario? 
Eso fue un atrevimiento. Siempre he sido muy atrevido. Y sí, algo me imaginé cuando me puse ante 40 personas juzgándome y sentí la adrenalina. Vibré. Y cuando lo pruebas… Es una locura, una droga de la que ya no te escapas, no hay salida. Vas a muerte.

Hincaste los codos, entonces…
Claro. Me puse a estudiar interpretación, primero con Humberto Rodríguez y su compañía, en Cuba. Me hizo unas pruebas y me dijo: “Funcionas. No tienes miedo. Continúa”. Estuve seis meses con él. Luego pasé otra temporada en Madrid, con otro profesor, Fernando Piernas. Luego, otros seis meses con Humberto. Y a continuación, muchos libros, búsquedas y con un grupo de jamming, que trabajan una técnica de improvisación en la que te tiras al vacío y pasa lo que tenga que pasar.

¿Y qué pasó?
Fue liberador. No se admite un no por respuesta, tienes que saltarte tabúes, prejuicios… Todo por disfrutar. Vives momentos intensos, de lo más ruin a lo más elegante y limpio. Descubres tus miedos, también.

En la serie comparte protagonismo con Hiba Abouk, Álex González y José Coronado. © Fotograma de 'El Príncipe'
En la serie comparte protagonismo con Hiba Abouk, Álex González y José Coronado. © Fotograma de ‘El Príncipe’

¿No dirías que no a nada en tu profesión?
De momento, no. Uno está habilitado para hacer lo que sea. Me siento libre. Es un trabajo tan bonito… Tener que dejar de lado todo lo que eres, saltarte todo tu ser, cómo te criaron, lo que te dijeron que estaba bien o mal, cómo te marcó tu entorno, tus amigos, la vida… Todo para meterte en un personaje ajeno a ti. Este trabajo te libera.

Todo eso ¿no lo sintió en su época anterior como modelo?
Empecé de modelo por casualidad, la primera vez que vine a España. Me pagaban y viajaba más que sirviendo copas. Y ya desde el principio, mucha gente me decía que me veía más actor que modelo. Así que probé. Porque yo también lo sentía así.

Posando en dos eventos el pasado año. © Cordon Press
Posando en dos eventos el pasado año. © Cordon Press

Muchos actores con buen físico reconocen que su belleza les ha hecho redoblar esfuerzos para demostrar su talento. ¿Te suena?
Si estás viendo una buena interpretación, en lo último que te fijas es en la belleza. En ese momento no existe. Se convierte en magnetismo. Para mí es todo cuestión de credibilidad. Yo compito en cada casting con actores con un físico parecido al mío. Si te cogen, solo depende de si te creen o no. Si me eligen, no creo que sea porque soy guapo… ¡O igual sí y estoy aquí dándomelas de actor decente! (risas).

¿Tienes el ego a raya? 
Uy, sí (risas). No, en serio. No me gusta ser el centro de las miradas, prefiero ser yo el que busque y elija la mirada que me interesa.

¿Cómo quieres el futuro?
Me gustaría estar en una isla. Pero con la capacidad de tener el mundo al alcance de mis manos.

También le hemos visto en la pequeña pantalla en 'El tiempo entre costuras'. © Fotograma de 'El tiempo entre costuras'
También lo hemos visto en la pequeña pantalla en ‘El tiempo entre costuras’. © Fotograma de ‘El tiempo entre costuras’
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