10 consejos para ser runner (sin morir en el intento)

Correr mola. Y la ropa es chulísima. Pero una cosa es atarse esas zapas de colorines y otra, dar varias zancadas sin sentir que se te va el alma por la boca y mientras todos te adelantan.

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Está de moda. Y hasta parece fácil. Pero correr sin echar el bofe lleva tiempo. Terminar dignamente un carrera, un poco más. Te damos las claves para no lesionarte y engancharte a lo de correr sin desmoralizarte.

Esto, mejor lo dejados para el nivel medio-avanzado. Gracias. © Nike
Esto, mejor lo dejados para el nivel medio-avanzado. Gracias. © Nike
  1. Piano, piano…

Sí, tal vez tus amigas te hayan puesto la cabeza como una zambomba contándote lo que mucho que mola correr, lo fácil que es y lo rápido que ves resultados. Y es verdad, pero siempre hay un primer día. Y un segundo y un tercero. Y os juro que de fáciles no tienen nada. Si nunca has corrido, más allá de lo detrás del autobús, lo más probable es que tu cuerpo se cierre en banda, te canses, resoples, te falte el aliento y hasta te entren ganas de vomitar. Métete en la cabeza dos palabras: fondo y ‘caco’.

Primero tendrás que coger fondo que no es ese dinero que metes en un banco para hacerte rica sin pegarle un palo al agua; tampoco una acumulación de camisas blancas y vaqueros cómodos que valen para cualquier ocasión. El fondo de una runner es un corazón preparado para bombear fuerte durante muchos minutos seguidos sin colapsar (vamos, fuerza aeróbica) y unos músculos fuertes. ¿Y eso cómo se consigue? Pues, con el ‘caco’ que no es un señor amigo de lo ajeno, es decir, el acrónimo de caminar-correr. En tus primeras salidas corre dos minutos y camina otro; luego serán cinco corriendo y uno caminando… En pocas semanas te sorprenderás de lo mucho que puedes correr sin ahogarte. Palabra de runner.

"Correr es imposible", ¡que no! Que todo es cuestión de empezar (y empezar haciéndolo bien).
“Correr es imposible”, ¡que no! Que todo es cuestión de empezar (y empezar haciéndolo bien).
  1. Hoy no se acaba el mundo (mañana hay más).

Sí, amiga. El entrenamiento es un proceso de meses (tu abuela lo resumiría con aquello de que ‘no se ganó Zamora en una hora’). No es necesario correr hoy como si te persiguieran los infectados de 28 Días Después. Si solo te calzas las zapas una vez a la semana y ese día te empecinas en darlo todo (en tiempo y velocidad) lo más probable es que acabes con agujetas hasta en las pestañas.

Lo sensato es salir a correr tres o cuatro veces por semana, alternar días en los que corres muchos kilómetros a ritmo suave con otros de poco kilometraje a buen ritmo, días de series (tramos en los que corres 100 ó 400 metros ‘a puto tope’ – frase mítica del conocido atleta olímpico Chema Martínez- con tramos de recuperación), cuestas… Y, sí, tu p*** tope, está muy lejos del de Chema Martínez. Da lo mejor de ti pero sin matarte. Mañana habrá más kilómetros para correr.

Recuerda: poco a poco, que Zamora no © Asics
Recuerda: poco a poco, que Zamora no se ganó en una hora. © Asics
  1. ¿Y qué me pongo?

De entrada, olvídate de las camisetas cutres de algodón con algún motivo publicitario. Si no te las pones para salir a la calle, ¿por qué demonios van a valer para correr? Búscate una camiseta y unas mallas técnicas, que transpiren bien y no acumulen sudor (las tienes en todas las marcas caras o, más asequibles, en Decathlon). Los calcetines deben ajustarse al pie y absorber bien el sudor. Si no, acabarás con ampollas. ¿Manga larga o corta? No se trata de congelarse al salir de casa pero peor es tener que correr recocida de calor. Y ese es un error habitual de novata: te forras antes de salir de casa y con las primeras zancadas sudas, generas calor y acabas tu carrera con ganas de hacer un striptease con tal de quitarte ropa.

