Consejos maternos no solicitados

...o por qué el mundo entero sabe mejor que tú lo que tu bebé necesita.

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Intentaste evitarlo, pero definitivamente has crecido. Has ido encadenando una decisión con otra y ahora resulta que eres mayor, seria y responsable o al menos lo aparentas. ¡Y estás embarazada! Miras hacia abajo, a tu barriguita (o barrigón) y crees que todo en tu vida va a cambiar. Vas a pasar de ‘ser hija’, a ‘ser madre’, y esto se supone que viene, como los hobbits, con un anillo de poder o algo, ¿no?

Pues no. Resulta que una vez tengas a tu bebé en brazos experimentarás un efecto rara vez estudiado: no sabrás nada de nada. En ese momento ya no eres adulta para el mundo exterior que se verá en la necesidad de opinar sobre lo que tienes o no tienes qué hacer. Porque todo el mundo sabrá más que tú: tu tía, tu vecina, tu amiga soltera y hasta la señora con la que te cruzas en la frutería. Esa, también. Sabe mucho más que tú de las necesidades de tu bebé en particular y de la maternidad en general. Y por supuesto tamaña sabiduría va a compartirla. Contigo. Que estás de consejos que no has pedido como Buzzlightyear: “Hasta el infinito y más allá”.

¿Por qué cuando una pasea con su bebé la gente se para a opinar cómo lo está haciendo? ¿Por qué nadie para a una persona con pinta de cansada a recomendarle que “debería tomar unas vitaminas”?

Vamos con el top ten de consejos no solicitados. Ve tachando los que ya te hayan dado y… ¡seguimos para bingo!

Resulta que tienes a tu bebé y se produce un efecto rara vez estudiado. De repente no sabes nada. Ya no eres adulta. Todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre lo que tienes o no tienes que hacer.
Resulta que tienes a tu bebé y se produce un efecto rara vez estudiado. De repente no sabes nada. Ya no eres adulta. Todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre lo que tienes o no tienes que hacer.
  • “Si lo coges tanto en brazos se va a acostumbrar”.

Un clásico. Al parecer hay a quien le molesta que los bebés y recién nacidos estén en brazos. En cuanto te ven con ellos encima, te dicen: “Déjalo, que se va a acostumbrar”. ¿Y acostumbrar a qué? ¿Conocéis a alguien que con dieciocho años no quiera más que estar en brazos de su madre? Los bebés están programados para estar en brazos. Hasta 1840 no comenzaron a comercializarse carritos de bebé. Y si, como dice el pediatra Carlos González pones a dos niños de 6 años juntos, uno que haya sido llevado en brazos mucho y otro que no, seguro que no sabrás diferenciar cuál ha sido criado de qué manera. Y, sobre todo: los niños crecen terriblemente deprisa; si no los coges cuando son bebés, eso que te pierdes.

Cógelo o no lo cojas, es tu elección, pero no lo hagas porque se acostumbre o se deje de acostumbrar.

"¡Me está tocando Kate Upton! Me acordaré de ello cuando sea mayor..."
“¡Me está tocando Kate Upton! Me acordaré de ello cuando sea mayor”.
  • “¿No lo llevas muy destapado? Va a coger frío”.

El eterno dilema de la temperatura. Muchos sufren cada vez que ven a un niño que sigue la recomendación de “los niños, una manga más que los adultos”. O sea, que si tú vas con manga corta, ellos con manga larga. Pero nada más. Nada de llevarlos con el plástico de la lluvia del carrito perpetuamente (son niños, no ficus) ni abrigarlos como si fueran el muñeco de Michelin. Como nos explica la Dra. Lucía Galán, del interesantísimo blog Lucía, mi pediatra“Los virus no entran por los pies por ir descalzos. Los virus no se cogen en el recreo por salir sin abrigo y los virus no entran en nuestro cuerpo por habernos destapado por la noche. Los virus nos los pasamos de unos a otros por el contacto directo: besos, abrazos, hablar juntos como hablan los niños y tocar con nuestras manos. Los virus no los cogen en el recreo, los virus los cogen dentro de clase cuando sus 25 cabecitas se juntan”. Pues eso. Sepultar a los niños debajo de un montón de ropa no hará que no se pongan malos.

"Mamá, creo que se te ha ido la mano".
“Mamá, creo que se te ha ido la mano”.
  • “Déjale llorar un poco, que te quiere tomar el pelo”.

