Así ligaban nuestros padres, ¡y les funcionaba!

En la era pre Tinder, Whatsapp, e Instagram, la gente se miraba a la cara y se ‘pedía salir’. Si quieres recuperar algo del romanticismo en directo, aquí tu guía del amor (viejuno, pero eficaz).

Es nuestra responsabilidad como nueva generación: no podemos permitir que expresiones como ‘pelar la pava’ o ‘tirar los trastos’ caigan en desuso. Darle me gusta a la foto de tu ‘objetivo’ no te acercará más a tener una cita con él. Como mucho, acabarás en el suelo por no mirar por donde pisas con esos tacones. Muy bonitos, todo hay que decirlo.

Eres la de la izquierda, y lo sabes...
Eres la de la izquierda, y lo sabes…

Lo primero que debes hacer es asumir que tus padres, sobre todo tu madre, están en lo cierto. Duro, pero muy necesario en tu búsqueda de pareja. Las 5.600 veces que tu dulce progenitora te ha dicho que en su época todo era más natural, han sido 5.600 ocasiones en las que te estaba poniendo en bandeja la llave de la felicidad amorosa. Pero como en tantas otras ocasiones (por ejemplo, el sábado y tu gripe por no llevarte “esa rebequita para cuando refresque”) no la has hecho caso. ¡Ya te vale!

No pongas ahora cara de buena, anda.
No pongas ahora cara de buena, anda.

Pero se acabó, para solucionarlo hemos rescatado las mejores tácticas de ligue de la época en la que tus padres cruzaban miradas en el guateque. Bienvenida, amiga, a la primera guía que te enseña a ligar como antaño. ¡Qué den comienzo los juegos del amor!

A Joanne y a Paul no les hacía falta Tinder... © Getty Images
A Joanne y a Paul no les hacía falta Tinder… © Getty Images

1. Establece contacto visual con el objetivo.

Cuando decimos visual, no nos estamos refiriendo a mirar su foto de perfil en Whatsapp. No, querida. Lo que te pedimos es que salgas a la calle y derribes a tu futuro novio con la mirada. No hay nada más profundo y que aporte mayor seguridad que un buen duelo de retinas. Si te mira él primero, aguanta cual estatua de piedra. Aunque siempre acordándote de respirar y pestañear para que parezca que sigues viva. Lo mejor será que te mostremos de manera gráfica como hacerlo:

Así, sí.
Así, sí.
Así llamará a la policía.
Así llamará a la policía.

2. “¿Estudias o trabajas?”.

Habla con él a la cara. No hace falta recurrir a una disertación sobre la materia oscura para iniciar una conversación. Recuerda que a tu panadero le pides a diario una napolitana de chocolate y un panecillo integral (la mayor contradicción de la historia) y no te mueres de la vergüenza por ello. El truco está en empezar por algo básico. Y la manida frase “¿estudias o trabajas?” nos da, inmediatamente, varios datos sobre nuestro interlocutor. Si elige la opción académica, sabrás que no tiene ni un duro, que su dieta se basa en pasta y sándwiches cuando se terminan los ‘tuppers’ de su madre y que comparte piso. Si trabaja, es más que probable que viva solo, que puedas planear una escapada con él y que piense en sentar la cabeza.

¿Sientes ya la chispa?
¿Sientes ya la chispa?

3. Baila ‘agarrao’.

Como en las fiestas de los pueblos. ¿Te gusta David Guetta? Vale, a nosotras también. Pero pegando saltos mientras te sujetas el bolso con una mano y la copa con la otra, no encontrarás a tu Romeo (Santos). Perdón por la broma, pero es que sale sola. A lo que íbamos. Aprovecha las canciones más propicias, como las de Enrique Iglesias, para sacar a bailar al chico que te gusta. Es lo que hay, amiga. Sería más fácil con las de su padre, pero Julio Iglesias ya no está de moda. Imagínate a centímetros de tu objetivo mientras pronuncias con tus labios las palabras “…solo en tu boca, yo quiero acabar, todos esos besos, que te quiero dar…”.

Si esta señora puede, tú también.
Si esta señora puede, tú también.

4. “¿Me llevas a casa?”.

Lo sabemos. Tienes coche, abono transporte y nunca te ha dado miedo ir sola a casa. Sin embargo, el ‘momento portal’ es uno de los imprescindibles para que surja la chispa. Es la ocasión en la que puede llegar ese ansiado primer beso o tantear cómo está el terreno. Si te lo pide él, controla esos nervios y dile que sí. Por experiencia propia, si te niegas una vez, él no volverá a pedírtelo y te tocará decírselo tú (que tampoco está mal, si es lo que buscas).

Sí, a ti. No pongas esa cara.
Sí, a ti. No pongas esa cara.

5. “¿Tomamos un café?”.

El gran olvidado de los inicios de una relación romántica. Déjate de cañas, copas y chupitos. Encontrarte con el hombre que te gusta a una hora decente y en un lugar con un ambiente distendido no te matará. ¿Las ventajas del café frente a otras sustancias? Te mantendrá alerta para cualquier tipo de imprevisto, si te aburres no te dormirás y si te quedas con dudas sobre si la cosa ha salido bien o no, podrás llevarle la taza a esa anciana de tu barrio que lee el futuro en los posos. Hay dos motivos para que pruebes esta técnica:

Porque así ligó una chica con Ned Flanders. Y todo lo que pasa en ‘Los Simpson’ es guay.
Porque así ligó una chica con Ned Flanders. Y todo lo que pasa en ‘Los Simpson’ es guay.
Si sale mal, siempre podrás decir que fue “solo un café”.
Si sale mal, siempre podrás decir que fue “solo un café”.

Pese a todo, ¿sigues prefiriendo ligar a través de la banda ancha? He aquí el motivo definitivo que acabará por convencerte:

6. Sentirás emociones de verdad.

¡Bienvenida al mundo real! No tendrás que preocuparte por el significado de un emoticono o de un hola sin exclamación al final. Todas tus dudas se disiparán porque conectarás con tu interlocutor de un modo mucho más auténtico. ¿Te darán calabazas? ¡Seguro! Pero por lo menos no pasarás días pegada al móvil.

Te hubiese encantado tener ese teléfono en tus momentos de crisis.
Te hubiese encantado tener ese teléfono en tus momentos de crisis.

Desenchúfate ya de las nuevas tecnologías y enfréntate a ese cosquilleo estomacal (sí, me estoy refiriendo a las mariposas) llamado amor, cara a cara.

Y si esa cara fuera la de Ryan Gosling, mejor que mejor.
Y si esa cara fuera la de Ryan Gosling, mejor que mejor.

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