Así se hacen las patatas fritas de McDonald’s

Puede que esta sea una de las mayores dudas de la historia de la humanidad, y lo sabes.

Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos… ¡¿las patatas de McDonald’s están hechas de patata, patata? ¿O son un compendio de guarrerías asquerosamente rico al que dan forma rectangular y color amarillo con rotulador fosforito? Preguntas, preguntas, preguntas. Y es que, puede que nunca hayas probado la quinoa pero raro será que no te hayas deleitado con este extremadamente salado y calórico manjar alguna vez en tu vida. De pequeña, en algún cumpleaños; de mayor a las 5 de la mañana cuando no hay nada más abierto. Da igual. Lo importante aquí es que es uno de los alimentos más extendidos y agradecidos por nuestro estómago (no tanto, quizá, por nuestra conciencia), y que su composición ha rondado más de una vez nuestra cabeza mientras las ingeríamos.

Ni Cara Delevingne se puede resistir a ellas. ¡Ay! © Cordon Press
Ni Cara Delevingne se puede resistir a ellas. ¡Ay! © Cordon Press

Pues bien, desde McDonald’s parece que no pueden seguir viviendo hasta que no nos cuenten la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad detrás de su guarnición más solicitada, así que se han propuesto hacer una serie de vídeos en los que muestran el proceso de preparación de algunos de sus productos.

En ellos, por supuesto, todo es americanamente maravilloso. Ya sabes: todos sus trabajadores son encantadores, llevan cascos de Playmobil, sonríen a cámara y no nos dicen que una ración de fries es más sana que una ensalada pues porque sonaría un poco a mentira, y eso, pero casi. Y lo peor es que nos convencen, claro está: ahora que sabemos que las patatas no llevan también todo tipo de trazas de distintas partes de un pollo, nos quedamos mucho más tranquilos.

Así, en resumen, lo que vienen a decirnos es que sus patatas vienen del mismo campo que las que te fríe tu abuela con un huevo cada vez que apareces por sorpresa en su casa. Bueno, del mismo no, que las patatas castellanas están mucho más ricas que las yankees, ¡dónde va a parar! Tienen máquinas descomunales donde las seleccionan, pelan y cortan en perfectos rectángulos, bien finitos, maravillosos. Después, las fríen una primera vez, malamente y a medias, para que la cobertura llegue a tu bandeja de McDonald’s bien crujiente y, de ahí, directas a congelar para distribuirlas a todos los establecimientos. En cada local, las fríen (sí, otra vez, esta ya como de verdad) en esas máquinas gigantes que desbordan aceite hirviendo, de donde las sacan con coladores. Se escurren y voilà! al cartoncito rojo corporativo, dispuestas a mejorar sustancialmente tu hamburguesa de 1€. Placer mundano.

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Así es, al menos, como las hacen al otro lado del charco, en su país de origen. ¡Solo esperamos que de puertas adentro utilicen un aceite de oliva decente, al menos!

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