Qué hacer al encontrar un micropene

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12 junio, 2015

(...o macro, que haberlos, haylos). "Nooooooo, si el tamaño no impoprta".

¿Cómo empezar este reportaje? Seguramente, tranquilizando al personal. No queremos, a través de él ni de sus testimonios, que nadie se sienta acomplejado, que se desespere, ni mucho menos se obsesione. En esta entrada habrá datos científicos, pero también personales. Los primeros servirán para dar una medida real (literalmente) a la cuestión; los segundos, se moverán por el deseo, apetencia e incluso por el civismo, pero tan subjetivos que, por el bien de todos, los tomaremos como relativos…

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Ajá…

Empecemos por los primeros, y leamos la siguiente frase con el soniquete de un niño de San Ildefonso en el sorteo de la lotería de Navidad: la media en España de un pene en erección es de 13,58 centíiiiiiimetrooooooooos. Ya lo habrás leído o escuchado en distintas ocasiones. Por ello, antes de reaccionar de cualquier manera, busca una regla y comprueba qué son exactamente 13,58 centímetros –redondea a 13,60–. ¿Ha cambiado tu perspectiva? ¿Piensas que lo que parecía poco ahora es suficiente? ¿Que lo que era suficiente ahora es mucho? ¿O, sencillamente, que sigue siendo nada?

Hablando de números, no de palabras, los médicos y los sexólogos son reticentes a la hora de establecer microtamaños. La razón es obvia: nadie tiene por qué verse marginado, obsesionado o herido por no llegar a un mero número. Se estipula que un pene en erección de menos de 6 centímetros es micro. Otra cosa es cómo se use.

© Getty Images
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EL MICROPENE (Y SU MICROTEATRO)
“Yo me he encontrado con varios micropenes. Tantos que creo que eso de la media española es mentira o yo tengo mucha, mucha mala suerte…”, se lamenta C. que, como el resto de encuestadas, no ha querido que su nombre aparezca. “Aunque, para contrarrestar, he de decir que todos los demás han sido macropenes. ¿Por dónde empiezo?”.

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C., que se responde a sí misma, empieza con los micros: “El modus operandi de los micropenes es siempre el mismo. Cuando los conoces, te engatusan, son cariñosos hasta la saciedad, se pasan el día hablando de cuando llegue el momento pero, no sé qué pasa, que nunca llega… Hasta que se te hinchan las narices y piensas antes de salir de casa: hoy follo sí o sí”.

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Esta especie de (micro)teatro tiene su culminación: “Llegado el momento, cuando el tío ve que no hay escapatoria, existen dos modelos: el que, a lo largo de la cena, te deja caer que sus relaciones sexuales pasadas no han sido muy satisfactorias –por supuesto, tú culpabilizas a la pareja anterior– y el que se pasa toda la cena diciéndote todo lo que va a hacer cuando te pille [“ay, cuando te pille…”, ya sabes]. En ambos casos, después, es igualito…”.

C., cual receta detallada y sin falta de hervores, lo detalla: “Los preliminares duran una hora. Cuando llega el momento de echar mano, no ves el momento porque no se deja. El tipo se dedica a tu disfrute y a ti en cuerpo y alma. Es cuando piensas: ‘Si esto es así, lo de después va a ser de traca…’. Y no. No pasa nada, básicamente porque no te enteras de cuándo ha ocurrido, solo cuando oyes el gritito de placer y ves su cara de felicidad. Pero por ahí, oye, como si no hubiese pasado nada”.

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CUANDO ZARPA REINA EL AMOR
Sin embargo, C. reconoce que al final es una romántica empedernida y que, sean micro o no, ella da una segunda oportunidad. Tanto que algunas de ellas han durado años de relación.

También prima el amor, el sentirse a gusto, en P.: “Yo he dado con dos micropenes. En el primero, cuando llegó el momento de la acción, pues fue una sorpresa, sí: pequeñita como una salchicha, pero digamos que, como me gustaba tanto, lo llevé como pude. Ni a él ni a mí nos dio vergüenza. Simplemente fue una sorpresa que ambos intentamos llevar lo mejor que pudimos porque había mucha tensión sexual. Cuando terminó fue porque la historia no funcionó por otras razones”. En el otro caso se añadía algo más: “El segundo además se había puesto un piercing y tenía una pequeña heridita, así que, aunque puso mucho empeño, entre el tamaño y la herida, que me daba grima, lo dimos por zanjado echando un sueñecito. Bueno, el sueño lo eché yo; él seguía empeñado en culminar, pero le tranquilicé con buenas palabritas”. Santa tú.

