La brecha del orgasmo

La salarial nos preocupa, faltaría más. Pero no es la única diferencia entre hombres y mujeres que en 2018 todavía hay que colocar sobre la mesa.

Todo el mundo sabe cómo funciona esto: el hombre se excita, inicia el coito, eyacula y la relación se acaba. Plain and simple. 100% reproducción friendly. Como toda la vida se ha hecho™. ¿Por qué iba a ser esto raro o un problema? Bueno, raro, por desgracia, no es; un problema, definitivamente sí. Pero, ¿qué hay detrás de todo esto? ¿De quién es la culpa? O mejor dicho, ¿es de alguien la culpa? ¿Ya están las feminazis culpando a los hombres por todo, malditas amargadas? Metámonos en este jardín.

“¿Qué hay detrás de la brecha del orgasmo? ¿De quién es la culpa? O mejor dicho, ¿es de alguien la culpa?” © Getty Images

Una amiga mía tuvo un flechazo con un chico. Se habían gustado hacía años, en el Instituto, pero entonces no había podido ser y ¡oh!, el destino, que hace extraños compañeros de viaje, el karma, las segundas oportunidades… total, que planearon un viaje romántico en plan locura para poder estar los dos juntos. Se fueron, y todo fue idílico hasta que se acostaron por primera vez, porque cuando él terminó, se dio la vuelta y cayó profundamente dormido.

Al día siguiente, igual. Al siguiente, la misma operación. Mi amiga volvió de aquel viaje alucinada, no porque hubiese pasado aquello, sino por lo natural que había sido para aquel tipo dar por terminada una relación sexual a golpe de ronquido. Al chaval le resultaba totalmente ajena la idea de tener que proporcionarle un orgasmo a su pareja tras el coito. Algo así como que ‘esto es lo que hay’, estate atenta, nena. Si parpadeas te lo pierdes.

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“Estate atenta, nena. Si parpadeas te lo pierdes”.

Por supuesto, no era la primera vez que le pasaba en su vida; y ese es el problema, que esto es muy normal. ¿Os imagináis la situación al revés? Una mujer que alcanza su orgasmo en mitad del coito e inmediatamente se levanta y se echa a dormir, dejando al hombre con dos palmos de narices y uno de… bueno, dejémoslo ahí. Qué locura, ¿no?

¿Qué es la brecha de orgasmos?

Empecemos por lo primero, ¿qué es la brecha de orgasmos o brecha orgásmica? Básicamente, que en las relaciones sexuales heterosexuales, los hombres tienen mayor número de orgasmos que las mujeres. Bien, ¿y esto por qué sucede?

Lo primero es preguntarse a qué llamamos ‘sexo’. Porque echando un vistazo a lo que encontramos en las películas, los medios de comunicación o el porno, nos queda bastante claro qué se entiende por sexo: un hombre y una mujer practicando el coito hasta que el macho alfa termina. El placer del hombre es el centro de la acción pero además el sujeto activo; él es el que busca sexo y la mujer, poco menos que un objeto que se lo facilita. Es difícil encontrar una imagen pornográfica donde veamos a varios hombres complaciendo a una mujer, mientras que lo contrario es tan habitual como buscar por ‘orgía’. Teniendo en cuenta todo este contexto, nos damos cuenta de que el orgasmo femenino, parece invisible.

El orgasmo femenino en la cultura popular es un poco así: i-n-v-i-s-i-b-l-e.
El orgasmo femenino en la cultura popular es un poco así: i-n-v-i-s-i-b-l-e.

Nunca es el centro de una escena porno, no nos lo cuentan en las películas, rara vez lo vemos. Parece que está tan normalizado que casi lo tenemos por un suceso biológico. Lo típico, las mujeres son taaaaan difíciles de complacer. Quién sabe qué pasa ahí abajo, ¿verdad? Total, si ellas solo practican sexo por las caricias y la intimidad, no les importa no llegar al orgasmo siempre. No es como si fuesen tíos que, ya sabes, corres el riesgo mortal de que te estallen las gónadas si no tienes relaciones sexuales. Las mujeres son otro rollo.

El placer del hombre es el centro de la acción pero además el sujeto activo; él es el que busca sexo y la mujer, poco menos que un objeto que se lo facilita.

