Carta de amor a los pezones

"Recordad, queridos pezones, que vivís en una sociedad dolorosamente machista en la que todo lo que haga sonrojar al hombre será penado".

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Queridos pezones:

Os merecéis una sentida carta de amor. Sois tan poderosos que podéis cambiar el curso de la carrera de una artista por dejaros ver simplemente unos segundos. No os ocultéis. No os hagáis los olvidadizos. Echad la vista atrás. ¿Os acordáis de lo que le ocurrió a Janet Jackson en esa mítica Superbowl? Su pezón derecho quedó al descubierto. Boom. ¡Chas! Como lo leéis: uno de los vuestros se dejó ver en la televisión… y la sociedad nunca se lo perdonó.

Es normal que no lo hiciera, ¿no?: Janet había colado en la pequeña pantalla UN PEZÓN. ¡Dios mío! En la tele aparecen cadáveres, tiroteos y pechos siliconados, pero… ¿Pezones? ¿En qué mundo vivimos? ¿Cómo vamos a dejar que en los 25 fotogramas por segundo televisivos aparezca UN PEZÓN? ¿Nos hemos vuelto locos?

Pezones
Cada día vemos cadáveres, tiroteos y pechos siliconados, pero… ¿Pezones? ¿En qué mundo vivimos? © Alexis Armanet

Queridos pezones: en este mundo en el que vivimos mostrar los pechos no es pecado, siempre y cuando su epicentro se oculte. Sí: como sospechaban, el epicentro sois vosotros. Por alguna extraña razón, queridos amigos, vosotros sois los que hacéis que el pecho sea… pecho. Sin vosotros, parece ser, es solo carne.

Mucho cuidado con enseñar un pezón de forma abierta. Si muestras uno en Instagram, te conviertes en el reflejo de Janet Jackson. Tu foto será baneada y serás tachada de desvergonzada. Aunque, ¿sabéis qué? ¿estáis listos para otra incoherencia? Vosotros, queridos, tenéis que ser tapados en las redes, pero exhibidos por las calles. Sí. Porque a los hombres les excita recordar que están ahí, que son un barómetro de la excitación femenina y el termómetro cárnico con el que hacer ver al mundo que las temperaturas se han desplomado. Pechos: recordad que vivís en una sociedad dolorosamente machista y que todo lo que haga sonrojar al hombre será penado. En público, claro. Que la misma sociedad que censura el pezón en Instagram es la que visita diariamente más webs pornográficas que Netflix, Amazon y Twitter, ¡juntas! Lo sé, queridos pezones, lo sé… yo tampoco lo comprendo.

¿Mostrar el pecho? POR SUPUESTO. Siempre y cuando su epicentro quede cubierto. © Alexis Armanet

Tengo (más) malas noticias para vosotros: ahora tenéis que mirados al espejo. Hacedlo de forma detenida y valorad el reflejo. Si sois grandes, mala suerte, no estáis de moda. Al menos, no en el año 2017. Y de verdad que siento si no encajáis en los cánones de belleza de la temporada primavera-verano, porque no hay tablas de ejercicios ni cremas capaces de cambiar vuestras dimensiones, si es lo que os estáis preguntando. Pero no pasa nada, porque todas las mujeres tenemos un recambio de pezones XS en la mesilla de noche. Esperad, ¿cómo? No sé si lo estoy entendiendo bien… ¿Como que la mujer que os porta no tiene un recambio en su haber? ¿Pero quién se cree que es? ¿Acaso no sabe que los pezones son intercambiables? ¿Cree que puede escapar de los dictámenes estéticos a los que somos sometidas? Esta tendencia exige que tiremos los pezones que llevamos ahora mismo (porque los pezones son de quita y pon, ¿verdad?) y nos pongamos unos acordes a las tendencias.

Queridos pezones: las operaciones estéticas destinadas a cambiar vuestro tamaño no paran de aumentar, y esta realidad me obliga a preguntarme qué pasará cuando dentro de cinco años, las revistas anuncien que se llevan grandes. ¿Tendremos que pasar por el quirófano de nuevo? ¿Cuántas veces se puede cambiar su tamaño? Y otro apunte. ¿Para qué tenemos que cambiarlo, si luego no podemos mostrarlos en las fotos?