Un consejo para elegir indumentaria: comprueba la temperatura exterior y súmale 10 grados más. Por ejemplo, si hay 12 ºC, tú vístete como para 22 ºC, es decir, casi en manga corta. Pasarás frío al salir de casa, pero luego estarás a gusto. La braga polar o un pañuelo en el cuello nunca están de más salvo que haga calor del bueno.

Corriendo vas a sudar, así que vístete como si el termómetro marcara 10 grados más.
Corriendo vas a sudar, así que vístete como si el termómetro marcara 10 grados más.
  1. Compresión, ¿sí o no?

Ahora está muy de moda todo lo que comprime (no, no hablamos de las fajas Spanx). Medias, perneras, mallas y camisetas. Todo, bien apretao. ¿Hay que comprarlas sí o sí? Pues según. Las camisetas ayudan a correr enderezada, con lo que optimizas tu rendimiento, respiras mejor y quedas más mona en la foto. Pero tienden a subirse por encima del ombligo, así que, si tienes algo de michelín o tu barriga no está muy firme… en fin, te sobresaldrá un antiestético rollito. Con una camiseta más suelta también respiras bien y te ahorras ese disgusto.

Las mallas de compresión, en cambio, tienden a estilizar a la vez que contribuyen a mejorar la circulación sanguínea. ¿Y medias o perneras? De entrada no te los compres. Sal a correr y si se te cargan los gemelos o los muslos, hazlo. Si no, ni te molestes. En esto del running hay mucho postureo que solo beneficia al de la tienda de deportes. ¿Y las gafas de sol? A mí personalmente me gustan. No es por molonear, sino para evitar que los guiños cuando molesta el sol se traduzcan en arrugas. Hay gafas específicas para runners: no son chulas, la verdad, pero cumplen su función.

No olvides las gafas de sol, sobre todo para evitar guiños. Y mejor si es un modelo especial para running. En la imagen, de Adidas.
No olvides las gafas de sol, sobre todo para evitar guiños. Y mejor si es un modelo especial para running. En la imagen, de Adidas.
  1. ¿Pronas o supinas?

La madre de todas las batallas a la hora de pillarte unas buenas zapatillas es saber si el tobillo se queda en su sitio al apoyar en el suelo, si se va para dentro (pronadora) o se inclina hacia fuera (supinadora). No es malo, hay corredores de todo tipo, pero condiciona la elección de la zapatilla. De paso, también tendrás que elegir un modelo que se adapte a tu pisada y a tu modo de correr (no es lo mismo ir por asfalto que por pista de tierra, correr 15 kms al día ó 5; pesar 47 kilos ó 70…). ¿Difícil? Pues bastante, así que tómatelo con calma, ve a una tienda especializada, pruébate todas las necesarias (te dejarán pegar algunas zancadas en la tienda, no te asustes, es normal) y elige en consecuencia. En mi última visita a Running Company me tiré hora y media metiendo el pie en todas las zapas habidas y por haber.

Son muy bonitas y eso, pero las zapatillas para correr no vale elegirlas solo por el color. En la imagen, modelo de Reebok, Skechers y New Balance.
Son muy bonitas y eso, pero las zapatillas para correr no vale elegirlas solo por el color. En la imagen, modelo de Reebok, Skechers y New Balance.
  1. Lavadora, sí; suavizante, jamás.

Te has comprado una camiseta técnica. Bien. Te has gastado un riñón en una que impide que se acumule el sudor junto a la piel. Bravo. La metes en la lavadora, con mucho suavizante para que huela bien. Te la vuelves a poner y, al poco rato, apestas. ¿Y eso? Imagina que las fibras dibujan una especie de cuadrícula. Por los huecos, se evapora el sudor. Ahora en esos huecos hay moléculas de suavizante que, literalmente, taponan esas salidas. Un detalle más para no cargarte la ropa antes de tiempo: métela en lavado rápido y con centrifugado corto. Sí, vale, al sacarla de la lavadora tal vez chorree un poco, pero recuerda que son prendas técnicas: secan rápido. Y te durarán más.

