Cuidar de nosotras no es autoindulgencia, es un acto político

En un mundo que nos maltrata, cuidarnos es un acto totalmente revolucionario.

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¿Cuántas veces lo has leído en titulares (de los que abusamos en las revistas) y artículos o publicidad?: “10 consejos para cuidarse sin salir de casa”. “5 maneras de cuidarse para todos los bolsillos”. “¿Te cuidas lo suficiente?” “¡Cuídate!”

Generalmente, ‘cuidarse’ en el caso de las mujeres, suele ser sinónimo de sufrimientos varios: ponerse a dieta, ir al gimnasio, someterse a tratamientos de belleza, apuntarse a actividades sociales apetezcan o no y, por supuesto, cumplir con las expectativas de absolutamente todo el mundo a tu alrededor. Porque ser mujer es eso: complacer. Y el mundo te quiere joven, delgada, bella y cuidando a los demás. Tú sabrás. Así es la vida. Pero ¿es esto realmente ‘cuidarse a una misma’?

Autocuidados, los grandes olvidados

Llevar una vida healthy, seguir una dieta estricta (a tope con el clean eating), una actitud de mindfulness y una rutina de ejercicio que ni en el Ejército y compaginarlo todo ello con tener un trabajo en el que, con suerte, echas solo ocho horas diarias, para ganar un sueldo normalito que se te va mayormente en el alquiler de un sitio aún más normalito… Es complicado.

Por decirlo suavemente: si eres un ángel de Victoria’s Secret y ganas una pasta al año, se comprende la inversión de tiempo y esfuerzo, pero la agenda a la que se ve sometida una mujer media para cumplir con los cánones de lo que se espera de ella, asustaría a más de un pez gordo de Wall Street. Un hombre medio con una ducha y un par de visitas al gimnasio está servido, pero tú no te estás esforzando lo suficiente.

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© Andoni & Arantxa

Ante toda esta locura, muchas se plantan. Deciden no depilarse ni maquillarse y dedicar ese tiempo libre a cosas que les apetezcan más. Otras lo reivindican como el arte que es y nos deslumbran en sus cuentas de Instagram con unos maquillajes impresionantes. Lo utilizan para empoderarse y verse estupendas, les da más confianza. Cada persona debería poder decidir si le apetece arreglarse o prefiere salir de casa recién salida de la ducha y a cara lavada como… yo qué sé, así por ejemplo un tío cualquiera en cualquier oficina del mundo.

Pero el caso es que no podemos. O no siempre. Porque luego viene el pesado o la pesada de turno y te dice que vaya cara, que si estás enferma o que si es Halloween. Porque opinar sobre el cuerpo de las mujeres es deporte nacional. No, no podemos ir siempre como queramos ni ser nosotras mismas y mucho menos las que trabajamos en entornos competitivos donde hace falta cumplir con ciertas normas estéticas.

¿Son estos los autocuidados que buscamos? ¿Llenar y llenar el armario de nuestro mini piso y trabajar el cuerpo para hacerlo estéticamente más atrayente para el hombre hetero medio? ¿Pagar un dineral por batidos organic detox para subir la foto a la red social del momento y pasar el resto de la tarde buscando desesperadamente lugares donde poder hacer pis? Cada vez a más mujeres la bromita les sale a devolver.

No digamos ya si sumamos a la ecuación cuidar de marido y niños. Ponle también que ese día tienes la regla o alguna enfermedad o dolencia en particular. Citas con el médico propias o ajenas. Auténticas heroínas del día a día.

Por eso, muchas reivindican una nueva revolución, poniendo los cuidados en el centro, pero ¿qué son los autocuidados o self care? Muchos dicen que los millennials están obsesionados con ellos y que son solo un acto de egoísmo y privilegio. Es posible. Pero los autocuidados existen desde hace mucho, mucho tiempo. En la Antigua Grecia, ya se decía que eran una manera de hacer a los ciudadanos más honestos y comprometidos con los demás. Pero no hace falta irse tan lejos, en 1988, Audre Lorde ya escribió que “cuidar de mí misma no es autoindulgencia, es autoconservación y es un acto político”.

Poner las necesidades de una misma como máxima prioridad suena fácil, pero en generaciones de mujeres que han sido educadas en el sacrificio y en el cuidado de los demás, no sale tan natural como parece. Ni es tan fácil de ejecutar.

“Sí, es difícil ser yo”.