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EL HÁBITO HACE AL MONJE
“Si me das a elegir, prefiero un tamaño normal y que sea algo gordita, porque es cierto que los penes estrechos son mucho menos placenteros. El no cubrir por completo la apertura de la vagina, siendo la fricción en las paredes vaginales casi nula, es bastante frustrante”, explica M. que, de la misma manera reconoce –y no tenemos por qué no creerla– no haber encontrado un micropene nunca. También nos cuenta que un macropene no es más placentero por ser más grande: “En realidad depende mucho del hombre. En mi caso, en una ocasión, el chico tuvo que ponerse un tope y tener máximo cuidado, de tal forma que, a veces, ni él mismo llegaba a pasarlo bien por miedo a hacerme daño”.

M. sabe bien de lo que habla: “Los dos macropenes de mi vida me vinieron de seguido para gozo y regozo mío”, explica. “No sabría hablar de tamaños pero, tras años de experiencias variadas, ahora soy consciente de que aquello, AQUELLO, eran macropenes”. M. asegura que, en realidad, la cuestión no es la longitud en reposo, que puede llevar a engaño, sino el nivel de erección: “La dureza, vaya. Afortunadamente, a mí me tocaron los dos, macropenes y erecciones óptimas”.

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¿Y tanto regozo no tenía ningún pozo? Sí: la adaptación. “He de reconocer que, la primera vez, me dolió un poco y ellos, conscientes de lo que ocurría, sabían cómo estimular y manejarse para que todo fuera suave y progresivo. Eso sí, una vez que ya has hecho el training previo unas cuantas veces, después ya estás bastante más receptiva y es más placentero”. Una vagina tiene, aproximadamente, unos 14 centímetros de longitud aunque, como músculo que es, se puede adaptar a todo tipo de tamaños (a escala humana, claro, no vayamos aquí a exagerar).

ALREDEDOR DEL MUNDO
Depende. Porque no solo en España nos dedicamos a medirla: también lo hacen en el resto del mundo y esto no es responsabilidad de la globalización. Así que, si cruzas la frontera con Portugal, encontrarás penes medios de 15,14cm; en Francia, de 14,5cm; en Marruecos, de 15,03… No daremos todos los datos, pero por debajo de nosotros están, en Europa, los italianos (¡adiós, mito erótico, adiós!), los irlandeses, los griegos, los rumanos o los rusos. Dando un salto cuantitativo (no sabemos si cualitativo, eso ya a gusto de cada cual), en la República Democrática del Congo está la mayor media mundial: 17,93cm. Olé tú. En ese top planetario también hay naciones cercanas y queridas como Venezuela, Colombia o Ecuador (este último, con 17,77cm.) y, en el lado opuesto, los tailandeses, con 9,43; los coreanos del Norte con 9,60 o los camboyanos, con 10,04cm.

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Lectura de todo esto: si la fecundación dependiera del tamaño del pene, uno de 9,43 sería igual de válido que uno de 17,93. Pero, a la hora del placer sexual, el listón tira por lo alto. Para qué engañarte a estas alturas.

LO MÁS BUSCADO: TALLA M
Tanto C. como M. coinciden en que ellas, antes de arriesgarse, echan mano previamente a ver qué se cuece por ahí dentro y, a partir de eso, deciden. Pero, junto a P., las tres aseguran que en el término medio está la virtud. “Entre las micros y las macros, que también las he tenido –un cubano, siento el topicazo–, he conocido tamaños más estándares y, como en política tiendo al centro, no quiero ni muy pequeños ni muy grandes. En general, si no son casos extremos, no doy mucha importancia al tamaño; prefiero que haya química buena, porque esa sí que no puede faltar”, resume P.

Según M., “la media que me he encontrado era bastante decente, aunque unos más que otros. Y sí, resulta que el más follador sexual era el que más pequeña la tenía… En general, en España hay buenos penes”.

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Y después de tal afirmación, el que escribe no tiene más que añadir.

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