10 mentiras que todas decimos en una primera cita

Sabemos que no lo haces aposta, pero siempre (SIEMPRE) 'adornas' la realidad. He aquí el decálogo de las mentiras más comunes en el mundo de las 'first dates'.

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“Hola, me llamo María del Carmen”, será la única verdad que saldrá de mi boca en mi primera cita con un hombre. Y tal vez mi edad. Y sí, juzgadme si queréis, pero sabéis que llevo razón y que ninguna pasaría su primer encuentro con un posible futuro algo enganchada a un polígrafo.

Pasaría algo parecido a esto (y lo sabes), pillina.
¿Pasaría algo parecido a esto?

Causar buena impresión y encajar en el rol que se presupone que busca la otra persona nos suelen llevar a soltar una ristra de mentirijillas (piadosas, siempre piadosas). A nosotras y a ellos, ojo, que tampoco se quedan cortos. Pero ese melón lo abriremos otro día, hoy vamos a repasar el pack de mentiras estándar con el que cualquier buena soltera está más que familiarizada. Una serie de verdades a medias o adornadas, que luego nos encargamos de ir matizando en una segunda cita.

Así pues, pequeñas saltamontes, aquí os dejo las 10 mentiras más utilizadas por una mujer en la primera cita, luego me contáis si os suenan…

Y sí, menos mal que no nos pasa como a Pinocho... Quien por otra parte sería el mejor novio de la historia al no poder mentir.
Ooops…

1. “Me he puesto lo primero que he pillado”

Ya… Lo primero que has pillado después de haberte probado tu armario, el de tu hermana, el de tu vecina y el de tu mejor amiga. Que sí, querida. Que no queremos que el posible futuro padre de tus hijos piense que le estás dando más importancia de la que tiene a esta cita. Pero lo haces. Lo bueno de los hombres es que no suelen entender mucho de moda. Lo cual te viene de perlas porque así no sabrá que te ha costado tres horas y media encontrar unos zapatos monos pero cómodos que combinaran a su vez con tu bolso de mano. Todo esto habiendo mirado 531 veces la aplicación del tiempo para saber si llevar rebeca, chaqueta, chaquetón o abrigo. Pero sí, un buen resumen sería el de que te has puesto lo primero que has pillado.

Y con otra mentira es cómo empezó tu busqueda del santo modelito con el que deslumbrar a tu cita.
Tu busqueda del santo modelito empezó con otra mentira: “No tengo nada que ponerme”.

2. “No tengo muchas citas”

Según la Real Academia de la Lengua, ‘mucho’ es un adjetivo indefinido que quiere decir “abundante, numeroso o intenso”. ¡Sorpresa! Así que lo de que no tienes muchas citas es como decir que no tienes muchos zapatos…

Si hasta tu perro tiene los suyos... Mentirosilla.
Si hasta tu perro tiene los suyos…

Además, que el camarero te salude por tu nombre y te guiñe un ojo no ayuda como tampoco lo hace que te diga por lo bajo “a ver si hay suerte esta vez”. Así que, o cambias de restaurante o le das una propina al camarero para que te guarde el secreto y sea un poco más discreto.

Así también te aseguras tener tu copa llena en todo momento. De nada.
Así también te aseguras tener tu copa llena en todo momento. De nada.

3. “No bebo mucho”

Si te refieres a que no bebes mucho en plan de que no te hidratas lo suficiente, podríamos llegar a aceptar pulpo como animal de compañía. Sin embargo, todos sabemos que no estás haciendo referencia al maravilloso y refrescante líquido llamado agua. Vale que no tienes un problema con el alcohol, pero levanta la mano si en el último mes no te has pasado con las copas la típica noche en la que saliste a dar solo una vuelta. Vaya, no veo ninguna mano levantada. ¡Qué casualidad!

Y sí, la culpa es de los fabricantes de copas que las hacen muy grandes...
Y sí, la culpa es de los fabricantes de copas que las hacen muy grandes…

Aunque para vueltas las que daba tu habitación cuando volviste, ¿eh?

No lo hacemos. Beber es humano, y más cuando estás de bajona. Aunque siempre con control, queridas.
No lo hacemos.

4. “Como de todo”

“Excepto por mi pánico a todo lo que es verde, a las coles de bruselas, al zumo de piña, a la carne cruda, a los macarrones con tomate aunque me gusta si es el que hace mi madre casero, a los boquerones en vinagre, a todo lo que venga en conserva, a los frutos secos más que nada porque soy alérgica y puedo inflarme cual globo aerostático, al helado de fresa, a la lechuga envasada, al queso Cheddar, al pulpo, a los perritos calientes si no llevan cebolla caramelizada…”. Vamos que sí, que comes prácticamente de todo… lo que te gusta.

