Esto es lo que no limpias (y deberías)

Tu esterilla de yoga, el neceser de pinturas, la cafetera o el teléfono móvil acumulan más bacterias que un inodoro.

Seguro que no recuerdas cuándo comenzaste a desarrollar la habilidad de hacer pis casi en cuclillas para no rozar ni un milímetro del váter. Y qué decir ya de hacerlo mientras, a la vez, sujetas la puerta y el bolso. Y es que cualquier malabarismo es bienvenido con tal de preservar nuestra piel del contacto con las bacterias de un inodoro público. Sin embargo, ¿sabías que tu teléfono móvil o la tabla de cortar de la cocina son un caldo de cultivo aún mayor para estos microorganismos?

Da un poco de asquete, ¿verdad?
Da un poco de asquete, ¿verdad?

Tocas y vuelves a tocar tu teléfono, incluso lo aproximas a la cara y a la boca. Reconócelo, hasta has dormido con él alguna vez. Pues según un estudio del Departamento de Microbiología de la Universidad de Barcelona, en un smartphone pueden residir hasta 600 bacterias (estreptococos, estafilococos, difteroides…), ¡30 veces más que en un inodoro! Y saltan de él a nuestro cuerpo constantemente. Por ejemplo, mientras comes y aprovechas para mandar whatsapps. Pero que no cunda el pánico: basta con pasarle un trapito húmedo por la superficie de vez en cuando, o si usas lámina protectora, cambiarla alguna que otra vez, para no correr ningún peligro al usarlo.

Pero existen muchísimos más objetos que utilizamos a diario y de los que olvidamos por completo su limpieza, como las bayetas (precisamente se encargan de absorber la suciedad de las superficies de la casa que limpiamos y pueden contener salmonella, campylobacter o escherichia coli), los recipientes donde guardamos los cepillos de dientes, o las cafeteras y teteras. Y es que ¿cómo no va a estar un teléfono lleno de bacterias si no dejamos de tocarlo entre bayeta y estropajo?

piratas
Hasta Jack Sparrow (que no es precisamente muy limpio) se ha escandalizado.

Precisamente en la cocina se encuentran las tablas sobre las cortamos los alimentos y que, si no se limpian en profundidad, pueden causar infecciones. Tanto las de madera como las de plástico resultan un foco de bacterias, así que la mejor solución, además de cuidar su higiene es tener varias: una para la carne cruda y otra para las verduras y frutas. Así al menos nos garantizaremos que los microorganismos no pasen de una a otra evitando la denominada contaminación cruzada.

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A Geoffrey no se le escapaba ni una y, por supuesto, sus tablas estaban como ‘los chorros de oro’.

Aunque no seas escrupulosa, seguramente habrás pensado más de una vez en lo poco higiénico que es tirarte en la esterilla de la clase de yoga del gimnasio. Si eres de las que lo solucionaste llevando la tuya propia a la clase, sentimos decirte que te has quedado igual que estabas. O que en vez de contagiarte de la bacteria ajena, te estás contagiando de la tuya propia. Pies y manos para un lado y para otro, sudor…

Aunque tu propia colchoneta no huela tan mal como una prestada, también está contaminada. Para dejarla como nueva haz una solución casera de agua (tres cuartas partes), vinagre blanco y aceites esenciales con propiedades antibacterianas: lavanda, menta, té, lemongrass… Además de desinfectarla te aportará un agradable aroma mientras practicas yoga. Pulveriza, pasa un paño y deja secar antes de enrollarla.

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Serás la más limpia del lugar.

Pero si hay un foco de bacterias que llevamos todas en el bolso a diario, esa es nuestra bolsa de maquillaje. Según un estudio de Beauty so Clean, de 25 productos cosméticos analizados, 11 contenían estafilococo áureo, pseudomonas aeruginosa y escherichia coli. Para prevenirlo, además de lavar tu beauty bag una vez al mes, evita las bolsas opacas y opta por las de plástico transparente: las bacterias, además de los lugares cálidos y húmedos, buscan oscuridad. ¡Pero no te olvides del contenido! Pasa una toallita con alcohol en lápices, barras de labios, pinzas… y lava con champú y agua caliente las brochas. Y tira sin piedad. El síndrome de diógenes cosmético solo puede perjudicarte. Fíjate bien en la caducidad de los productos, indicada con un número junto a la letra M: por ejemplo, 6M significa que caducará 6 meses después de abierto. La regla general es de 12 meses para maquillajes y 3 para máscaras de pestañas.

¡Mucho cuidado con las conjuntivitis y orzuelos! Si acabas de padecer alguna enfermedad en los ojos, no te queda otra que deshacerte de eyeliners y máscaras de pestañas, y lavar en profundidad los pinceles que usas en esa zona. O volverás a contagiarte con mucha facilidad.

Y nunca, nunca prestes tus brochas a tus amigas. Es divertido maquillarse las unas a las otras, pero piensa… ¿lo harías con el cepillo de dientes?

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¿Verdad que no?

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