Así te recuerda Big Little Lies que eres mileurista… y ellas no

La serie encierra un poderoso mensaje (no te lo pierdas, en serio) pero, además, casas y vestidores de ensueño. Y hoy hablamos de eso.

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Big Little Lies no solo pone de manifiesto que la televisión es el nuevo cine, sino que los que la vemos lo hacemos desde nuestros pisos de cuarenta metros cuadrados resguardados por nuestros muebles Ikea con nombres de concursantes de Operación Triunfo.

En el vestuario de las protagonistas nada se deja al azar.

En primer lugar, echemos un vistazo a los armarios de sus protagonistas para mirar con desconfianza y recelo nuestro cajón repleto de modelos de H&M. Reese Witherspoon deslumbra en cada secuencia ataviada con vestidos de Dolce & Gabbana, gabardinas de Burberry y diseños de Oscar de la Renta o Carolina Herrera. Su afán por estar siempre impoluta hace que apueste por firmas clásicas que denoten su estatus económico y su clasicismo.

La impoluta Madeline sale a correr con ropa de Lululemon; Celeste se deja llevar por los básicos de lujo; mientras que Jane combina prendas low cost.

El personaje de Nicole Kidman es igualmente adinerado, pero su alma efortless le empuja a hacerse con diseños de gran calidad en clave menos ostentosa que la de su mejor amiga. Firmas como Max Mara, Gucci o Céline dan forma a su armario, en el que no faltan vaqueros de J Brand. Ella es un gran ejemplo de cómo los básicos de calidad harán a tus camisas blancas parecer piezas del mercadillo.

Fact: el armario de Celeste y Perry es más grande que nuestro apartamento.

Shailene Woodley da vida al personaje más humilde de la serie. Ese que, por mucho que nos pese, está más cercano a nuestra realidad financiera. Jane lleva prendas de Gap, PacSun, Target, Madewell o Frye. Mientras que sus compañeras de reparto abogan por modelos ceñidos con los que presumir de sus siluetas esculpidas a base de smoothies, ella apuesta siempre por prendas oversize.

Jane lleva prendas de marcas como Gap, PacSun, Target, Madewell o Frye.

Laura Dern da vida al personaje con el armario más caro de la serie. Desde diseños de Alaïa, pasando por Stella McCartney y Roland Mouret, su vestuario refleja el poder de su personaje, que exhala el poderío financiero de una mujer de negocios que lucha por intimidar al resto con su impoluto guardarropa.

El armario más caro de la serie es el de Renata: Alaïa, Stella McCartney, Roland Mouret…

El personaje que interpreta Zoë Kravitz es muy cercano a nosotras… en cuestiones de marcas. Prendas de Zara, Free People y Anthropologie reflejan el lado zen y espiritual del personaje, ese que, en la vida real, viene a ser el reflejo del armario de la mayoría de las mortales.

Bonnie es muy fan de los kimonos de Free People.

En resumidas cuentas, tras colarnos en los armarios de sus personajes, en la serie asumimos que seríamos las hippies o las pobres de la plantilla. Porque un vestido de Zara Studio puede ser nuestra mejor papeleta a la hora de presumir de vestidor, mientras que ellas se ciñen a las grandes marcas para ir simplemente a correr unos kilómetros. Así lo demuestran, por ejemplo, las sudaderas de Lululemon con las que hace running el personaje de Whiterspoon.

En la cocina de los Mackenzie nos podríamos convertir en chefs.

Pero volvamos a nuestros pisos de menos de cuarenta metros cuadrados, desde los que observamos la serie con el ceño fruncido, para reparar en las casas de sus protagonistas, cuyas localizaciones corren a cargo del localizador Gregory Alpert. La casa de Madeleine (Reese Witherspoon), que cuenta con cuatro habitaciones, cuesta 14,8 millones de dólares y es la más cara de toda la serie. Busca en Idealista.com algo parecido y cuéntanos el resultado. Nosotras lo hemos hecho.

¿Justificarán estos atardeceres los casi 15 millones de dólares?

La casa de Celeste (Nicole Kidman) cuesta 6 millones de dólares, pero sus interiores no contaban con lo necesario para satisfacer las necesidades de su personaje. Por ello, el baño, la habitación y el vestidor del personaje de Nicole Kidman fueron construidos expresamente acorde a los requerimientos del nivel de vida de su rol en la serie. Lo sabemos: su vestidor es tan grande como tu casa. A nosotras nos ocurre lo mismo.

La casa de Celeste es la más especial.

La casa del personaje de Renata (Laura Dern), situada en Malibú, es una habitual de los anuncios americanos y cuesta 12.4 millones de dólares. En contraposición, encontramos la casa de Jane, situada en Pasadena y valorada en 520.000 dólares. Sí: ese es el precio de la casa de la pobre de la serie. Tomemos un soplo de aire fresco para seguir leyendo y olvidemos la posibilidad de hablar con recursos humanos acerca de nuestra nómina.

La de Renata es una habitual en los anuncios.

La casa de Bonnie tenía que tener ese toque zen que en la vida real da el incienso, pero que en las series corre a cargo de miles de dólares. Su maravillosa casita, valorada en 2.6 millones de dólares, se encuentra cerca de Calabasas, California. Un lugar que sonará a las fans de las Kardashian.

Madeline se sorprende al beber vino en esos curiosos recipientes dignos de Pinterest o de Malasaña en casa de Bonnie.

¿Te has dado cuenta de que los personajes de la serie intentan paliar sus problemas aferrados a una copa de vino? ¡Por fin un gesto con el que podemos identificarnos! Y aquí viene otra realidad con la que sentirnos identificadas: la mayoría de las veces, lo hacen sin tener en cuenta los protocolos del universo del “bebercio” chic.

Lo sabemos: el personaje de Celeste tiene otras cosas en la cabeza, pero degusta su Pinot Grigio en una copa pensada para disfrutar de un vino tinto. La pobre (nótese la ironía que viene a continuación) Madeline se sorprende al beber vino en esos curiosos recipientes dignos de Pinterest o de Malasaña en casa de Bonnie. Pero tanto ella como su marido discuten sus diferencias en casa con vasos de vino diferentes. El vino no une tanto como pensábamos.

Tanto ella como su marido discuten sus diferencias en casa con vasos de vino diferentes.

En resumidas cuentas, sus personajes narran la imperfección que se esconde las vidas aparentemente perfectas de la clase acomodada, pero mientras lo hacen, nos recuerdan que nosotras vivimos pendientes de nuestra nómina y que encontramos en Tiger la cuna de nuestra decoración y en Zara nuestro uniforme de trabajo. La Big Little Lie de nuestra vida es que quizás nunca logremos alcanzar el nivel de vida de los personajes de la serie… Pero dado el dramatismo de sus vidas, quizás seamos más felices amparadas tras un armario Aneboda.

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