La delgada línea entre el vintage y el mamarrachismo

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27 enero, 2016

A veces, los intentos de ir a la última o de crear tendencia se convierten en las peores ideas de la década (máxime cuando se pretenden rescatar cosas que mucho mejor hubiera sido dejarlas un lustro más, o dos, en el cajón...).

Si nos ponemos puristas, el amor por lo vintage y cincelar que el estilo de todo tiempo pasado siempre fue mejor no es un fenómeno nuevo, aunque siglos atrás no se usara esa palabra. Prefirieron otras como ‘Renacimiento’ o ‘Neoclasicismo’ que, la verdad, quedan mucho mejor que el anglicismo de marras (al final va a ser cierto que no hay nada como el pasado…). De hecho, ambos periodos artísticos no fueron sino un intento de recuperación formal de los clásicos.

El problema, sin embargo, es que actualmente no queda nada claro qué es lo que merece ser tildado de clásico y qué no, de ahí que el fenómeno vintage meta en el mismo saco la recuperación de un patrón de Chanel, sacar del baúl un Valentino de hace décadas, las faldas de vinilo o los bigudíes. Para los estudiosos de la moda, el furor por lo vintage nace a principios del siglo XXI, cuando los vestidos de Alta Costura de los grandes modistos de los años 50 y 60 empiezan a tener una edad suficientemente añeja; y se cristaliza en el Valentino que eligió Julia Roberts para recoger su Oscar en 2001.

© Blossom
‘Blossom’, ¿un clásico listo para ser sacado del armario y recuperado como ‘vintage’?

La crisis económica fue el factor principal para que esta ‘búsqueda de tiempos mejores’ se revolucionara en el plano estético y dejara de ser elegante a costa del ‘todo vale’ más mamarracho. De repente, todo trataba de ser un revival de épocas en las que lo más preocupante era si nos faltaban dos cromos para completar un álbum o si en el recreo habíamos discutido. Azuzado por la publicidad y también por las pasarelas y las páginas de las principales revistas de estilo, nos hemos resistido como gatos panza arriba a dejar atrás los 80, los 90… ¡e incluso los 60! (yo te maldigo, Don Draper).

Para evitar daños a corto plazo, hacen falta líneas rojas. Nosotros hemos marcado estas ocho. Basta no traspasarlas para contener una nueva ola vintage. Y ya se sabe que, cuando el mar arrastra, a saber dónde vamos a parar…

1. Calentadores 
¿Cuántas veces hemos podido recuperar la estética de Eva Nasarre u Olivia Newton-John? Con los calentadores ocurre, como casi siempre, que la imagen en nuestra cabeza sobre cómo nos van a quedar y la realidad difieren bastante. BASTANTE. De hecho, solo les quedan bien a quienes están perfectas hasta con una bolsa de papel en la cabeza. ¿Para qué perder el tiempo?

Pues avisadmos quedamos, que con el revival del chándal nunca se sabe…

La línea entre el vintage y el mamarrachismo

 

2. UPA Dance
Hace ya más de una década de su estreno, en 2002, y fue una de las causas de la vuelta de los calentadores en aquella época motivo suficiente para no desenterrarla jamás. Sin embargo, con Pablo Pujol de nuevo en televisión, seguro que a más de uno le dan ganas de recuperar ‘Morenita’, ‘Sámbame’ con todo tu cuerpooo, las camisetas sin mangas, las blusas con el hombro al aire o el look ‘soy artista qué pasa’ que llenó las clases de baile en los gimnasios de modelitos imposibles en licra y microfibra de algodón. Beatriz Luengo, quédate allá donde estés.

"Morenita, muchachita, duele perder a quien se quiere amar"
“Comiénzame a provocar sin-mie-do”.

3. Sexo en Nueva York 
Dejemos a Carrie descansar tranquila en su vestidor de 200 metros cuadrados y sigamos con nuestras vidas. ¿En serio fue necesaria la segunda película y todavía, no contentos con eso, seguimos rezando por la tercera? Hay algo que prácticamente todos los fans de la serie hicimos y que no deberíamos rescatar: el uso de la sintonía como politono (¡Politono!) del móvil. Hace 15 años, sonaba a lo lejos y diez personas de la misma habitación se abalanzaban a por su bolso. Nunca mais.

U poco sí, Carrie, un poco sí...
Un poco sí, Carrie, un poco sí…

4. Malibú con piña
Una cosa es añorar la felicidad de la infancia y otra someter a nuestro estómago a las ‘aventuras gourmet’ que hacíamos en meriendas hardcore de bocata de chorizo con Nocilla o en las primeras salidas de marcha con esos subidones de mezclas hiperazucaradas, entre las que el Malibú con piña era la estrella en todos los rincones de España sin excepción. ¿Sabías que eran más de 300 calorías por copa? Antes de volver a beberla, plantéate si tu metabolismo actual para quemar grasas es el mismo que entonces… (una ayudita: NO).

Pasando mucho del Malibú con piña. Muchísimo, vaya.
Pasando mucho del Malibú con piña. Muchísimo, vaya.

5. A tu lado me siento seguro
¿Hace falta rescatar Operación Triunfo? Repasemos lo que nos dejó estilísticamente: el peinado de tirabuzones de David Bisbal, los maxicinturones que trataban de disimular las caderas de Chenoa y Nuria Fergó, las camisetas de lycra sin mangas en cuerpos escombro poco agraciados, el rollo dark-soft de Nika y Vega, entre rockera-pija-pasabaporallí… Así que, por favor, que el hecho de que Carlos Lozano esté en Gran Hermano VIP no coaccione nuestro débil corazón: OT no puede volver. OT no puede ser lo mismo si no estamos en 2001. Y no hay mas que hablar.

"Mi música eeeees tuuuuu voooooooz"
“Mi música eeeees tuuuuu voooooooz”

6. Deportivas con plataforma
Dejemos a las Spice Girls reunirse morir en paz. Y a Geri o a Emma le sentaban igual de mal que a un koala un pantalón de pana. Y todavía ellas tenían una excusa, por muy payasa que fuera. ¿Cuál es la tuya para caer en semejante aberración?

Holi, Geri.
Holi, Geri.

7. Glam punk
Vale que Bowie ha muerto y que somos tan fans que necesitamos demostrarlo al mundo. Sin embargo, salvo que tengas una edad indeterminada desde hace 20 años, como P!nk, casi que mejor te abstengas y te limitas a poner sus CD en bucle. ¿Viste a Lydia Lozano y su ‘homenaje’ a Bowie? Pues Lydia podríamos ser todos…

#todosPodemosSerLydia
#TodosPodemosSerLydia

8. Collares de conchas marinas
Esto es algo que, desde que se lo puso el primer surfero en los 70, jamás debió existir. Urge una plataforma que lo incluya como objeto prohibido. De hecho, antes de caer en la tentación, recuerda que este collar es la evolución adolescente del de macarrones con hilo de lana roja del colegio (no te lo perdonaré jamás, Manuela Pixie).

Pero cuánto daño, Pixie, cuánto daño...
Pero cuánto daño, Pixie, cuánto daño…

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