Autodefensa, ¿dónde está el límite?

En China, por menos de 25 euros, las mujeres están adquiriendo un pequeño lanzallamas para protegerse de posibles agresiones callejeras. La propia policía ya ha alertado de su uso.

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Ante un intento de agresión sexual, cuanto más preparada esté la mujer para evitarlo y zafarse, mejor. Desgraciadamente, no siempre se tiene esa oportunidad, incluso yendo prevenidas y ‘armadas’, pero un buen aprendizaje de defensa personal nunca está de más.

Independientemente de la acuciante necesidad de poner el foco sobre los agresores y no sobre las víctimas, el aumento de la inseguridad ha reabierto un debate en el Viejo Continente: ¿hay que ser más permisivos o no con el uso de objetos que ayuden precisamente a la defensa? Especialmente con el más conocido: el spray de pimienta y el de gas lacrimógeno.

En algunos países como Alemania están permitidos para neutralizar a animales peligrosos y se compran fácilmente por Internet. Pero utilizarlos contra una persona solo es lícito cuando se puede demostrar que ‘la respuesta es proporcionada’. En nuestro país, con una ley bastante parecida en su ambigüedad, se exige ser mayor de edad y solo se puede usar ante causa justificada. Se comercializa exclusivamente en armerías (aunque luego te los encuentres en Amazon), homologados, en envases de 22 gramos y con tintes que identifican al atacante hasta 48 horas después (alcanzan los 5 metros de distancia).

De hecho, en España se fabrica el Fitodefensa-50, autorizado por la Dirección General de Salud Pública. Es el único fabricado en nuestro país por un laboratorio farmacéutico (ASAC Pharma) y se distribuye a través de Shoke (13 €). Entre sus ingredientes, además de la pimienta de cayena, se utiliza acetona; y cuenta con seis cargas de un segundo. Sin embargo, llevar un spray no homologado o usarlo de modo que un agente de policía considere inadecuado puede conllevar multas de entre 50 y 300 €.

¿Deberíamos ser más permisivos con las armas de autodefensa que se encuentran en un limbo legal? © Fred Meylan

En China, el debate está yendo un paso más allá (realmente más de uno). Desde el pasado verano se está poniendo la voz de alarma en el auge de la venta nada menos que de lanzallamas de bolsillo como arma de defensa personal anti violadores. Con la apariencia de un marcador de láser (como el que usan algunos profesores o en visitas a museos) o de una linterna, son pequeñas armas de mano de unos 20 centímetros de largo, capaces de crear una llama regulable de hasta medio metro de largo. El calor del fuego proyectado supera los 1.000 ºC.

Curiosamente, ante las declaraciones de la Policía china asegurando que son ilegales, los vendedores de los lanzallamas se defendieron argumentando que, “como no pueden matar, sino solo provocar quemaduras graves y desfigurar el rostro, son legales”. Y todo eso mientras recogían el pasado verano más de 300 pedidos diarios (a un precio de entre 5 y 35 €, según los modelos).

Al igual que en Alemania con los aerosoles de pimienta, la venta de estos lanzallamas de bolsillo se maquilla con el hecho de que son para defenderse de animales. En la web China Global Mall, por ejemplo, se identifican como objetos de autodefensa de lobos y se pueden adquirir desde 25 euros. Es posible elegir entre dos colores, mate o satinado, así como el número de recargas, ya que funcionan como un mechero.

Llama la atención que se publiciten en manos de una modelo al más puro estilo Mata Hari o ‘la guapa pero mala malísima’ de las películas de James Bond. Máxime cuando se trata de defenderte y no de atacar. Un dato más para la controversia de un objeto éticamente ambiguo y que se vale de la porosidad de las leyes que lo regulan para que se pueda adquirir más fácilmente de lo que parece.

Como alternativa legal, se propone el uso de las llamadas ‘alarmas de pánico’. Se trata de dispositivos que emiten un sonido de entre 120 y 130 decibelios que debería ahuyentar al asaltante (algunos modelos emiten también una luz cegadora). A la venta en Amazon (desde 13 €), resulta difícil de entender que, pensada como arma de autodefensa, se banalice su objetivo al presentarse en más de media docena de colores, como si fuera un accesorio más a llevar en el bolso.

Pero lo único cierto en todo este debate es que el auténtico trabajo, además de por la prevención y la educación para que en nuestra sociedad no tengan cabida los violadores, pasa más por la confianza que por el ‘armamento’. Diferentes ONG y expertos en defensa personal coinciden en que, además de saber las técnicas o las llaves básicas, es importante aprender a generar autoconfianza incluso en situaciones de riesgo, a intentar neutralizar la situación verbalmente desde el primer momento. No es algo que se aprenda en un minuto, como las propias llaves de kárate, pero mientras se resuelve el debate, cualquier método o ayuda puede ser clave en una situación de riesgo.

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