Cómo formar parte del Mile High Club

¿El primer requisito? Tener sexo en aviones: desde toqueteos sin moverse del asiento al completo en el baño de la nave. Por lo pronto, el 17% de los españoles ya forma parte del club...

ACTUALIZADO EL 26 DE ENERO DE 2016.

Querida lectora: ponte la mano en el corazón (o en alguna parte más tórrida de tu anatomía) y responde, sin pudor, si alguna vez has tenido sexo en un avión. Vale todo: desde la cópula completa a un magreo rapidín sin levantarse del asiento. Si es que sí, felicidades, perteneces a ese envidiable 17% de los españoles que confiesa haber tenido un encuentro sexual en pleno vuelo. Según revela una encuesta del buscador Jetcost, el 6% confiesa haber hecho el amor en los retretes del avión. Un 11% más reconoce haberse calentado sin moverse del asiento. ¿Te parecen muchos? Pues espera, que nuestros vecinos europeos son aún más fogosos: el 24 % de franceses y el 18% de italianos confiesan haber tenido encuentros íntimos a bordo de un avión (nota mental: buscar una beca Erasmus en un país mediterráneo como sea).

© Fotograma de 'Los Amantes Pasajeros' (2013).
© Fotograma de ‘Los Amantes Pasajeros’ (2013).

Entre las celebritiesKhloé Kardashian, la hermana pequeña de Kim Kardashian, ha confesado en su web que este es su lugar favorito para tener sexo. Así, tal cual. Eso si, a su estilo, en un avión privado y sin la expectación externa de una nave repleta de mortales de a pie…

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¿Y qué les lleva a practicar sexo de altura? Al parecer, más que el calentón, les pone la emoción de ser pillados con las manos en la masa (y nunca mejor dicho). Otros, más líricos, afirman que así subliman una fantasía sexual. Los menos (ya, ya…) simplemente reconocen que iban más pedo que Alfredo y una cosa llevó a la otra. Cuentan que, entre la extraña presión de la cabina y aquello de que hay menos oxígeno, los orgasmos son casi sobrenaturales. Eso, claro, quienes llegaron a culminar. Hay un sonrojante 23% cuyo gozo acabó en un pozo al ser sorprendidos por otro pasajero o por un tripulante de cabina.

¡Oops!
¡Oops!

Las estadísticas puede que sean nuevas, pero lo de tener sexo en un avión es casi tan antiguo como la historia misma de la aviación. Cuenta la leyenda que Lawrence Burst Sperry, inventor del piloto automático, probó que su cachivache funcionaba precisamente mientras se apretaba a una señora de la alta sociedad. Corría el año 1916. La aventura terminó algo accidentada y el avión amerizó en Long Island. Ninguno de los amantes sufrió daños mayores que el escarnio de la prensa con titulares como Aerial Petting Leads To Wetting (algo así como Revolcón aéreo termina en chapuzón). Ahora, que les quiten lo bailao’ (¿o no?).

Sexo en aviones
Después del amigo Sperry, muchos otros caballeros y damas han dado rienda suelta al placer a miles de metros de altitud. Tanto que hasta hay un club cuya membresía solo exige haber sido algo travieso en un avión y contarlo. Es el Mile High Club (el Club de la Milla de Altitud, llamado así porque solo valen los polvos llevados a cabo a partir de una milla de altitud, o sea, 1.609 metros). La mayor parte de sus socios son pilotos y azafatas (ay, el sexo en el lugar de trabajo y con compañeros, el roce hace el cariño, el erotismo de los galones y todas esas cositas…) aunque también hay algún que otro pasajero juguetón.

La junta directiva de este Club, que ni da puntos ni descuentos, vaya, da algunas pautas para asegurarse el éxito en tan erótica empresa como buscar a algún pasajero que viaje solo y negociar con su vecino de asiento que te cambie el sitio con cualquier excusa, esperar a que empiece la película de a bordo y que el pasaje esté amodorrado e intentar estas maniobras especialmente en los vuelos nocturnos (los llamados Red Eye Flights), mientras el resto del pasaje dormita. No lo dicen pero conviene evitar según qué prácticas en vuelos con turbulencias. Sobran las explicaciones…

© Fotograma de 'Vuelo Nocturno' (2005), aunque a Rachel McAdams en el film no le esperó precisamente un magreíto...
© Fotograma de ‘Vuelo Nocturno’ (2005), aunque a Rachel McAdams en el film no le esperó precisamente un magreíto…

Los anglosajones, capaces de sacarse de la manga una palabra para cada ocasión, lo llaman flyrting. De fly, volar, y flirt, flirtear (si necesitabas esta explicación lo mismo conviene que repases el inglés antes de meterte a hacer un máster en biología humana). ¿Y por qué flyrtear siempre se supone que es con extraños? ¿No lo puedes hacer con tu pareja? Pues parece que no es lo corriente arriesgarse a que le pillen a uno, pasar el mal rato o hacerlo con incomodidad cuando puedes explayarte a gusto al aterrizar en casa o en un hotel.

Sexo en aviones
Pero seguimos con los anglosajones que, como son muy prácticos, hasta han creado un útil manual: Airplane Sex Guide. Se trata de una guía amatoria para practicar sexo en los lavabos de tu aerolínea favorita escrito con el mismo lenguaje directo de las instrucciones de emergencia y bien documentado con gráficas ilustraciones. Indican, por ejemplo, que puede aprovecharse la postura para irse lavando las manos y así ahorrar tiempo. Porque el tiempo es oro incluso para un triquitriqui aéreo y la recomendación de este manual es no excederse de los quince minutos. “se haya llegado o no al orgasmo”. Por deferencia hacia el resto de los pasajeros (no por la seguridad del vuelo ni nada de eso).

© sextutor.com
Todo como que muy gráfico, vaya © sextutor.com

Bromas aparte, en la vida real los viajeros aéreos tienden a hacer la vista gorda si sus vecinos de la fila de delante andan metiéndose mano siempre que no sean escandalosos (y no echen el asiento hacia detrás, por ahí sí que no pasamos). El aseo ya es harina de otro costal (si ya te cabrea el ejecutivo que se encierra para cargar el portátil sin que le pillen imagínate dos que se lo están pasando tan ricamente y tú haciendo cola en la puerta del lavabo para cambiarle el agua al canario). De hecho, a Lisa Robertson, una azafata de la Quantas, la aerolínea la puso de patitas en la calle por practicar sexo en el aseo con el actor Ralph Fiennes durante un vuelo entre Darwin (Australia) y Bombay (India).

© Fotograma de 'Los amantes Pasajeros' (2013).
© Fotograma de ‘Los amantes Pasajeros’ (2013).

¿Y si el acto tiene lugar en una de esas enormes camas de las clases Premier que tienen algunas aerolíneas? Más aún; ¿y si es en una suite de lujo como las que ofrece Singapore Airlines en el Airbus A-380, con su cama de matrimonio y champán? Pues se aplica aquello de que ojos que no ven, reprimenda que te ahorras. Eso sí, se exige que sea sexo sin jadeos, ni gritos, ni exclamaciones vivaces. Aunque sea por respeto al resto de viajeros que viajan a dos velas, por favor…

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