La noche que bailé al son de Juan Magán en alta mar (junto a Maxi Iglesias y Juan Betancourt)

Ibiza (que no Miami) me confirmó que el electrolatino de Juan Magán puede dislocar caderas y que Maxi y Betancourt son de carne, hueso y músculo (mucho).

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Confieso que mi iPod da cobijo a alguna canción por no decir muchas de Juan Magán. El electrolatino del artista se ha colado en mi vida como lo hacen los calcetines en los pantalones dentro de la lavadora; de manera inexplicable. Por eso, imaginaos mi sorpresa cuando me vi rodeada de 1.000 personas (entre ellas Maxi Iglesias y Juan Betancourt) en una fiesta en alta mar, asistiendo en directo a un concierto de Magán y dándome cuenta de que su música me hacía desear tener la cadera de una dominicana para poder bailar de forma decente.

¿Por qué parece que tengo los huesos de metal cuando bailo?

Pero empecemos por el principio. Todo comenzó cuando me embarqué en el décimo aniversario de Desalia. Y sí, digo embarcar porque esta experiencia la realicé a bordo de un crucero. (Minuto de silencio por Jack). Para celebrar una fecha tan especial, Ron Barceló nos pidió que nos vistiésemos de blanco (malditas torrijas de Semana Santa) y nos dejásemos llevar por el electrolatino. Hecho.

Imaginadme así mejor, por favor.

Siguiendo la tradición marinera, aquí os dejo mi diario de a bordo.

00:30 a.m. Engalanada con mi mejor vestido blanco (y el único), hago acto de presencia en la cubierta del barco. Me acerco a la barra y pido un ron (como los buenos bucaneros) y me dispongo a socializar un poco. Un momento. ¿Es ese Maxi Iglesias? A ver, no puede ser. Pelazo, ojos azules, piel morena, sonrisa encantadora. O es él o me he encontrado al príncipe Disney en persona. Nuestras miradas se cruzan. Sonríe.

00:40 a.m. Me doy cuenta de que llevo diez minutos petrificada. ¡Me ha sonreído! Porque estoy en alta mar y sin datos (maldita itinerancia), que si no lo subo a Twitter, Instagram, Snapchat, Facebook y, cuando me beba un ron más, a Linkedin.

Y mi corazón latía así de fuerte.

00:42 a.m “Está aquí rodando un corto con Juan Betancourt”, me dice una chica que se ha dado cuenta de que estoy absorta mirándolo de reojo. “¿Has dicho Juan Betancourt?”, le grito. Me mira con cara de “esta chica está muy mal de lo suyo” y me dice: “Sí, y acaba de llegar. Si te giras lo verás”.

Eso intentaba.

00:45 a.m Ahí está. Tan guapo y alto como lo imaginaba. ¿Estoy en una especie de isla, rollo Perdidos, en la que el destino me premia por mi desastrosa vida sentimental? No lo sé, pero no voy a pellizcarme por si me despierto. Lo observo fijamente y veo que se acerca a Maxi. No way. Se saludan con un abrazo. Foto mental. (Aunque soy buena y os dejo una de los dos durante el rodaje del corto).

Andres y lucas , dos tontos muy tontos! 🎥#aniversariodesalia @ronbarcelospain

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00.55 a.m. Faltan cinco minutos para que salga Juan Magán al escenario y aún no puedo creerme que comparta espacio físico con Maxi y Juan (ya les nombro como si fueran mis amigos). Estoy tentada de ir a hablar con ellos. Sin embargo, un montón de chicas se acercan para hacerse fotos. Aceptan cada una de ellas y de buen agrado. ¿Pueden ser más majos? Ains.

01:00 a.m. Un fogonazo de luz hace que mire al escenario. ¡Es Juan Magán! Ay, madre. Mi experiencia con su música es limitada y solo fui a zumba durante dos meses. (No queráis saber por qué).  ¿Seré capaz de bailar electorlatino sin perder la dignidad delante de Maxi y Juan? Sí, yo creía que estarían pendientes de mí.