¿Nos estamos autocuidando de verdad?

Los autocuidados tienen mil caras. Para unos puede ser pasarse el día en la montaña corriendo y nadando y para otros puede ser encerrarse en casa con comida y su serie favorita. Irse de fiesta hasta el amanecer sin que nadie espere nada de ti por la mañana o dormir tres días seguidos… el caso es permitirte ser tú. Pero poner límites y hacer que los demás los respeten no es tarea fácil, sobre todo porque no respetamos todos por igual.

Todo el mundo entiende que no debe gritarte o insultarte pero, ¿cuántos entienden no insistirte para salir un viernes como muestra de respeto? ¿Cuántos que no deben ser condescendientes contigo? No juzgar también es cuidar.

A todo el mundo le gusta que “te cuides” cuando eso significa que vayas tú misma al gimnasio, al psicólogo o a donde sea y que lo hagas todo sola y sin pedir apoyo. Cuando tienen que hacer ellos algo… ya no tanto. Prueba a tener depresión, una discapacidad o neurodivergencia y a estar agotada todo el día. El día a día puede ser una gymkana, pero tus mejores amigos insisten en que deberíais quedar y veros. Es lo mejor para ti, lo dicen las revistas, hay que salir, hacer deporte, comer bien. Y tú que no puedes ni pestañear tras una semana de trabajo estilo IronMan. Sin duda debes de ser una egoísta de mierda. Un fracaso de persona… ¿O sólo estás fallando a la hora de cuidarte a ti misma y estás poniendo las expectativas de los demás por delante de tu propio bienestar?

En la sociedad en la que vivimos no se nos enseña a respetar los límites ajenos como algo normal. La gente se lo toma mal cuando cancelas los planes mil veces o no respondes a sus mensajes. ¿Cómo hacer entender a toda esa gente que se está preocupando por ti, que solo necesitas que te dejen en paz?

© Andoni & Arantxa

Autocuídate, alguien tiene que hacerlo

Todos necesitamos tareas básicas de mantenimiento. Lavado, secado y encerado de alma ego. Relax, confort, sentir que estamos haciendo algo con nuestra vida. Lo normal.

Vivimos tiempos difíciles y la mayoría estamos sometidas a situaciones de explotación, cobramos menos, trabajamos gratis, ¿de verdad vamos a permitir que se nos penalice por utilizar nuestro tiempo libre para reponernos del desgaste de todo esto? Además la mayoría tampoco es que tengamos a nuestra disposición yates y áticos en París: una noche de fiesta con tus amigas más cercanas o una tarde haciendo tu actividad favorita con tus mejores amigos ya puede ser una odisea suficientemente difícil de organizar y ejecutar, coordinando la agenda de cuatro millennials en una gran ciudad.

En el trabajo nadie va a decirte que pares, que pienses en ti primero, que te pongas a ti misma por delante. Nadie va a devolverte las horas extras. Ni a compensártelas de ningún modo. Tus amigos, esos que te reclaman casito, ¿no demostrarían mucho mejor su amistad y apoyo incondicional apoyando tus decisiones y respetando tus límites, sean cuales sean?

Si el trabajo o los estudios te agotan y pasas un par de horas al día en el transporte público, es posible que a la salida no quieras más que ser engullida por el nórdico. Cuidarte también es darte esa tregua. Comer tu comida favorita, aunque no sea lo más sano del mundo. Sin mirar atrás.

© Andoni & Arantxa

Decir no a ese compromiso al que realmente no querías ir. Alejarte de esa red social en la que no paras de leer a energúmenos. Cerrarte la cuenta para siempre incluso, si eso mejora lo más mínimo tu existencia. Negarte a hacer trabajo emocional con tus amigos cuando no te veas con las fuerzas para ello. Sacar de tu vida a las personas que drenan tu energía sin ningún pudor mientras jamás te aportan nada que te beneficie realmente.

O todo lo contrario: decir sí a planes que siempre te han dado miedo y apetecido a la vez. Hacerte selfies para que el mundo te diga lo bella que eres. Irte de fiesta a bailar y a patear culos de babosos. Lo que sea que te llame la atención.

No hay dos seres humanos iguales, encuentra tu manera de cuidarte, pero hazlo. Nadie lo va a hacer por ti. Y, como ya hemos dicho otras veces, en un mundo que nos maltrata, cuidarnos es un acto totalmente revolucionario.

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