¡Cuidado con el suavizan! No se lleva nada bien con la ropa técnica. En la imagen, camisetas de Reebok (35€ cada una).
¡Cuidado con el suavizan! No se lleva nada bien con la ropa técnica. En la imagen, camisetas de Reebok (35€ cada una).
  1. Las zapatillas no son incólumes.

Ni tus pies inmaculados. Sudan, a base de bien. Y eso es un caldo de cultivo para bacterias pérfidas que no quieres. Así que, dos cosas: A) Ni se te ocurra meterlas en la lavadora, ya que algunos materiales técnicos se llevan mal con el centrifugado. B) Lava las plantillas y los cordones por un lado. Sumerge las deportivas en un barreño, déjalas en remojo media horita y límpialas con un cepillo suave. C) Deja que todo seque a la sombra.

Las zapatillas © Nike
¿Sabías que… esas zapatillas de colorines también se lavan? © Nike
  1. Pide cita para la pedicura.

Las runners nunca ganaremos un concurso de belleza de pies. Pero tampoco es cuestión de olvidarlos, que luego llega el verano con sus sandalias y a nadie le gusta lucir una peana estilo ecce hommo. Recuerda: una uña mal cortada te puede desgraciar un pie hincándose en la carne. Se cortan a ras y en cuadrado. Y las grietas pueden derivar en heridas si no se hidrata bien el pie. O te los cuidas tú o pides cita en la pedicura. Pero hazlo.

© Bershka
© Bershka
  1. Los juegos del hambre.

¿Corres para adelgazar? Enhorabuena, es uno de los mejores deportes para quedarte hecha un figurín. Ahora, no te emociones demasiado: correr da hambre. Correr mucho (entrenando para un medio maratón, por ejemplo), más aún. Y aquí está la trampa: si te pones a zampar sin medida lo mismo coges peso. ¿En serio? Desgraciadamente, sí. Pongamos que has quemado 600 calorías corriendo y al llegar a casa te zampas sin sentido tres brownies y una bolsa de patatas fritas equivalentes a 1.000 calorías. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que te estás atizando 400 calorías de más (y eso sin contar con las grasas saturadas y demás ingredientes industriales nada saludables para el hígado).

Dicho esto, tampoco te emociones comiendo cochinadas solo porque ‘ya las quemaré corriendo’. Y por guarrerías se entienden fritangas, chuches, refrescos hiperazucarados, pastelería industrial… Cuando me entran los ataques de gula siempre me acuerdo de las sabias (y duras) palabras de un entrenador: “Si entrenas mucho y comes como un cerdo, solo llegarás a ser un cerdo entrenado”. Amén.

Por mucho que desgastes corriendo, no servirá de nada si después se te van los ojos detrás de cualquier comida basura.
Por mucho que desgastes corriendo, no servirá de nada si después se te van los ojos detrás de cualquier comida basura.
  1. Tu primera carrera.

Nadie sabrá que eres debutante salvo que te empecines en ponerte en las primeras filas. Ahí solo se colocan los velocirraptores capaces de recorrer un kilómetro en lo que el resto de los mortales parpadeamos unas cuantas veces. Te arrollarán, te empujarán y te maldecirán a ti y a varias generaciones. Si es tu debut y crees que correrás a una velocidad normalita mejor sitúate hacia el final. Total, llevas un chip que reflejará exactamente tu tiempo neto, salgas cuando salgas. Te ahorrarás soponcios y hasta podrás adelantar a otros runners más lentos (que no sabes el subidón que da). El resto ya lo sabes: a disfrutar y bienvenida a esa locura del running.

En tu primera carrera, mejor colócate al final. © Bershka
En tu primera carrera, mejor colócate al final, ya habrá tiempo de ir adelantando posiciones. © Bershka

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