‘Esperando a Pingüi’: la cara A de la gestación subrogada

¿Estarías dispuesta a que otra mujer gestara a tu hijo? Los embarazos subrogados despiertan tanta polémica como curiosidad. Anabel y Rubén nos cuentan por qué recurrieron a esta técnica reproductiva para ser padres.

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Los embarazos subrogados despiertan tanta polémica como curiosidad y son un tema complejo que en España todavía se mantiene en el filo de la ley: no está permitido, pero sí pueden inscribirse en el registro civil como propios a los hijos que hayan nacido por maternidad subrogada en los países en los que sí es legal. Un debate controvertido y plagado de matices que los partidos políticos acaban de volver a poner sobre la mesa. Ciudadanos (el único partido que se muestra a favor de su legalización) ha hecho la primera propuesta; mientras, el pasado martes, el gobierno vasco equiparó los permisos de paternidad y maternidad por vientre de alquiler a los de parto o adopción.

Pero el polémico tema tiene muchos matices y aristas. Muchas caras e historias como las de Anabel y Rubén…

Portada del libro de la Editorial Chocolate.

Deseaban con toda su alma ser padres. Pero el cáncer se cruzó en el camino de Anabel Manchón y Rubén García Ríos, complicando todos sus intentos por crear una familia. La gestación subrogada les permitió, finalmente, tener a su hijo Rafael, al que cariñosamente llaman Chencho. Para él y otros niños que han nacido mediante esta técnica, han escrito Esperando a Pingüi: un cuento que normaliza un asunto polémico que está de plena actualidad.

La vuestra es una larga historia con final feliz…

Cuando sufrí cáncer de mama en 2009, nuestra vida dio un vuelco de 180 grados: las prioridades cambiaron radicalmente y nos dimos cuenta de lo verdaderamente importante en la vida. Tras salir airosos de varias recaídas (el cáncer llegó a metástasis), decidimos centrarnos en completar nuestra familia. Intentamos ser padres a través de la adopción, pero tras seis años de negativas debido a la enfermedad y en contra de los informes médicos satisfactorios, probamos con la acogida internacional. Nos dimos cuenta de que no deseábamos una paternidad temporal o que nuestro hijo pudiera irse de nuestro lado, por lo que la descartamos. Para nosotros solo quedaba una opción para ser padres y formar nuestra familia: la gestación subrogada.

 

Estamos acostumbrados a que sean las parejas homosexuales las que más utilizan esta técnica…

Entendemos que para los homosexuales sea su primera opción, porque ellos no pueden quedarse embarazados por medios naturales, ni acudir a inseminaciones mediante fecundación in vitro o similar. Si quieren tener un hijo genéticamente suyo, solo les queda la gestación subrogada. La adopción también es una puerta abierta para formar una familia, pero está casi siempre cerrada para el colectivo LGTB o personas con problemas médicos, como fue nuestro caso.

 

¿Por qué elegisteis Tailandia como destino para buscar a la gestante? ¿Qué os ofrecía esta opción?

Cuando nos decidimos a iniciar nuestro proceso de gestación subrogada, evaluamos diferentes países: unos los descartamos por su coste, como Estados Unidos; otros por sus conflictos bélicos, como Ucrania con Rusia. Nos quedaban India y Tailandia: entonces, India cambió su ley y restringió el acceso a la gestación subrogada para españoles, así nos decidimos por Tailandia. En un par de ocasiones ya habíamos visitado “el país de los hombres libres” como les gusta hacerse llamar, nos atraía su manera de ver la vida, la amabilidad de su gente y su cultura.

 

Vosotros habíais crionizado los óvulos de Anabel. ¿Pudisteis utilizarlos?

Quisimos aportarlos, teníamos la opción inicial de mandarlos de España a Tailandia, pero en el viaje podían sufrir mucho y no había garantías de supervivencia, por lo que nos recomendaron crear embriones. Al solicitar la creación de embriones y preguntarnos el motivo, ya que sabían que Anabel no podía gestar, nos negaron la creación de embriones si no eran para realizar una técnica de reproducción asistida legal en España. Nuestro país no permite el envío de material genético para realizar un procedimiento de gestación subrogada en el extranjero, por lo que tuvimos que recurrir a la donación de óvulos. A través de la clínica en Bangkok, elegimos a nuestra donante; la misma clínica hizo la valoración y selección de la gestante, Nawarat.

© Cordon Press

¿Cómo reaccionó vuestro entorno con la noticia?

Conocían de primera mano nuestros esfuerzos por ser padres y las negativas que habíamos recibido en la adopción; así que entendieron perfectamente por qué tomábamos esa decisión, y nos apoyaron en el viaje que iniciamos. Sin el apoyo de nuestra familia no hubiéramos podido hacerlo, tanto a nivel económico como de soporte emocional, además de hacerse cargo del cuidado de la otra parte de nuestra familia, el perro y el gato, durante nuestra estancia en Tailandia. Pero no todo el mundo lo entendió, ni prestó su apoyo: como siempre, en las situaciones complicadas, te das cuenta de quiénes son amigos de verdad.

 

¿Cómo vivisteis el embarazo? Supongo que estar tan lejos, crearía sentimientos encontrados…

El embarazo en la distancia es un poco montaña rusa, está lleno de emociones, inquietudes, en ocasiones miedos y dudas, y también muchos nervios; pero, sobre todo, el sentimiento mayor es la felicidad. En cuanto supimos que nuestra gestante estaba embarazada, no podíamos dejar de sonreír. Nos parecía casi increíble que nuestro sueño se estuviera cumpliendo.

