10 lecciones de vida que aprendimos de Downton Abbey

¿Quién dijo que de la vida de una mansión señorial inglesa de principios del siglo XX no se puede aprender mucho?

Una vez más, será el ya tradicional capítulo de Navidad que se emite en Reino Unido esta noche el que remate la temporada de Downton Abbey. Pero el de hoy es aún más especial si cabe, ya que será, además, el último de la serie. Un capítulo final en el que se espera que se completen las tramas principales, se zanjen desencuentros y, sobre todo, se cierren las puertas de la mansión británica más famosa de los últimos años, con permiso de la Familia Real.

Solo guionistas, actores y equipo de rodaje saben qué pasará en Downton en un capítulo de dos horas, ambientado entre julio y diciembre de 1925. Una espera que se hace eterna para los fans y que seguro atrapará a millones de espectadores delante del televisor. Mientras, podemos repasar las sabias lecciones que hemos aprendido desde que hace cinco años, un 26 de septiembre de 2010, la familia Crawley y sus empleados de servicio irrumpieran en nuestras vidas. Como se suele decir… ¡OJO, SPOILERS!

10 lecciones de vida que aprendimos de 'Donwton Abbey'... y 10 frases rotundas de Lady Violet.
10 lecciones de vida que aprendimos de ‘Donwton Abbey’… y 10 frases rotundas de Lady Violet.

1. El amor no tiene edad; pero el odio, sí. El público de Downton Abbey no está restringido a una edad concreta, pero sí es cierto que tiene más predicamento entre los mayores que entre los adolescentes. Quizás como guiño a esa audiencia fiel, en la mansión hemos visto historias de amor tanto de las abuelas como de los nietos. Sin embargo, poco a poco, los personajes más malvados empiezan a humanizarse, a dar más amor del que han dado nunca. Hay un motivo: el miedo a envejecer solos y abandonados por el mero hecho de haber sido unos amargados crueles toda su vida.

“Nadie quiere besar a una chica de luto”.
“Nadie quiere besar a una chica de luto”.

2. Donde esté un equipo de personal de 20 personas, que se quite la tecnología. Quién quiere vaporetta, robot de cocina o lavavajillas si puede tener a todo un ejército de sirvientes dedicados en cuerpo y alma a que no haya una mota de polvo. Por algo será que los salones de Downton están igual de limpios que la casa de nuestros abuelos, que, casualidad, tampoco tenían esos aparatos. ¿Aún te sorprende que las horas que inviertes en limpiar tu casa los sábados por la mañana no cunden? ¡Te faltaba el servicio!

“La vulgaridad no es sustituta del ingenio”.
“La vulgaridad no es sustituta del ingenio”.

3. Se puede servir en una mansión y ser emprendedor. Porque a la hora de tener ideas, no hay clases sociales ni títulos nobiliarios. En estos años hemos visto a Thomas Barrow tratar de convertirse en distribuidor de ultramarinos, a Lady Edith convertida en editora de revista femenina, a Mrs. Patmore en propietaria de lo que ya podemos llamar “hotel rural con encanto”… e incluso a un mayordomo, Andy, con ganas de convertirse en porquero.

“¿Qué es un fin de semana?”
“¿Qué es un fin de semana?”

4. Se puede ser un irlandés guapo sin tener que ser también pelirrojo. En el caso de Allen Leech, el actor que encarna a Tom Branson, además, con el certificado de haber sido elegido el irlandés más sexy por una revista de la Isla Esmeralda. Downton Abbey no es una serie que se haya esforzado en alimentar la líbido de los telespectadores con torsos desnudos y pechos turgentes, pero la escena descamisada del ex-chófer dio la vuelta al planeta. ¡Ponga un irlandés en su vida!

“Toda esta alegría desenfrenada me ha dado bastante apetito”.
“Toda esta alegría desenfrenada me ha dado bastante apetito”.

5. Las ancianas de la tele nunca mueren. ¿Qué tienen en común Herminia López y Violet Crawley, condesa viuda de Grantham? Es fácil: son inmortales. Claro que la primera se lleva la palma, pues ya ha visto la victoria de Massiel en Eurovisión y, a este paso, va a ver también el gol de Iniesta. Y la condesa, que ya era anciana cuando se hundió el Titanic, aun tiene cuerpo para marcharse de vacaciones por París dos décadas después. ¿Qué opinará Jordi Hurtado de este curioso fenómeno?

“Soy una mujer. Puedo ser tan contradictoria como quiera”.
“Soy una mujer. Puedo ser tan contradictoria como quiera”.

6. Ser fiel de verdad implica solidarizarse con el jefe convaleciente y no beber alcohol ni en casa. Claro que sí. Si algo nos ha enseñado el señor Carson es que un Lord merece unos límites de empatía que van más allá de lo establecido. Y si este no puede beber el mejor vino de la bodega porque, entre susto y susto, decide cuidarse tras una operación de estómago; él tampoco bebe, ni a solas con su mujer en casa. ¡Impensable tanta desconsideración!

“Espero que tu halo no pese mucho. Sería como llevar una tiara todo el día”.
“Espero que tu halo no pese mucho. Sería como llevar una tiara todo el día”.

7. A un cascarrabias se le perdona todo… si es tu cascarrabias. O como, al final, hasta las más abiertas de mente son capaces de mirar a otro lado si se trata del que queremos. Lo sabe bien la señora Hughes (¿o habría que decir la señora Carson?), que va décadas por delante de su marido en temas como el feminismo o la integración social pero que, a la hora de la verdad, prefiere dejarle hacer. Total, es viejo para cambiar y ya ella hará lo que quiera cuando se dé la vuelta.

“Ninguna vida parece gratificante si se le da muchas vueltas”.
“Ninguna vida parece gratificante si se le da muchas vueltas”.

8. El secreto para trabajar con tu pareja y no mezclar mundos es llamaros por el apellido. Quizás más de una pareja debería comenzar a llamarse de usted y por sus apellidos en la oficina. Sonaría raro al principio, pero si resulta tan productivo como en Downton, donde los Bates y los Carson trabajan codo con codo sin tirarse las ollas de Mrs. Patmore a la cabeza durante años, seguro que no es mala idea.

“Todo el mundo pasa por el altar con la mitad de su historia escondida”.
“Todo el mundo pasa por el altar con la mitad de su historia escondida”.

9. Ser mayordomo a tiempo completo permite más hobbies que a tiempo parcial. Porque entre lo que tardar en arreglar tu casa, hacer el trayecto, trabajar, volver y demás, se te va todo el día y no has hecho nada productivo. En cambio, el servicio que vive y trabaja en Downton puede prepararse exámenes universitarios, invertir en bolsa, leer periódicos y revistas, tejer… Y no digamos ya en el caso de Spratt: coleccionista e incluso consultor femenino. ¡Todo un partido!

“Odio las tragedias griegas cuando suceden fuera del escenario”.
“Odio las tragedias griegas cuando suceden fuera del escenario”.

y 10. Que por mucho que pase el tiempo, seguimos tropezando en las mismas piedras, acertando con la misma fortuna y sufriendo con la misma pasión. Sobre todo en lo referente a la familia y al amor. Da igual que estemos en los años 20 del siglo pasado o en la actualidad. Como dijo cierta ex-bloguera de moda… “Todas somos un poco Lady Edith”.

“No te rindas, querida, es muy de clase media”.
“No te rindas, querida, es muy de clase media”.

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