@juanmagan lo está dando todo en #AnivesarioDesalia. Y nosotros con él. 🛳😎 #RonBarceló #Fiesta #Barceló #Crucero

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01:02 a.m. Noto cómo mis pies quieren moverse y les dejo que lo hagan. Vaya, aún no me he caído. Bien. Mis caderas quieren acompañar el movimiento. “A ver amiga, que no eres Shakira”, me digo mentalmente. Miro alrededor mientras Magán me cuenta que “ayer la vi bailando por ahí”. ¿Se refiere a mí? ¡Qué narices! A desmelenarse.

Con este fiestón por delante, ¿cómo no hacerlo?

01:30 a.m. Estoy en mi salsa, sigo de una pieza y nadie me ha echado del barco de vapor por arrítmica. ¡Ay! He perdido de vista a Maxi y Betancourt. Miro mi copa y está vacía. Probablemente porque la mitad se ha caído al suelo mientras intentaba ‘perrear’. (Imaginad dónde está la otra mitad). Voy a la barra y así aprovecho para dar una vuelta de reconocimiento.

01:40 a.m. Consigo llegar a mi destino después de que me paren como 500 veces para bailar. ¡Qué subidón! La gente está pasándoselo de miedo y por un momento me da la sensación de que estoy en República Dominicana. “Un ron con limón, por favor”, digo con mi mejor sonrisa.

Que es esta.

01:42 a.m. Noto que unos chicos se ponen detrás de mí. “Ya están los pesados de siempre intentando colarse”, pienso. Me giro con cara de perro (pero no el de antes) y me quedo muda. Son Juan y Maxi. Me sonríen y me dicen “hola”.

Y esto ocurrió en mi cerebro.

01:43 a.m. “Hola”, contestó de manera inmediata. Me miran, los miro y nos sonreímos. No sé ni cómo me llamo ahora mismo. Me giro como si no me importara nada lo que acaba de pasar.

Y en cuanto les doy la espalda, pongo esta cara.

01:45 a.m. Me siento como un pavo real. No me malinterpretéis. Estoy acostumbrada a ver famosos debido a mi trabajo, pero el electrolatino me tiene poseída en el buen sentido. Vuelvo con mis compañeras de viaje y una de ellas me reta a acercarnos a la primera fila. Acepto. Hoy no me para nadie.

02:00 a.m. Quince minutos tardamos en llegar al escenario. ¿El motivo? Hemos bailado, hablado (a gritos) y reído con un montón de personas. ¿Pero de dónde ha salido tanta gente? “Conseguí las invitaciones en un concurso vía redes sociales y podía traer a 2, 4 o 6 amigos”, me dice un chico sevillano. Vale, ahora ya sí que me salen las cuentas. Llegamos a línea de meta y puedo ver a Juan Magán a cinco metros de distancia.

Y yo estaba ahí delante de él. © Cortesía de Ron Barceló.

02:30 a.m. Es oficial. Soy fan y groupie del cantante. Me muevo al ritmo de la música y no me importa lo que nadie piense de mi forma de bailar. ¡Soy como Billy Elliot! Más o menos. Los cañones de humo nos ‘disparan’ y nos sumimos en una intensa niebla. Y por un momento, Juan Magán consigue lo impensable. Me hace recordar cuando montaba en el tren de la bruja y pasábamos a toda velocidad por el túnel neblinoso para encontrarnos con la malvada señora de la escoba voladora.

Gwen me entiende.

03:00 a.m. Termina el concierto. Magán se despide y me sorprendo a mí misma pidiendo un “otra-otra”. No lo hay. Bueno, me iré a por otra copa y con suerte volveré a encontrarme con Maxi y Juan.

P.D: Hubo suerte. Coincidí con ellos en la discoteca minutos después y seguí mirándolos de reojo. No he dormido mejor en mi vida. Gracias, Desalia.

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