La comida sabe mejor cuando la subes a Instagram

Los pocos segundos que necesitamos para hacer una foto a nuestro plato y subirla la red social son suficientes para crear en nuestro cerebro la sensación de que el plato estará más sabroso.

Ya no hay que inventarse ninguna excusa para sacar el móvil y hacerle una foto al plato que acaban de dejarnos delante, sobre la mesa del restaurante (¿y qué si te quieres levantar para hacerla desde arriba y que se vea mejor?). Mucho menos para aplicarle algún filtro antes de subirla a Instagram y que nuestros miles, cientos muchos seguidores puedan darle a ‘me gusta’. Y todo porque, gracias a un estudio publicado hace unas semanas en el Journal of Consumer Marketingrealizado por dos universidades norteamericanas, ahora sabemos que fotografiar la comida la convierte en más apetecible.

Comida en Instagram
¡¿Véis, amigos incrédulos a los que os da vergüenza ajena que haga una foto a la comida en un restaurante?!

No, no haces la foto porque quieras cosechar un buen número de cuñadismos comentarios tipo ‘qué bien lo pasáis’, ‘cómo os cuidais’, ‘pintazaaaaaaaa’ o ‘a la próxima me invitas’. La auténtica razón es porque quieres que tu plato esté aun más sabroso. Y punto. Y, a quien no le guste, mucho lo sentimos por su paladar.

El secreto está en esos segundos que tardamos en hacer la foto y subirla a la Red. No es mucho tiempo, pero sí el suficiente como para que hayamos inducido a nuestro cerebro a que se prepare para algo rico, una imagen que hemos potenciado gracias a la búsqueda de un buen encuadre, un filtro o la luz correcta. Groso modo, hemos provocado en nuestros sentidos lo mismo que llevan decenas de años haciendo las cadenas de comida rápida con sus productos, salvo que aquí, la realidad, afortunadamente, no es muy diferente con respecto a la foto.

Después de hacer la foto salivando... ¡a comer! © Instagram @celcuervo
Después de hacer la foto salivando… ¡a comer! © Instagram @celcuervo

El estudio, que fue llevado a cabo por departamentos especializados en Marketing de Alimentos, arrojó resultados muy curiosos. La principal conclusión, como hemos visto, fue que quienes fotografiaban la comida declararon sentirla más sabrosa que los que no lo hicieron. Sin embargo, no ocurrió igual con cada plato. Si bien con una tarta Red Velvet la gran mayoría declaró apreciarla más apetecible; con una simple ensalada de frutas, 100% saludable, apenas hubo diferencias con respecto a los que no la fotografiaron.

De hecho, no parece que comida saludable y redes sociales se lleven especialmente bien. Uno de los experimentos del estudio fue dar a fotografiar una misma tarta dos veces. A los conejillos de Indias, 360 voluntarios, se les dijo que, aunque parecían iguales, una estaba hecha con una receta light y, la otra, con la clásica de alto contenido calórico. La gran mayoría declaró que la primera era menos apetecible.

© Instagram @nourish_atelier
© Instagram @nourish_atelier

Al parecer, son mecanismos en nuestro cerebro que sorprenden por su sincera espontaneidad. De hecho, hace mucho que se sabe que los mensajes que avisan de los efectos nocivos de la comida basura terminan alentando a nuestro ‘lado rebelde inconsciente’ a comer más de esta (hola, patatas Deluxe del McDonalds, qué tal). Sin embargo, aún hay hueco para la esperanza, ya que, como el mismo estudio demostró, una buena foto de comida saludable y, sobre todo, de ingredientes sanos que desconocemos o apenas comemos, puede llevarnos a cambiar nuestra dieta. Como ocurre con la moda: observar las tendencias alimenticias puede transformar nuestra carta de comidas. ¿O fue casualidad que muchos se animaran a probar la quinoa cuando empezaron a verla fotografiada en muchas cuentas de Instagram? A ella se unen ahora los smoothie bowls de mil colores, los zumos de cientos de frutas o los espaguetis de calabacín en plato estampado sobre tabla de madera.

Con esta pinta, ¿cómo no vamos a probar los smoothie bowls, la chía y las tortillas de avena? © Instagram @ayearofbreakfasts
Con esta pinta, ¿cómo no vamos a probar los smoothie bowls, la chía y las tortillas de avena? © Instagram @ayearofbreakfasts

La verdad es que no necesitábamos un estudio para saber que las fotos de comida pueden revolucionarnos los sentidos. El término #foodporn es ya universal (más de 86 millones de fotos con esta etiqueta solo en Instagram y una media de tres mensajes por minuto con el hashtag en Twitter). Incluso más de 15 millones de fotografías han provocado un #foodgasm a sus autores, equiparando el climax sexual al de los postres más calóricos. Lo de que el chocolate era un sustitutivo del sexo nunca fue más cierto…

Claro que, ahora que tenemos a la ciencia de nuestro lado, qué mejor que sacar el móvil, hacer la foto y elegir los mejores parámetros de VSCO Cam. Instagram consigue lo mismo que la sal, y sin que tengamos que preocuparnos por la hipertensión arterial. ¿El único inconveniente? Que entre tanto filtro y composición el plato se nos puede quedar frío…

Hay que ser rápidos. ¡Que la comida no se quede helada! © Cordon Press
Hay que ser rápidos. ¡Que la comida no se quede helada! © Cordon Press

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