Las 7 cosas que aprendes al firmar en La Feria del Libro cuando nadie te conoce

La colaboradora de Grazia, Marita Alonso, se estrena como escritora con un mordaz libro sobre las relaciones de hoy en día (que deberías leer SÍ o SÍ).

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Si alguna vez has soñado con escribir un libro, lo más probable es que te hayas imaginado a ti misma firmando tu obra rodeada de hordas de fans ansiosos por conseguir llevarse un poquito de ti al comprar su ejemplar. O quizás este sueño solo deambule por mi egocéntrica mente, pero cuando me ofrecieron firmar mi primer libro, Antimanual de Autodestrucción Amorosa, en la Feria del Libro de Madrid tras haber sido publicado tan solo un día antes, no lo dudé: tenía que hacerlo. Tenía que cumplir ese sueño. El de acostarme con Tom Hardy se me antoja lejano, y pasarme dos días metida en una caseta en El Retiro a cuarenta grados terminó por parecerme inquietantemente apetecible.

Temía verme rodeada de presentadores y youtubers acompañados por sus centenares de fans mientras yo fumaba sola en una caseta mirando mi pobre libro abandonado a su suerte. Y, ¿sabes qué? Tenía razón. Tenía tooooda la razón. Porque cuando nadie sabe que existes, tu firma vale tanto como un “te quiero” en medio de una conversación de Tinder. Spoiler: nada.

Tras cuatro horas “firmando” a lo largo de dos días, estas son las conclusiones que he sacado de la experiencia…

En ‘Antimanual de autodestrucción amorosa’ encontrarás una crítica inteligente y aguda del amor (el inculcado por Disney) y del sexo (el sucio y el impoluto). Ed. Aguilar (16,90€).
  1. Tienes que ser youtuber

Escribir es bonito, pero contar tu vida por Youtube parece serlo más. O al menos, cuando tengas que vender, es lo que vas a pensar. Maldigo haber utilizado mi portátil para escribir y no para grabarme con la WebCam. Quizás así habría vendido más ejemplares. Cuidado, 2018, porque voy fuerte: como me abra un canal de Youtube, pienso hacer temblar a la literatura española.

 

  1. Serás tendera

Por mucho que TU NOMBRE aparezca sobre la caseta y estés rodeada de TUS LIBROS, la gente dará por hecho que no eres la autora, sino que estás ahí para vender libros. Y no los tuyos. Cuando esta pasada edición me preguntaron por el último de Allende, respondí que si querían, podían comprar el mío y que yo les firmaría como Allende. No coló. Y lo agradezco, porque la suplantación de identidad es lo que me faltaba en mi historial delictivo.

 

  1. La gente ratea

“Tiene muy buena pinta, pero solo me he traído cuatro euros” es una de las frases que me han soltado ante mi incrédula mirada. Un grupo de chicas intentó recopilar monedas para comprar mi libro, y cuando lograron reunir ocho euros mientras yo las observaba con cara de Ramón García en Qué Apostamos, decidieron rendirse. Supongo que unas latas de cerveza se perfilaron en sus mentes más interesantes que mi escrito. Puestos a elegir rubias, las de cebada siempre ganan. ¡Maldita sea!

 

  1. Eres juzgado “in the face”

La gente cogerá tu libro y leerá un extracto al azar en tu cara, bajo tu atenta mirada. “Eres muy graciosa” ha sido una de las frases que más me han repetido. Un hombre mayor quedó impactado (en realidad, horrorizado) por la portada. No intentó camuflarlo. “Madre del amor hermoso” fue su veredicto. Me miró con lástima, moviendo lentamente la cabeza – le faltó santiguarse- y abandonó la caseta como quien huye de Lucifer. Si llega a abrir el libro y a leer una sola línea, habría infartado. Y el titular de “Hombre sufre un infarto tras leer ocho palabras de Antimanual de Autodestrucción Amorosa” me habría ayudado a vender.

La autora en su momento en la caseta de la Feria del Libro.
  1. Atraes a quien no debes

La portada de mi libro es de Alfonso Casas. Al ser una ilustración, y al ser de color rosa empolvado, muchas niñas se veían atraídas por mi Antimanual. Creo firmemente que hay que advertir a las pequeñas desde bien jóvenes acerca de lo que la vida amorosa y sexual REAL les depara, pero tampoco hay que pasarse de precoz. Las madres, tras leer la contraportada y asegurarles a sus retoños que no iban a llevarse el libro a casa, alejaban a las niñas de mi caseta con la misma cara con las que el señor mencionado anteriormente huyó de mí.

 

  1. La humillación es un buen trampolín…

… quizás a una piscina vacía, pero es un trampolín, al fin y al cabo. Tienes que ir mentalizada de que es más que probable que vendas menos de cien ejemplares tu primera vez, pero lo importante es que la gente se fije en tu libro, en la portada y en tu nombre. Vamos: que les suenes de algo. Eso si tienes suerte y tu nombre aparece bien escrito, porque yo me he encontrado María en un pequeño cartel junto a mi cara. Y me llamo Marita. Cosas de la vida.

 

  1. Ligas

Hoy en día, ligar es posible hasta en la charcutería, pero supongo que cuando te enfrentas a la mirada masculina desde una caseta, te conviertes en el imaginario de los hombres en un premio de feria. En el trofeo a conseguir tras disparar la escopeta de perdigones sobre una diana. Mi don Juan preferido ha sido un hombre que fingía estar muy interesado en el libro tras mirarme atentamente desde la lejanía durante unos inquietantes minutos. Repito: el libro es rosa. Mucho. Pero él fingía un desmesurado interés. Cuando me ha preguntado de qué trata, le he comentado que él, como hombre, ha de leerlo para entender que las mujeres somos conscientes de sus estrategias de seducción, pero que su mujer lo iba a apreciar más. “¿Por qué das por hecho que estoy casado?”, me ha preguntado. “El dorado de tu anillo destaca bastante frente a la portada del libro”. Menos mal que la mentalidad Busco Oro nos ayuda a no Encontrar Desgraciados.

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