Hasta esta ardilla come más alimentos que tú...
Hasta esta ardilla come más variado que tú…

 5. “Sé cocinar”

Seguramente esto sea herencia de ese dicho con el que te martilleaba tu tía-abuela María Luisa: “Al hombre se le conquista por el buche, hija”. Pero a ti eso no te caló (ni falta que hacía) y el caso es que para hacer un huevo frito te pones guantes hasta el codo, gafas de sol, un impermeable y te alejas unos 5 metros de la sartén, pero sí, sabes cocinar. Ajá. Una afirmación que sería verdad si descongelar tuppers de tu madre y tener en el móvil la aplicación de Just Eat fuese considerado cocina creativa. Pero no. Asúmelo, haber estado a punto de comprar la Thermomix y ver MasterChef no te convierte en una cocinillas.

Si no te salen bien ni los cereales...
Si se te queman incluso los cereales…

6. “Tranquilo, que no se lo voy a contar a mis amigas”

En ese mismo momento quieres decir, ¿no? Aunque como tu cita se levante para ir al baño, te va a faltar tiempo para mandarles un Whatsapp de grupo. Lo sentimos, pero la búsqueda constante de datos sobre los que poder intercambiar información con nuestras best friends o lo que muchos llaman injustamente cotillear forma parte de las cosas que nos encantan hacer.

Amén Nicki.
Amén, Nicki.

7. “Me encanta hacer deporte”

En el colegio te elegían la última hasta para jugar al balón prisionero y consideras que subir escaleras es el mayor esfuerzo físico al que puedes enfrentarte a tu edad. El potro fue tu peor pesadilla durante el instituto y pasaste mucho tiempo pensando que ‘running’ era un nuevo garito de moda. Si no quieres mentir, cambia la frase por: “Me encanta el deporte”. Si te das cuenta, ahí ya no estás diciendo que tú entres en contacto con él, sino que te gusta como concepto. Lo que él interprete no será culpa tuya. Lo será del lenguaje. De nada.

Que fueses fan de Mel C, la Spice Girl deportista, tampoco vale.
Que fueras fan de Mel C, la Spice Girl deportista, tampoco vale.

8. “No soporto perder el tiempo durmiendo”

Si pudieses pedir un deseo sería el de poder hibernar como los osos y como los ordenadores. Y no es porque no tengas un montón de planes. Es simplemente porque tu cama y tú habéis entablado una bonita relación en la que ella te da cariño, afecto y comodidad. Y ácaros, también es cierto. Sin olvidarnos de tus siestas de cinco horas en el sofá junto a esa manta que ya no abriga, pero que se amolda perfectamente a tus brazos. Pero que sí. Que en el fondo te molesta muchísimo dormir tanto…

Ha habido veces que lo has preguntado cuando te has levantado, y lo sabes.
¿Has llegado a preguntarlo tras uno de tus festivales somníferos?

9. “No voy mucho de compras”

Esta es una mentira que analizada sintácticamente podría ser una verdad. Como en el caso del deporte, la cuestión es que no has especificado a qué tipo de compras te refieres. Lo que tu interlocutor no sabe es que tú quieres decir que no vas de compras al supermercado, ni a la charcutería, ni a la panadería, ferretería, frutería… y todo lo que acabe en ía. Pero sí que vas todos los días a Zara a ver qué hay de nuevo viejo en sus preciosas estanterías llenas de ropa que adoptarías para llevar hasta tu armario y que cada mañana haces repaso por las novedades en Asos.

Te entendemos cari.
Te entendemos.

10. “Soy amiga de mis ex”

Los bloqueaste de Facebook, Instagram, Twitter, Linkedin, Whatsapp… y pediste a Google Maps que eliminaran sus calles de su aplicación. Te cambias de acera cuando los ves y cada Navidad deseas que sus actuales novias los dejen delante de sus familias antes de dar las uvas. Puede que en algún lejano planeta o en la mente de Sheldon Cooper eso sea amistad, pero en mi pueblo y en el tuyo no.

Y si te ves obligada a saludarlos, esto es lo más bonito que les dices...
Y si te ves obligada a saludarlos, esto es lo más bonito que les dices…

Y como, en los buenos álbumes de música, el bonus track. La mentira más antigua de todas. La mítica…

…”No estoy buscando nada serio”

¡O sí! ¿Quién sabe? No te cierres una puerta cuando todavía no la has abierto del todo. La carpintería nunca ha sido mi fuerte, pero creo que me entendéis, ¿no? En el mundo de las citas lo importante es tener muchas y variadas, como la ropa interior. Hay algunas que serán divertidas y excitantes a lo Victoria’s Secret, y otras que serán sombrías y tirantes como las de Bridget Jones. Al igual que la vida, las citas son una tómbola. ¡A jugar!

Y si repetís, mejor que mejor.
Y si repetís, mejor que mejor.

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