Las nuevas normas del toqueteo

Una caricia puede saber a gloria o convertirse en objeto de una pesadilla recurrente. Depende, todo depende... y en el mundo de los tocamientos, todavía más.

Besos, apretones, abrazos, caricias… los toqueteos en general son una manera de transmitir vibraciones positivas, de repartir amor y felicidad. La mayoría de las veces. Porque pocas cosas pueden resultar tan maravillosas o tan molestas como un roce según sea deseado o no. Todo depende del emisor del tocamiento y de la situación.

La conclusión podría resumirse en una compleja guía que da hasta para ser objeto de estudio en universidades. Como el que acaba de publicar la Universidad de Oxford que, tras analizar a 1.300 personas de los cinco continentes, se ha atrevido a dibujar un mapa de los tocamientos. Una cartografía corporal que revela con qué roces nos sentimos bien; con diferencias sustanciales entre hombres y mujeres y, evidentemente, según sea la relación con la persona a la que toque arrimarse.

Así se sienten las mujeres con respecto a los tocamientos ajenos, siendo el amarillo ok y el negro un absoluto tabú.
Así se sienten las mujeres con respecto a los tocamientos ajenos, siendo el amarillo ok y el negro un absoluto tabú.
Los hombres, por su parte, están más a disgusto con roces por parte de su pareja, pero no tienen ninguna zona tabú cuando se trata del roce de una desconocida.
Los hombres, por su parte, están más a disgusto con roces por parte de su pareja, pero no tienen ninguna zona tabú cuando se trata del roce de una desconocida.

En Grazia, sin querer imponer una estricta burbuja personal, también prohibiríamos algunos gestos…

Las normas del toqueteo
“¡Me han rozado! ¡Me han rozado!”.

LOS DOS BESOS

  • Cuando sí…

Es el gesto más inocente para saludar a otra persona y, seguramente, al que más acostumbrados estamos, siempre y cuando se de en las circunstancias apropiadas. Por ejemplo, con amigos, perfecto: una muestra de cariño al reencontrarse; con la familia, también fenomenal, aunque en ocasiones vendrá acompañado de un “uy, qué bien dos besos, nos das tan pocos que a veces parece que los vendes”

Consejo: besuquea más a tus padres, que se lo merecen.
Consejo: besuquea más a tus padres, que se lo merecen.
  • Cuando no…

Sin embargo, con la familia de tu pareja cuando los conoces por primera vez, esos dos besos son tensos, titubeantes e incluso algo sudorosos (por el ataque de pánico). ¿Y qué me decís de los dos besos a esa persona que tan mal te cae? Horror, sientan a cuerno quemado, y más que dos besos, metes dos mejillazos, para que se note que saludo, sí, pero amor, no.

El horror extremo en el mundo de los ósculos son, sin duda, los dos besos babosos. Sí, sí, esos que te da el típico petardo marcando bien sus labios sobre tu mejilla, que prácticamente escuchas el “hey, nena, te molo fijo” que rumia su cabeza.

Además, tienes que sumar esa sensación de cierta fatiga ante esa gente que necesita saludarte con dos besos cada vez que te ve. Y, tanto si te encuentras con ella dos veces al día como cinco días a la semana, en todos y cada uno de esos momentos te plantará el saludito de marras y solo podrás pensar “¿pero qué necesidad de este sufrimiento besuqueador?”.

Las normas del toqueteo

 

En el repaso al besuqueo no nos olvidamos de esos momentos de tremenda confusión en los que plantas dos besos a un extranjero que tiene por costumbre dar la mano. O esos dos besos que se convirtieron en uno, ya que el segundo quedó suspendido eternamente en el aire, como tu vergüenza, porque el receptor se dio por satisfecho con el primero. O aquel momento en el que besaste como si fuera un amigo de toda la vida al tío con cara de rancio que te iba a entrevistar para un nuevo puesto de trabajo, algo de lo que te arrepentiste nada más plantar tu cara en la suya. Y qué decir de aquellos dos besos que se convirtieron en un pico por un error de cálculo terrorífico…

Vamos, que a lo mejor hay que replantearse la necesidad de los dos besos en esta vida, y convertirlos en un gesto al que solo pueda acceder un club privado de fans (también conocido como “tu gente”). ¡Ya está bien de tanto besuqueo innecesario, narices!

