25 síntomas de que te estás convirtiendo en tu madre

En algún momento reciente y casi por sorpresa, eres tu madre (o casi). "De tal palo, tal astilla", que diría ella.

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Querida, es inevitable, está pasando. Disimuladamente y sin tú hacer nada, estás digievolucionando en tu señora madre. Y no te quejes, no te quejes, porque es ley de vida, lo dice la naturaleza: ella te ha criado y todo se pega (la hermosura, en este caso concreto, también. Mendel, sus guisantes y sus genes son así, qué te voy a contar yo a estas alturas).

Tú, que te creías tan 2017 comiendo steak tartar en el último restaurante con sillas desparejadas y suelo hidráulico; que te esforzabas por ser influencer a base de abusar de Instagram y personalizando tus vaqueros con algún DIY encontrado en Pinterest… y, ah, amiga, resulta que ninguna somos tan moderna, por mucho que nos esforcemos: al pasar los veintimedios, llegas a los treintaypocos y te sorprendes diciendo a los tuyos las frases que antes le oíste a ella, y repitiendo los gestos que hace 15 años tanto te irritaban…

© Fotograma de 'A cualquier otro lugar' (1999).
© Fotograma de ‘A cualquier otro lugar’ (1999).

1. Manías (sobre)desarrolladas.
La de la limpieza, la del orden, la de las camisetas ordenadas por color, la de que no mezcles churros con merinas…  Ahora eres todo lo que siempre te prometiste no ser: una insoportable Monica Gellar de la vida. Pero bueno, los tuyos te quieren, que es lo que importa, ¿no? Pues eso.

Madres


2. Control meteorológico al dedillo.

Solo tu madre y Mario Picazo y cada vez más, tú también saben bien cuándo hay que “llevarse una rebequita por si acaso” (por supuesto que llamas ‘rebequita’ a las chaquetas. POR SUPUESTO) y cuándo hay dejarla en casa porque va a estar de más. Estás justo, justo en el límite de saber si va a llover mañana porque te duelen las articulaciones. Pero tranquila, llegarás.

Madres


3. Y además sabes bien cómo defender tu postura.

Porque “abril, aguas mil” y “hasta el 40 de mayo, no te quites el sayo” (¡viva el refranero español!, tan sabio como tu madre).

4. Tus lentejas son “LAS MEJORES”.
Solo después de las de tu progenitora, por supuesto. De las croquetas ya hablaremos otro día.

MAdres


5. Y sabes bien de los fenómenos paranormales de la vida diaria.

Al zumo de naranja, si no lo tomas al momento, “SE LE VAN LAS VITAMINAS. Es un hecho. Real. Matinal. ¡Así que no desaproveches esas malditas naranjas y bébetelo ya, narices!”.

6. “A mí eso se me va directamente al culo”.
Porque apenas has llegado a los treinta pero tu cuerpo ya no responde como cuando tenías 26 y, claro, luego eso no hay quien lo queme, ¿verdad?

7. Las nuevas tecnologías empiezan a escapar a tu control.
¿Se puede saber qué es eso de Snapchat? ¿Pero funciona como Facebook, o cómo? ¿Dónde están mis seguidores? Pues no lo entiendo. Paso.

Madres


Y te despides en cada uno de los mensajes que mandas por Whatsapp como si no hubiera un mañana.

“Vale, llego en 20 minutos. Besitos, Ana”. Mensajería instantánea de última generación, oiga.

8. Llevas sus pantalones. 
Mom jeans se hacen llamar, para más inri, por si aún te quedaba alguna duda al respecto.

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9. “¿Nos hacemos UNA selfie?”
Y otras cosas que dices ahora que casi, casi eres tu madre.

10. Varía tu tolerancia al alcohol en sangre.
Con dos copitas de vino ya vas “piripi”, que no pedo, ojocuidao.  ¿Dónde quedaron aquellos días en los que dominabas la técnica de los minis de alcoholizo? ¿Eh? ¿Dónde están ahora los domingos sin resaca? ¡¿EH?!

