3 razones de peso para dejar de preguntar ‘qué es lo más raro que has hecho en la cama’

Por favor, dejemos ya de intentar catalogar lo que pasa en cada una de nuestras camas (como si de un concurso de extravagancias se tratara).

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No falla: sábado por la noche gin tonic viene, gin tonic va y alguien grita: “Venga, a ver, ¿qué es lo más raro que habéis hecho nunca en la cama?”. Y en ese mismo momento, toda mi fe en la humanidad se desvanece al mismo tiempo que se me pasa el puntillo, que diría mi madre. En serio, ¿por qué nos empeñamos en hacer esta pregunta normalmente cuando llevamos una tasa de alcohol en sangre más elevada que las plataformas de Mel B en su época de Spice Girls una y otra vez?

De primeras puede parecer una pregunta inocente… quizá tanto como hace unos años parecería cuestionarse el porqué de un piropo callejero o de poner una muñeca en manos de una niña pero no de un niño. Ahora todo esto no es normal, afortunadamente, ha pasado a ser políticamente incorrecto; tanto como debería empezar a serlo el ‘meterse’ en las camas de los demás.

Qué pesadita es la gente cuando quiere, por favor. © Cordon Press
  • El sexo NO es raro

Así pues, hoy estoy aquí con la firme creencia de que seguir preguntándonos qué es lo más raro que hemos hecho en la cama es una cuestión que deberíamos desterrar para siempre de nuestras vidas. “¿Por qué?”, os estaréis preguntando o no, pero espero que sí. El motivo es que el sexo ya es algo bastante peliagudo hoy como para ponerle además la etiqueta de ‘raro’. El coito, queridas y queridos, es algo completamente natural y un acto al que todos deberíamos estarle eternamente agradecidos porque sin él sorpresa no estaríamos aquí. Pero a lo que vamos, que me pierdo.

Ya voy, ya voy. Un poquito de paciencia por favor.

¿Sabéis lo que es verdaderamente raro? Que España no incluya la educación sexual dentro de las asignaturas curriculares de la enseñanza primaria y secundaria. Porque esta dichosa preguntita está íntimamente relacionada nunca mejor dicho con este tema. Un asunto en el que estamos muy a la cola de Europa, siendo Suecia el primer país que introdujo la sexualidad en las aulas de forma obligatoria allá por 1955.

Dentro de nuestras fronteras, en la clase de Biología nos muestran el dibujo (una fotografía real ni de broma) de un hombre y una mujer, nos dicen que el primero tiene pene y la segunda vagina, y nos enseñan el proceso biológico de cómo hacer un bebé espermatozoide conoce a óvulo y fin. Pero nadie nos habla de sexo, de métodos anticonceptivos, de posturas sexuales, de que NO es NO en cualquier momento y situación, o de que si no hay un consentimiento explícito, también es no. De enfermedades sexuales, de cómo prevenirlas y curarlas, de embarazos no deseados…  Vaya, lo que viene siendo normalizar un acto que es tan básico y necesario para el ser humano como lo es el de tener sed y beber agua.

Hasta Obama me da la razón.

Nos pasamos el colegio y el instituto poniéndonos rojos cada vez que alguien habla de sexo, mientras nuestros padres cambian de canal si los de la película de Antena 3 se besan papá, mamá, ya hemos hecho cosas peores que esas. Así no es de extrañar que lleguemos a nuestra madurez sexual preguntándonos unos a otros qué es lo más raro que hemos hecho en la cama.

  • No digo diferente, digo raro

El matiz quizá esté en esa connotación de censura, oscuridad y pecado que nos empeñamos en darle a todo aquel acto sexual que se salga del misionero, el perrito que nadie se escandalice que somos todos adultos, y el sexo oral. Además, dejadme deciros que la forma en la que la sociedad juzga las respuestas a esa pregunta tiene mucho que ver con si tienes pene o vagina.

Un hombre puede contestar que lo más raro que ha hecho ha sido hacer un trío, que ya ves tú la novedad del asunto, y a su alrededor se oirán comentarios del tipo, “menudo jefe”, “él sí que sabe” o cosas por el estilo. Pero algo muy diferente sucede si eso lo confiesa una mujer. Entonces comienzan las miradas de desaprobación, los murmullos y el silencio incómodo.

Me encantaría que fuese una broma, pero no lo es.
  • ¿Lo raro no será que queramos saber qué hacen otros en la cama?

Pensadlo un minuto. ¿No tendrá que ver con el hecho de que desde pequeños vemos el sexo como algo prohibido y sucio? Porque esto es como cuando tu madre no te compraba Nocilla porque te la comías, qué gran argumento y cuando te independizaste llenaste la despensa con botes como para alimentar a media España. Veías Nocilla por todas partes y si no la encontrabas preguntabas.

Pues esto es más de lo mismo. Preguntamos a los demás porque, quizá, solo quizás, observamos el sexo como algo tan prohibido que necesitamos confirmar que los demás hacen las mismas cosas que nosotros debajo de las sábanas.

Gracias.

Un sentimiento de prohibición que vivió su momento más bajo durante la década de los noventa. En aquella época, las revistas, la música, el cine, la moda… TODO incitaba a las mujeres los hombres siempre han podido hacer lo que les diese la gana en este sentido sin ser cuestionados a desinhibirse y probar cosas nuevas y ‘raras’. Tríos, orgías, sexo casual con un desconocido, el coito fuera de una relación sentimental… Nos vendieron la liberación sexual femenina como una absoluta locura en la que todo valía y se deba hacer, dando la vuelta a la tortilla hasta pasarse por el extremo contrario.

Una imaginaria libertad sin juicios de valor que suponía una presión extra para las mujeres más jóvenes, quienes creían que debían hacerlo para reafirmarse en su independencia. Una burbuja que acabó estallando cuando quedó claro que todo era burda maniobra controlada por los hilos del más profundo heteropatriarcado.

  • ¿Y qué es que lo que hace la gente en la cama?

Pues cada uno lo que quiere, con quién quiere y cuándo quiere. Que mucho decir que estamos en plena ola de liberación sexual, pero luego nos sonrojamos porque alguien nos dice que tuvo sexo y si es del bueno, mejor que mejor, la noche anterior. Maduremos de una vez en este sentido, por favor. Solo pido eso.

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