En busca del heterosoltero… en el gym

Empezamos el año con nuevos propósitos y todas las esperanzas puestas en los próximos doce meses para encontrar al perfecto hombre 'maridable'.

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No suelo hacer mucho caso a las señales del destino, pero esta vez voy a hace una excepción. A situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Si 2015 es el año de la Niña bonita, eso quiere decir que sí o sí encontraré a mi esperado heterosoltero, ese lince en peligro de extinción que todas queremos salvar. Aun así y ante la posibilidad de volver a batir el récord de primeras citas fallidas en menos de un mes, he decidido poner algo de mi parte y ganármelo a pulso. Apuntándome al gym y haciendo que mi cuerpo de “solo me levanto de la silla para ir a por galletas de la máquina” se convierta en la versión española de Gisele Bündchen (aprox.). El perfecto plan para ir, además, fichando a todos los chicos que acuden a diario a este templo urbanita del tío bueno.

No pongas esa cara. Sufrirás, pero valdrá la pena sudar un poco más de la cuenta. Foto: fotograma de "Tres bodas de más"
Sufrirás, pero valdrá la pena sudar un poco más de la cuenta. Foto: fotograma de “Tres bodas de más”.

Pasos a seguir antes de empezar a sudar la gota gorda:

– Ir de compras: vale. Vas a sudar y a ponerte en forma, pero eso no quita para que puedas ir mona. Además, será tu mejor herramienta si quieres ir motivada. Olvida los clásicos pantalones de chándal grises de rapero neoyorquino, que además dan un calor de la leche. Hazte con unas buenas mallas animal print, un short fosforito (el gym es el único lugar en el que podrás usar esta gama de colores, conservando intacta tu dignidad) y un top deportivo. Un look ganador, que hará que más de uno se tropiece en la cinta cuando pases a su lado.

– Ir a depilarte: el “mañana me depilo sin falta” se ha alargado demasiado, y lo sabes. Si no quieres que la señora de la limpieza del gimnasio te diga que el vestuario de caballeros es el de la derecha, vete pidiendo cita para hacerte la cera ¡ya!
– Apuntarte (obviously): si estás realmente motivada/desesperada en tu búsqueda del perfecto hetero opta por pagar directamente el año entero. A toca teja. Si por el contrario confías en el poder de las mallas que te acabas de comprar, elige la opción fraccionada.

– Cursillo acelerado en YouTube: evita hacer el ridículo sentándote en el suelo cuando el monitor diga que toca hacer “sentadillas”. Busca algún vídeo en internet en el que expliquen movimientos básicos. Te ayudará a familiarizarte con los términos más usados durante un entreno.

¡Arriba esos glúteos y esa moral! Foto: fotograma de' Flashdance'
¡Arriba esos glúteos y esa moral! Foto: fotograma de “Flashdance”.

Crónica de mi primer día

Una vez cumplimentados estos pasos, me enfundé mi recién estrenada equipación rosa ‘furcia’ y me planté en en gym. Tras unos primeros minutos de calentamiento freestyle en los que cada dos por tres tenía que pedir ayuda a los monitores de sala que, la verdad, no están nada mal, y que enseguida venían diligentes con esa sonrisilla de “a ver cuánto dura ésta en el gimnasio”; llegó el momento confesar que venía aquí a trabajar mi trasero.

Los repeinados no transmiten confianza. Foto: fotograma de "Don Jon"
Los repeinados no transmiten confianza. Foto: fotograma de “Don Jon”

Me pusieron a entrenar con los ejercicios más absurdos: haciendo la escalera, haciendo como si fueras a plantar un pino en el campo… Todo esto, delante de un montón de hombres cachudos haciendo pesas (y yo intentando poner morritos). Total, que de entre todos ellos y mientras sudaba a cuatro patas subiendo y bajando una pierna… veo a un rubio alto de brazos potentes (siempre me gustaron los rubios) y, a pesar de lo incómodo de mi situación, intento cruzar con él alguna miradita y parece que funciona. Aunque claramente estoy en una postura de inferioridad, resulta ser cómoda para fichar a la fauna que me rodea. En la sala de máquinas hay pocas mujeres, pero lo primero que me llama la atención es que… ¡¡¡hay parejas que van juntas al gym!!! ¡Madre de Déu! Lo que la elíptica una, que no lo separe el hombre.

Además del rubio, hay un par más en la sala que merecen la pena ser analizados. Un morenazo con brazos potentes que, cuál estudiante de Oxford, lo está dando todo en el remo (¿será de jersey a rombos, camisa blanca y raya a un lado?) y otro en cinta de correr que, por su belleza y juventud, tiene toda la pinta de ser gay.

Dale fuerte al saco y demuestra que eres una tía de provecho. Foto: fotograma de "Divergente".
Dale fuerte al saco y demuestra que eres una tía de provecho. Foto: fotograma de “Divergente”.

Me levanto con cuidado, procurando andar contra la pared para que no vea mi espalda y lo que no es la espalda empapada de sudor, y me dirijo al banco donde están las botellas de agua y veo por el rabillo del ojo que el rubio me sigue con la mirada (¡esto funciona!) y, justo cuando voy a beber, noto que se me acerca, me giro con la mejor de mis sonrisas, todavía un poco colorada por el esfuerzo físico y el chaval me dice que estoy bebiendo de su botella y no de la mía. Genial… Aunque pienso que podría ser una primera toma de contacto, no todo está perdido.

Termino mi primera sesión y con la cara roja como un tomate, voy corriendo a contarles a mis dos amigos gays con los que voy al gym mi gran aventura de hoy y que, por supuesto, creo que al rubio le hago tilín. Ellos, a carcajada limpia, me dicen que me fije en su camiseta del Space, por lo visto en el vestuario masculino le llaman “la princesa Yaiza” y, para colmo de males, su rubio son unas mechas más marcadas que las de Shakira. Fail! Otra vez confundiéndome de especie.

Evita las sorpresas activando tu radar especial... Foto: fotograma de " Loco y estúpido amor".
Evita las sorpresas activando tu radar especial… Foto: fotograma de ” Loco y estúpido amor”.

Con el corazón roto y el cuerpo lleno de agujetas me voy a relajarme un rato a la sauna. Ya que no he ligado, por lo menos rentabilizo mis euros con rapores relajantes. Se acabó hacer deporte en solitario, creo que el próximo día optaré por la opción speening que debe ser como una discoteca a la que se va en mallas y en la que, en vez de alcohol, sirven Red Bull.

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