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11. “Pues cuando yo era joven (inserte aquí práctica noventera)”.

¿Ahora la gente pequeña es MUY pequeña o es solo cosa mía?

12. Tus prioridades han cambiado.
Cuando llegas a un hotel, lo primero que miras es si hay albornoz. Y lo usas, claro, solo faltaba.

"Que haya albornoz, que haya albornoz, que haya albornoz..."
“Que haya albornoz, que haya albornoz, que haya albornoz…”

13. Mamá pollo y sus pollitos.
Te has convertido en esa persona que se preocupa por llevar bocadillos para todos (tus amigos, puntualizo) en los viajes.

14. Party hard.
La fiesta de los viernes está muy clara: estaréis tú, tu manta y tu sofá. En ese orden. Todos invitados.

© Fotograma de 'Porque lo digo yo'.
© Fotograma de ‘Porque lo digo yo’.

15. “Yo es que ya no estoy para esos trotes”
Dices mientras miras a la chavalería como cubas dándolo todo a tu alrededor en mitad de algún concierto del SOS4.8.

16. Tus prioridades han cambiado (vol.II).
Te planteas, por una milésima de segundo, comprarte unas Crocs para estar por casa. Y con esto no hace falta decir más.

Schhh. No, no quiero saber si son cómodas o no. No es excusa.

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17. Centrifugando andas.

La lavadora no es ya una amenaza para ti: has destrozado tantos jerséis desde que te fuiste de casa que no te ha quedado otra que digievolucionar en tu madre y aprender cómo lavar según color, tejido y tipo de prenda. ¿Una pista? MIRAR LA ETIQUETA. Todo un mundo por descubrir.

18. Tu bolso es una farmacia ambulante.
Ibuprofenos, crema de manos, líquido para las lentillas… en definitiva, droga dura.

En breves incorporarás el aceite de ricino a tu colección.
En breves incorporarás el aceite de ricino a tu colección.

19. Detectas el hambre ajeno de todos tus invitados.
“¿Te frío un huevo? Mira que no me cuesta nada, ¿eh? Venga, que te lo hago en un segundito, no te vayas a quedar con hambre”.

20. Buscas piso pensando en la cantidad de ruido que va a haber en esa zona de jueves a domingo.
¿Primero exterior? ¿En La Palma? ¿Me has visto tú a mí cara de tonta o qué?

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21. Te hierve la sangre cada vez que ves a Justin Bieber con los pantalones por las rodillas.
“¡Será mamarracho, si se ajusta el cinturón se tropieza!”, dices para tus adentros (bueno, y para tus afueras también. Para todas partes).

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22. Y tu monstruo interior.
Ese ente que no es tú del todo, pero sí, que sale a la luz en una situación muy concreta. No, mentira, en dos: cuando tu chico no baja la tapa del váter en casa y cuando te la lían parda en la carretera. Dramas peores han empezado con una madre gritando de ventanilla para dentro porque “el capullo este” se ha saltado el ceda (claxon, claxon).

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23. No eres vidente, pero casi.
Y crees que alguien se ha muerto cada vez que suena el teléfono más tarde de las 11 de la noche.

24. Haces la compra pensando en la tercera guerra mundial…
…y en las reservas de comida que vas a necesitar si se da el caso. Que, oye, nunca se sabe, ¿eh? Y si no, pues huevos fritos. Para todos, claro. Ver punto 19. 

25. Te has convertido en esa persona que pone quejas en los sitios donde le atienden mal.
Asúmelo: no pides el libro de reclamaciones, pero quejarse por Twitter es de madres millennials y tú eres a todos los efectos (excepto al del sentido literal de la palabra) una de ellas.

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Pero no sufras. La evolución ha querido que esto sea así, procrees o no (y seguro que tu señora madre se lleva más de una alegría al ver que ya, por fin, eres su viva imagen).

¡Feliz Día de la Madre!

Este artículo se publicó originalmente el 29 de abril de 2016.

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