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EL APRETON DE MANOS

  • Cuando sí…

Viene a ser el equivalente formal de los dos besos, generalmente empleado mucho en el mundo laboral poco en el personal.

  • Cuando no…

¿Tu hermana te presenta al novio y no tiene otra idea que darte un apretón de manos? Esto es raro, rozando la línea de lo ridículo, y probablemente fruto de los nervios que provocarán luego un vergonzoso: “¡Pero por qué he tenido que sacudirle la mano a la hermana de mi novia!”. Tranquilo, novio de mi hermana, no ha sido para tanto. Podría haber sido mucho peor si el apretón de manos hubiese sido… con la mano floja y sin fuerza.

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EL BRAZO TONTO

  • Cuando sí…

Quien haya tenido una pareja con la que haya paseado al abrigo de su brazo puesto sobre sus hombros reconocerá que, aún con el brazo tonto, ha estado en la gloria.

  • Cuando no…

Ahora bien, cuando ese brazo ha sido puesto por una persona por la que no se siente ni fú ni fá, aunque ella se afane en lanzar los trastos, todo se transforma en algo muy incómodo. ¿Y si le añadimos la “nota de color” del olor sobaquera? Rico, rico.

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EL ABRAZO

  • Cuando sí…

Hay pocas cosas mejores que recibir un abrazo cuando se anda con escasez de mimos. No hay sensación más placentera que sentirse segura y arropada entre los brazos de alguien. Pero ese alguien tiene que ser un alguien al que te apetezca sentir pegado a ti.

Como Joey. Claro.
Como Joey. Claro.

Bueno, puede ser una persona o pueden ser un monton. Pero el montón que tú elijas…

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  • Cuando no…

En el mundo del gesto cariñoso, del amor al odio hay menos de un paso, y suele darlo la persona pestosa que da abrazos hasta para despedirse para ir al bar de al lado. Como todo en esta vida, en la justa medida reside la calidad, y los osos amorosos convierten un gesto tan tierno en un momento desagradable. Sobre todo si el susodicho que lo da aprovecha para sentir tus curvas. Al infierno con él.

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TOCAR EL PELO

  • Cuando sí…

Puede sonar a trivialidad, pero tocar el pelo de alguien tiene unas reglas muy claras que deben cumplirse para que la persona acariciada no sienta ganas de matar al acariciador. Una de ellas es el sentido común. Tocar el pelo de alguien debe conllevar un mínimo de confianza entre los participantes del momento. Pocas cosas más incómodas que el que un desconocido te toque el pelo, Dios sabe por qué motivo, pero sea como sea te hará sentir mal y con ganas de cortarte los mechones nada más llegar a casa. No pongas tu mano en cabelleras desconocidas.

  • Cuando no…

Si no crees tener la suficiente confianza, pide permiso. SIEMPRE. ¿Qué es eso de “uy, qué peinado más fenomenal, qué divertido, se siente tan raro al tacto”? No tienes derecho a tocar el pelo de nadie por muy “divertido”, “original” o “sedoso” que te parezca. Es una falta de respeto hacerlo. Grábatelo a fuego.

Basta, Justin. BASTA, JUSTIN.
Basta, Justin. BASTA, JUSTIN.

Y, por último, recuerda: no a todo el mundo le gusta que le manoseen la melena. Así que si te dicen “no toques”, no toques, leches. Que no eres un crío que no entiende el no por respuesta.

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EL SUSURRO

  • Cuando sí…

Vale que este gesto no suele implicar demasiado toqueteo corporal, pero la intimidad y los nervios que genera cuando esa persona, objeto de deseo, nos cuchichea al oído nos hace situarlo muy cerca del morreo apasionado, ¿verdad?

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  • Cuando no…

Bueno, no penséis que el mayor potencial del susurro reside en el tonteo romanticón. Porque no hay mayor placer que ese insulto hecho en voz muuuuy bajita pero gesticulando muchísimo con la boca mientras la persona que te ha hecho la afrenta que ha provocado tu cabreo se marcha sin tener ni idea de que tú te has dado el gustazo de mandarla a la m***** sin que ella sospechara nada.

Y es que ahí, verdaderamente ahí, es donde reside la verdadera magia de los gestos simples y sencillos que despiertan un sinfín de emociones en nuestro cuerpo.

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