Sí, las mujeres somos exactamente el tipo de rollo que consiste en que te han educado para ser complaciente y encontrar placer en ello y sobre todo, para no quejarte mucho. Los peores amantes que te puedas echar a la cara, te dirán que a él “nunca se le han quejado”. Y no te queda duda de que será verdad. Las mujeres no nos quejamos. No pedimos. Sonreímos y decimos que no pasa nada y luego nos vamos y no volvemos a quedar contigo. Se llama Patriarcado y nos lleva a pensar que casi seguro habrá sido culpa nuestra. Pero no, no es la biología la que nos impide tener más orgasmos, es la cultura.

Cuando un hombre te dice que 'a él no se le han quejado'...
Cuando un hombre te dice que ‘a él no se le han quejado’…

Si antes nos preguntábamos qué entendíamos por ‘sexo’, ahora es fácil responder que el único acto considerado como tal, es el coito, que es la práctica que mayor placer proporciona a los hombres. En cambio, las prácticas en las que es más posible que una mujer alcance el orgasmo como la estimulación del clítoris, son más bien consideradas ‘jugueteo previo’, o lo que es lo mismo ‘voluntario’ u ‘opcional’. Y aquí llegamos a la clave; el orgasmo de la mujer es opcional, el del hombre el fin último de la relación. Es esta desigualdad la que está haciendo tan infelices a tantas mujeres en la cama, y vosotros preocupados midiéndoos los miembros todavía a estas alturas de la vida.

Total, si las mujeres solo practican sexo por las caricias y la intimidad, no les importa no llegar al orgasmo siempre.

Otros factores que nos afectan

Entonces, tenemos a una sociedad que normaliza a la vez que el sexo se reduzca al coito y a la penetración y que las mujeres no son fáciles de complacer y por ello no deberíamos esforzarnos demasiado. O quizá es aún la pátina freudiana de que las mujeres deben disfrutar del coito y si no lo hacen es porque algo en ellas está mal. Pero las cifras nos dicen que solo alcanzan el orgasmo durante la penetración entre un 3 y 10% de las mujeres, ¿es que estamos todas mal? La luz empieza a llegar cuando exploramos la otra brecha, la que separa a las mujeres heterosexuales de las homosexuales.

Entre un 3 y un 10% de mujeres alcanza el orgasmo durante la penetración.
Entre un 3 y un 10% de mujeres alcanza el orgasmo durante la penetración.

Parece ser que las mujeres que se acuestan con mujeres tienen tasas de orgasmos similares a las de los hombres heterosexuales. Si había un dato que podía decirnos que no hay absolutamente ninguna inutilidad innata en el cuerpo de las mujeres a la hora de llegar al clímax, sino más bien todo lo contrario, era este. En las relaciones en las que no hay hombres, hay más orgasmos para ellas, lo cual nos lleva a pensar que no es un problema del clítoris, sino más bien de lo que se hace con él.

"Si alguien no se toma en serio tus orgasmos mándale bien lejos, al otro lado de la brecha, como mínimo".
“Si alguien no se toma en serio tus orgasmos mándalo bien lejos, al otro lado de la brecha, como mínimo”.

¿Qué más elementos nos influyen a la hora de ahondar en esta brecha de orgasmos? Otro de los motivos es la presión social sobre el cuerpo femenino, que provoca que muchas mujeres estén más centradas en cómo estarán siendo vistas por sus parejas que en la relación sexual en sí. Así que, ¿de quién es la culpa? ¿qué podemos hacer? No, no vamos a decir que los hombres tienen la culpa de todo y que deberían pedirnos perdón por existir pese a que me van a acusar de ello igualmente en los comentarios, obviamente existen casos donde se da la situación contraria, pero obviamente, el hecho de que el sexo heterosexual sea coitocentrista al 100% no va a ayudar a que esta brecha se supere. Así que, quizá sea un buen momento para empezar a revisar un par de cosas. Por qué el placer de la mujer ha sido relegado a ‘jueguecitos’ que pueden pasarse por alto y el del hombre se ha convertido en el centro y sobre todo, cómo revertirlo.

Tratar de hacer desaparecer esta desigualdad es tan revolucionario como salir con pancartas a la calle. Mujer, tienes derecho a tu orgasmo, exígelo. Y si a alguien le parece que eso es de ser una zorra demasiado exigente o se toma tus orgasmos como un segundo plato o un mal necesario, mándalo bien lejos, al otro lado de la brecha, como mínimo. Porque si lo personal es político, lo sexual ya ni te cuento.

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