 

¿Qué relación mantuvisteis y mantenéis hoy con Nawarat?

Durante el embarazo, apenas pudimos tener contacto con ella: el idioma es una barrera muy fuerte, además de la diferencia horaria. No pudimos conocerla hasta que viajamos a Tailandia unas tres semanas antes del nacimiento de nuestro hijo. A partir de este momento, nos comunicábamos a diario a través de algo similar a Whatsapp. Aún hoy seguimos en contacto, intercambiándonos fotos y vídeos de nuestro hijo y de los suyos. Nawarat es muy importante para nosotros; sin ella, hoy no seríamos la familia que somos.

 

¿Qué sentisteis al saber que estabais esperando, por fin, a Rafael? ¿Y cuando nació?

Nuestra primera transferencia de embriones fue negativa, y eso nos desmoralizó un poquito. Con el segundo intento, estábamos mucho más temerosos y casi seguros de que sería negativo, así que cuando nos dijeron que el test de embarazo era positivo no podíamos creerlo. El parto fue muy emocionante: Rubén pudo acceder al paritorio y coger en brazos a Rafael; yo no pude, y me tocó esperar fuera muriéndome de nervios hasta que por fin les vi salir. No podía dejar de llorar de felicidad. Cuando tienes a tu hijo por primera vez en brazos, es cuando sabes que todo ha merecido la pena: los viajes, los esfuerzos, la distancia con los tuyos… Porque en ese preciso instante tienes contigo todo lo que quieres.

 

¿Qué opináis de la falta de legislación al respecto de la gestación subrogada? Los partidos políticos no se ponen de acuerdo…

Es triste ver que España se queda rezagada en cuanto a su regulación, sobre todo, por desconocimiento de la misma. La OMS la considera una técnica de reproducción asistida; la ley de reproducción asistida española también la reconoce, y estipula que los acuerdos de gestación subrogada establecidos en España serán nulos de pleno derecho, pero no en el extranjero: por eso, es posible ir a un país donde se pueda llevar a cabo y regresar a España una vez finalizado. Creemos que se están limitando los derechos de reproducción a muchos españoles: mujeres que no pueden gestar por diversas índoles o dolencias, hombres solos y parejas gays. Sin duda, tarde o temprano, tendrán que darles acceso a la paternidad. Además, están los derechos de nuestros hijos, los nacidos por gestación subrogada, que deben ser respetados y protegidos: tienen derecho al reconocimiento de la paternidad de sus padres, de su ciudadanía, etc.

 

¿Qué pensáis de las feministas que consideran que supone un uso indebido del cuerpo de la mujer?

No compartimos su pensamiento, ni su postura en contra de la gestación subrogada. Hablan de la cosificación de la mujer, pero no conocen a las gestantes ni a los padres e hijos que hemos recurrido a esta técnica. Se escudan en las noticias sensacionalistas sobre el tema para generalizar y aplicar su sermón moralista, noticias que también podemos encontrar en adopción o acogida, y que no por ello son denostadas como sí hacen con la gestación subrogada.

 

Vosotros estáis a favor de que la gestante perciba una compensación económica. ¿Por qué?

Sí, al igual que se hace con los donantes de esperma y las donantes de óvulos. La compensación es una contraprestación por la dedicación y molestias que pueden ocasionarse. Evidentemente, la dedicación y molestias de un donante de esperma son mucho menores que la de una donante de óvulos, y así, la compensación de una gestante es bastante mayor: va a cuidar de nuestro bebé durante nueve meses, su cuerpo va a transformarse, podrá tener molestias propias del embarazo o incluso secuelas derivadas del mismo, ¿cómo no vas a compensarla? Ahora bien, el acto de una mujer al gestar el bebé de otros es un acto altruista en sí, no creemos que ninguna gestante se mueva por la compensación económica. Nawarat es budista: su fin era ayudar a una familia con lo que ella tenía, su capacidad de gestar, algo que para ella era fácil y para nosotros imposible.

Fotograma de ‘Qué esperar cuando estás esperando’.
  • #NOSOMOSVASIJAS

Pueden decirlo más alto, pero no más claro. Porque con este nombre, la plataforma contra la gestación subrogada –creada por filósofas, académicas y destacadas mujeres del mundo de la cultura y el feminismo– busca frenar cualquier iniciativa que regularice esta práctica y erradicarla en todo el planeta. La consideran “éticamente injustificable”, entre otras cosas porque “alquilar el vientre de una mujer no se puede catalogar como técnica de reproducción asistida, ya que las mujeres no son máquinas que fabrican hijos en interés de los criadores”. También porque “niega a las mujeres gestantes el derecho de decidir durante el embarazo y en la posterior toma de decisiones relativas a la crianza, cuidado y educación del menor”.

“Se quiere convertir el deseo de ser padres en un derecho. Y eso no es así”, asegura Yolanda Besteiro, presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas, participante en la plataforma. “Tras la gestación subrogada hay un negocio en el que ganan todos, menos las mujeres, que están desprotegidas. Conduce a la explotación de sus cuerpos: no somos úteros andantes. Por otra parte, ¿qué pasa con ese bebé? ¿Si viene mal, se puede devolver? Regulamos la adopción para proteger a los niños, mientras que en la llamada gestación por sustitución se pueden comprar y vender. La fórmula idónea es adoptar, y si creemos que no está adecuadamente legislado, cambiémoslo para que quienes deseen ser padres y no puedan lo logren por esta vía”.

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