Así se redefine el lujo asiático del siglo XXI

El hotel Mandarin Oriental de Hong Kong mantiene, medio siglo después de su creación, su faceta de abanderado del lujo.

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Las esencias de los perfumes llegan en cajitas muy pequeñas, concentradas en frascos de lujo que guardan celosamente el poder de su interior. Es lo que ocurre en la isla de Hong Kong con un cinco estrellas que lleva más de medio siglo marcando la pauta de lo que hoy conocemos como lujo asiático: el Mandarin Oriental.

Rodeado por gigantescos rascacielos, entre ellos el de más altura de la ciudad , el International Commerce Center (una torre de 484 metros), el edificio del Mandarin Oriental no compite en altura, ya que ‘apenas’ posee 27 plantas, pero eso no le ha impedido ser el emblema del lujo hongkonés (curiosamente, fue el más alto de la ciudad cuando se inauguró).

© Mandarin

Lo es desde su nacimiento en 1963, cuando aun nadie imaginaba que albergaría varios restaurantes con estrellas Michelín, uno de los mejores spas de la ciudad o incluso pequeñas tiendas de firmas internacionales. Y eso por no hablar de ser el emblema de una cadena que hoy cuenta con hoteles de grandísimo lujo a lo largo y ancho del planeta, que toman como referencia el considerado ‘sancto sanctorum’ de Hong Kong.

Ya desde su creación el hotel estaba llamado a ser singular. Pero si por algo lo sigue siendo es por la habilidad y acierto que ha tenido en recrear el lujo auténtico sin necesidad de jugar a lo barroco, sin optar por una decoración abigarrada que dé una sensación excesivamente oriental o por convertirlo en un fortín exclusivo al que solo unos pocos tengan acceso.

Esto es precisamente de las primeras cosas que ves cuando cruzas su lobby: que la vida allí es mucho más que la de los huéspedes de sus 501 habitaciones y suites, ya que son muchos los habitantes de Hong Kong y visitantes que pasan su tiempo en sus restaurantes, bares o su magnífica pastelería (de las más famosas de la ciudad y donde se pueden degustar auténticas especialidades dulces locales, además de fina bollería danesa o bocados de estilo francés).

© Mandarin

Las habitaciones están a la altura de lo que uno espera. Tras su última gran remodelación, hace una década, hay dos tipos de interiorismo: uno más clásico, en madera y lacados, a lo oriental pero sin recargar este aspecto; y otro más moderno, jugando con los espacios vacíos y la luminosidad que se cuela desde la bahía de Hong Kong, frente al hotel. En ambas disposiciones, los muebles destacan por su comodidad, la cama es de grandes dimensiones y el baño… sencillamente, te enamora. Y no solo por las amenities de Hermès y Bottega Veneta.

Lo de que el lujo está en los detalles lo han interiorizado tanto que seguramente han ayudado a definirlo. Por ejemplo, que las habitaciones tengan pequeños huecos para que el servicio de habitaciones pueda dejar los pedidos sin necesidad de que abramos la puerta, en el caso de que queramos una total privacidad; o que la carta de tés se pueda personalizar al extremo para que el sorbo de la infusión de bienvenida sea realmente como estar en casa, o que cualquier miembro del personal, independientemente de su cargo o función, esté siempre dispuesto a ayudar y sea suficientemente resolutivo (llama poderosamente la atención que los empleados del área del lobby se aprendan los nombres de los huéspedes, incluso si estos solo van a pasar un par de noches y no son habituales).

Las habitaciones han sido decoradas individualmente, por lo que no tienes la sensación de estar en una serie de espacios creados en serie. Todas cuentan con vistas al Victoria Harbour y el skyline de la zona continental y, cuando llegamos, sobre el escritorio, nos espera un detalle único: unas perfectas magdalenas al estilo francés (los ingredientes para crearlas se traen de Francia) acompañadas de una mermelada casera de pétalos de rosa, una creación singular del Mandarin Oriental de Hong Kong que enamora (y que está deliciosa).

© Mandarin

En la creación de los detalles únicos, un factor que juega un papel importante es la privacidad. Así, cuentan con un restaurante ‘secreto’ al que solo se accede atravesando la que es el bar-coctelería con el mayor número de referencias de whiskey de toda la isla (más de 100, en el que fue un club exclusivamente masculino dentro del propio hotel hasta 1990). Este se llama The Krug Room (la firma de champán participa del proyecto) y tiene capacidad para 12 personas (cenas de lunes a sábado para grupos cerrados con menús que pueden superar los 3.000 euros en total, sin contar bebidas o extras).

El que fuera el primer hotel de Hong Kong en contar con televisores, teléfonos o bañeras en cada habitación se sigue renovando. Tres salones de belleza, un spa de tres plantas o 10 rincones de alta gastronomía (tres de ellos con estrella Michelin: las dos de Pierre Gagnaire, más el de su Grill+Bar y la del Man Wah, que crea menús degustación partiendo de la tradición gourmet china) son solo parte de su oferta. Mención aparte merece su desayuno, donde, ya que estamos en Hong Kong, si queremos dim-sum, más de seis tipos diferentes nos esperan.

© Mandarin

Es fácil no perder la sonrisa en el Mandarin Oriental. Cada rato hay una sorpresa, un detalle que te ilumina. Sin pausa, pero sin atosigar ni sentirte sobrepasado por un lujo artificial, la experiencia se convierte en un capítulo inolvidable. Y eso que aun queda disfrutar de todo lo que tiene Hong Kong por ofrecer…

Más información: El Mandarin Oriental Hong Kong se encuentra en el distrito Central de la isla. Las habitaciones parten de 370 €/noche. Dirección: 5, Connaught Rd Central. Central. Hong Kong (China). Teléfono: +852 2522 0111.

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