¿Los grandes? No se llevan. © Alexis Armanet

Queridos pezones, quiero que sepáis lo que en realidad ocultan estas incoherencias. Las mujeres recibimos los siguientes mensajes:

“No enseñes tus pezones en Instagram. No seas una desvergonzada. Ocúltalos. Me da igual que los hayas pagado. Los has pagado para estar a la moda y para que le gusten a Él. Un momento, ¿cómo que no tienes un ÉL? Lógico: con semejantes pezones… Venga. Opérate. No seas rancia. Y enséñale tu nueva obra a TU hombre. Al que los acaricia cada noche. Pasa por el quirófano, gasta tu dinero y tu tiempo en adaptarlos a las tendencias, pero por favor, que solo sea el hombre el que disfrute de este desembolso. No muestres tus nuevos pezones, esos que te hemos obligado a crear, en Instagram. Nos da igual que hayas tenido que recurrir a mucho más que a un filtro Valencia para cambiar su aspecto. Los pezones son privados. Son tuyos. ¿Lo entiendes? Y por eso TE DECIMOS CÓMO TIENEN QUE SER”.

¿Lista para que el mundo te diga qué hacer con tu pecho? Porque eso es lo que va a pasar… © Alexis Armanet

Pero tengo más noticias (malas) para vosotros, queridos pezones. Ahora contáis con ayuda externa. No hablamos solo de ese bisturí que amenaza con cambiar vuestras dimensiones. Ya. Ya lo sé: jamás creísteis que fuerais a ser víctimas de esta barbarie. Pero si formáis parte del cuerpo femenino, estáis condenados a ser juzgados y transformados. Si tú, querido pezón, me lees desde un pectoral masculino, descansa tranquilo: ahí puedes tomar la forma, el color y el tamaño deseado. Ellos son libres. Los hombres y sus pezones, tan libres como los que los portan.

Ahora, queridos pezones, se llevan los pezones falsos, pensados para fingir que estáis todo el día “erectos”. Que hace frío. Que la mujer que os porta está excitada. Así es: las mujeres ya no tenemos únicamente que fingir orgasmos, sino sus consecuencias. Antaño nos moríamos de vergüenza si hacía frío y nuestros pezones se convertían en las señales de alarma que así lo anunciaban. Ahora, en cambio, tenemos que presumir de ellos. Pero queridos pezones. Algo no me queda claro. ¿Tengo que ocultaros en las fotografías, pero he de exhibiros por las calles? ¿Acaso es el pezón el nuevo menor? Quiero decir. Puedo presumir de mis pezones de forma pública, pero si subo una imagen a mis redes sociales, he de pixelarlos. Por cierto. Mera curiosidad. ¿Qué le ocurre a la retina si ve un pezón? ¿Se desintegra? ¿Estalla? ¿Se funde?

Nunca lo sabremos. Al menos, de momento. Porque subir un pezón a Instagram es tarjeta roja inmediata. Tener los pezones grandes, por cierto, también. Así que ahora las mujeres tenemos una nueva preocupación más que sumar a nuestra lista. Ahora también tenemos que estar agobiadas por nuestros pezones.

¿Acaso es el pezón el nuevo menor? Quiero decir. Puedo presumir de mis pezones de forma pública, pero si subo una imagen a mis redes sociales, he de pixelarlos. © Alexis Armanet

Eso sí, yo os voy a decir una cosa: voy a amaros siempre. Grandes o pequeños. Rosados o tostados. Tersos o espumosos. Y os voy a fotografiar. Os voy a fotografiar mucho. Y no me voy a avergonzar jamás de vosotros. No me voy a sonrojar si mi camiseta deja ver que hace frío porque vosotros se lo habéis chivado al asomar vuestra cabecita.

Queridos pezones: vosotros sois los timbres del cuerpo femenino. Y yo estoy harta de que me digan cómo hay que tocar el timbre. Estoy harta de que nos digan cómo se llama a la puerta. No pienso dejar que nadie me diga cómo tenéis que ser ni planeo censuraros jamás. Queridos pezones: sois libres. Sois preciosos. Y sois. Ante todo, sois.

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