Los bebés recién nacidos no lloran para fastidiarnos, ni para manipularnos, ni para nada por el estilo. Un bebé recién nacido llora porque el llanto es la única manera que tiene de comunicarse con nosotros (recuérdalo cuando a las tres de la mañana hayas dormido media hora y desearías que tuviera más recursos para comunicarse contigo). Llora porque tiene una necesidad. Hambre, sueño, frío… pero también necesidad de cariño, de que estés cerca… en fin. Lloran, literalmente, por todo. Lo que ocurre es que unos tienen más necesidades que otros. Unos están tan felices allá donde los dejen y prácticamente no les oyes la voz … y hay otros que tienen muchas más necesidades y las piden de manera imperiosa.

Ignorar el llanto no suele solucionar los problemas, ni calmar las necesidades. Además, como explica la psicóloga Rosa Jové, es cruel y puede producir secuelas.

"A mí me da igual… yo pienso achucharte lo que me dé la gana".
“A mí me da igual… yo pienso achucharte lo que me dé la gana”.
  • “¿No te cansas de llevarlo en la mochila?”.

Como hemos dicho antes, los primeros carritos no comenzaron a comercializarse hasta mitad del siglo XIX, así que técnicamente lo moderno es llevar a los niños en cochecito. Llevar a los niños encima es una opción más. De hecho, es la que nos sale instintivamente. Como dice Marta González, asesora de porteo y propietaria de la tienda Mis Canguritos desde 2009: “En un apocalipsis zombie, ¿te llevarías el carrito o cogerías a tu bebé para protegerlo con tu cuerpo? Pues eso”.

Existen, eso sí, diferencias considerables entre el porteo ergonómico y el que no lo es. Un bebé nunca debería ir mirando al frente, ni colgando de sus genitales. Es incómodo para ellos e incómodo para ti. Una mochila ergonómica reparte el peso y permite prolongar el porteo (de una manera cómoda, claro) durante muchos meses, años incluso. Si no sabes reconocer una mochila ergonómica de una que no lo es puedes ver aquí las diferencias.

Mirando hacia adelante, ¡no!
Mirando hacia adelante, ¡no!
  • “Los niños tienen que dormir en su cuarto, no en tu cama”.

El sueño es una de las cuestiones que más ampollas levantan entre las madres. Al final, durante el primer año se suele dormir poco y mal y cuando una no ha descansado lo suficiente es verdad que todo se discute de manera más intensa. La realidad es que cada familia debería poder elegir cómo debe dormir su familia. Hay quien tiene a los niños fuera de la habitación y les funciona, quienes prefieren tenerlo unos meses en la minicuna por comodidad y luego los lleva a su habitación y quienes prefieren dormir con los niños en su cama. Esto es lo que se conoce como colecho y para practicarlo de manera segura conviene seguir algunas recomendaciones.

Todas las opciones son adecuadas si tu familia está satisfecha con ellas. Y por familia entendemos a la gente que vive en casa. Los padres, los suegros o la vecina del quinto no tienen vela en ese entierro. Se siente.

"Ven pacá, leñe, ¡que estás muy lejos!"
“Ven pacá, leñe, ¡que estás muy lejos!”
  • “El bebé de fulanito hace mucho que duerme del tirón”.

Punto uno: el bebé de cualquiera no es medida de nada. Punto dos: no te fíes de lo que te digan terceros. Punto tres: tampoco te creas siempre a pies juntillas lo que te digan los implicados… el sueño distorsiona mucho la percepción de la realidad. En todo caso, los bebés no son máquinas, y exactamente igual que los adultos los hay que duermen más y que duermen menos.

En todo caso el ciclo de sueño de los bebés no tiene nada que ver con el de los adultos. Si tenemos en cuenta el tamaño del estómago de un bebé entenderemos que necesitan alimentarse con mucha frecuencia. Lo que a la hora mágica de las tres de la mañana no es una noticia que recibas con demasiada alegría, sí, pero esto es lo que hay o haber elegido muerte. ¿La buena noticia? Casi todo acaba solucionándose con el tiempo. Con quince años no habrá quien los saque de la cama el domingo por la mañana. Prometido.

"Me está entrando un sueño que te caZZZZzzzzZZZZZzzzzZZZZ".
“Me está entrando un sueño que te caZZZZzzzzZZZZZzzzzZZZZ”.
  • “¿Un tercer hijo? “.

