10 cosas que aprendí tras probar Pole Dance

Por ejemplo, que es mucho más que un striptease o que no solo consiste en bailar agarrada a un palo.

No voy a negar que me acerqué al estudio Pole Dance Barcelona creyéndome a la vez: Demi Moore en Striptease, una sensual camarera del Bar Coyote y, para qué ocultarlo, Anita Obregón en Ana y los Siete. Sin embargo, tras una hora y media subida a una barra americana, la oscura realidad es que terminé pareciendo Lina Morgan en Hostal Royal Manzanares. Estas son las 10 cosas que aprendí al probar el pole dance.

Antes de llegar a clase, me imaginaba un poco así.
Antes de llegar a clase, me imaginaba un poco así.

1. LA ROPA IMPORTA

Creía que el imperativo de ir en shorts era una mera cuestión estética pero, tener carne y enseñarla, por primera vez en la historia, ayuda. Incluso llevar crop top es un extra perfecto para sentirte (un poco) más cercana a una bailarina de Rihanna, porque la piel es tu mejor adherente. De ahí, (spoiler) los cardenales resultantes tras la clase. Así me lo hizo saber una de las asistentes y así lo dejó claro Tania, la profesora. “No veo que tengáis la tripa roja”, dijo tras proponer un ejercicio. La mía estaba blanca, porque no logré subirme a la barra, poner las rodillas en el pecho y hacerme un ovillo con el estómago pegado a la barra. Fail número uno.

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Y esta fue la realidad que, honestamente, tampoco está tan mal. © Instagram @la_holloway

2. TE PUEDES SENTIR SEXY, PERO NO LO ERES (NECESARIAMENTE)

Girar en la barra es en tu cabeza algo sencillo y sensual. En tu cabeza, serás un caballito de carrusel, pero has de tener fuerza en brazos y piernas para girar con gracilidad. Cuando lo consigues, si lo logras (porque fui con una compañera y ella fue incapaz de hacer algo más que abrazar la barra con mirada nostálgica), solo quieres girar hasta el infinito.

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¿Fácil? No precisamente…

3. DUELE

Que nadie frunza el ceño: esta no es una de esas frases acostumbran a soltar los hombres entre sábanas. Este claim hace referencia al hecho de que aguantar tu propio peso con tus piernas y brazos en una barra termina siendo algo molesto. Pese al dolor, ese alma aventurera, ese “tú puedes” culpable de diversos esguinces en mi vida, hizo que pasara los 90 minutos de clase empeñándome en intentar cada postura. Aviso: te acordarás de tu experiencia pole dance durante el resto de la semana.

4. DEJA HUELLA

Porque los cardenales serán tus mejores amigos cuando salgas de clase. Eso sí: el resto de la clase, acostumbrado al universo pole dance, tenía la piel perfecta, por lo que parece que el cuerpo se termina por acostumbrar. Nota a pie de página: amantes de la estética, nada de usar aceites o cremas hidratantes el día de la clase, a no ser que queráis protagonizar una caída digna de cualquier programa de zapping.

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Podría haber algún inconveniente.

5. POLE DANCE MEETS IKEA

Como primeriza, escuchar a la monitora animar a la clase a hacer “ la cuna o la silla” me hizo recordar las clases de arte dramático. Afortunadamente, no me hice pasar por un mueble del catálogo de Ikea y descubrí que lo que pudiera parecer una sencilla silla es en realidad estar sentada en el aire sujetándote únicamente con los brazos. Por supuesto, la postura “el bombero” no era parte del Kamasutra, como sospechaba, sino uno de esos giros que crees serán fáciles y terminan por ser los deudores de tus agujetas posteriores. Porque el fuego a apagar se centra en tus piernas, y no, no es un chascarrillo sexual.

6. ELEVA LA AUTOESTIMA

Entrenar en shorts bajo una luz no necesariamente cálida ante un espejo puede hundir a cualquiera, pero el pole dance ayuda a superar miedos y a conocer mejor tu cuerpo.

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Ahora entendemos lo de Britney.

7. ES UN EJERCICIO MUY COMPLETO

Mejora la flexibilidad, la postura corporal y tonifica abdominales, brazos, espalda y piernas. No creas que por tener una 36 te va a ser más fácil ni lo descartes por tener una talla 46. Tu talla da completamente igual.

8. PUEDES PREPARARTE EN CASA

La mayoría no tenemos una barra de pole dance en el salón (no todas somos Dita Von Teese), pero hay una serie de ejercicios que podemos realizar en casa sin necesidad de material específico. Las planchas te ayudarán a trabajar brazos y core y las malditas flexiones serán tu mejor aliado para subirte a la barra con fuerza. Practicar yoga es un buen suplemento (los estiramientos son fundamentales para no tener lesiones y, al comenzar la clase, junto con los ejercicios anteriores, hicimos diversas posturas yogui). Si tienes una TRX en casa, te ayudará a fortalecer brazos sin necesidad de elevar peso. Pero cuidado: al salir de la oficina esta mañana, me he visto tentada de lanzarme sobre la farola y girar. Afortunadamente, mi dignidad y mi cuerpo se han mantenido intactos y he cogido el autobús sin querer hacer gala de unas habilidades inexistentes. Porque repito: el pole dance ENGANCHA.

Me faltó ponerme así al encontrar una farola...
Me faltó ponerme así al encontrar una farola…

9. APRENDER SEVILLANAS HABRÍA SIDO BUENA IDEA

Quizás así, tras manejar castañuelas, no me dolerían tanto las muñecas. Es muy importante prestar atención a la posición de las manos y saber distribuir la fuerza para evitar lesiones.

10. CON MIEDO NO AVANZAS

No es un mensaje modo Mr Wonderful, sino una realidad. Si piensas que te vas a caer (que puede pasar), no hay forma de hacer ningún ejercicio. Por ello, el pole dance es una actividad perfecta para concentrarse, huir de tus miedos y ponerte en forma mientras liberas la mente aunque te tengas que despedir de llevar falda corta durante un tiempo.

 

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