A ver: pónganse de acuerdo. Cuando estás soltera, que cuándo te echas novio. Cuando te lo echas, que cuándo te casas. Cuando te casas, que cuándo tienes hijos. Cuando tienes el primero, que cuándo “vas a por la parejita”… Total, que con el número de hijos parece ser que hay una norma no escrita que dice que uno solo es la muerte, dos es el número perfecto, y todos los que tengas por encima de esa cifra es que estás grillada o que han sido por sorpresa (¿?). Es así de loco todo. La bloguera Gisela Soroka de Para el Bebé, embarazada de su tercer bebé cuenta que no pasa un día sin que alguien le diga: “¿Y un embarazo a estas alturas? ¿no te da pereza a tu edad, so vieja?”

Gentes del mundo: ¿Van a tener el hijo ustedes? Pues ¡cállense!

"¡Estoy en shock y quiero los detalles!".
“¡Estoy en shock y quiero los detalles!”.

 

  • “Este niño ¿Come bien? Está muy delgado/gordo/alto/bajo”.

En serio, a veces parece que estemos todavía en la postguerra en la que los niños tenían problemas (reales) de alimentación. ¿Por qué esa obsesión por los percentiles, esas tablas de la muerte donde todos vamos a medir a nuestros hijos y a compararlos con los del vecino? (Los nuestros siempre más mejor, todo, lo que sea). Salvo problemas reales hay niños más delgados, más gordos, más altos y más bajos. Y todos perfectamente normales. Que un niño esté en el percentil 3 de altura no significa más que en una muestra de 100 niños, 97 estarán más altos que él. Igual no nos retira como jugador de baloncesto (o sí, váyase usted a saber) pero no pasa absolutamente nada más.

Los percentiles son la titulitis de la primera infancia. Relax.

"De pequeño no comía, por eso ahora me zampo todo".
“De pequeño no comía, por eso ahora me zampo todo”.
  • “Huy como llora. Este niño tiene hambre/sueño/frío”.

Como hemos dicho, los bebés lloran por todo. No saben decirnos: “Ey, que me pica el pie”, así que lloran. Cuando tu bebé tiene unos cuantos días tienes que aprender el significado de cada llanto y no, no hace falta una máquina para interpretarlo para nada, pero más pronto que tarde acabas por pillarle el punto. Salvo cuando lloran y no tienes ni la más remota idea de lo que le pasa, que alguna vez sucede. Pero, en serio, un desconocido nunca jamás, never, mais, va a saber mejor que tú qué le pasa a tu bebé.

"El gato también sabe lo que el niño necesita".
“El gato también sabe lo que el niño necesita”.
  • “¿Y todavía toma teta?/¿Cómo es que le das biberón?”

La lactancia es el otro tema estrella de la infancia. Todo el mundo se cree con derecho a opinar, sobre “envase” y “duración”. Coco Rocha recibió infinidad de críticas en Instagram por darle el biberón a su bebé. Otras mujeres en cambio han sido expulsadas de establecimientos comerciales por dar el pecho a sus hijos en público. Pilar Martínez, farmacéutica y formadora de asesores de lactancia explica: “La lactancia es un asunto personal de cada mujer. Evidentemente yo defiendo el hecho de que la leche materna es mejor, pero nuestra labor no puede ser imponerlo a nadie, sino escuchar, asesorar y ayudar a quienes sí que quieren dar el pecho y encuentran dificultades. Nunca nos podemos entrometer, ni hacer sentir culpable a nadie. Que bastante tenemos las mujeres con lo que tenemos como para añadir una presión extra“.

Dar el pecho o el biberón como explicó recientemente Jaione Yabar, no te hace mejor o peor madre. Olvídate. ¡Anda que no hay cosas que marcarán la diferencia como para discutir por esto!

"Bueno, a mí no me importa".
“Bueno, a mí no me importa”.

En definitiva, querida madre que me lees: tú eres la maestra jedi de tu casa. Nadie sabe mejor que tú lo que quiere tu peque, nadie conoce sus necesidades y las tuyas mejor. No eres una adolescente destalentada y tienes la poderosa fuerza de tu instinto. Eso sí, que la fuerza te acompañe.

Tú eres la maestra jedi de tu casa: tienes la poderosa fuerza de tu instinto.

"Ánimo majeta, que de opinólogos está el mundo lleno".
“Ánimo majeta, que de opinólogos está el mundo lleno”.

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