Lo que NO hay que hacer después de hacer el amor

El after-sex puede ser tan bueno como la seducción y no limitarse a un cigarro vaporoso, un sueño mal echado y un "¿cuándo te vas?"

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Suspiro y sonrisa tonta. Tras el calambre inevitable y glorioso que cierra todo encuentro sexual, las bestias volvemos a ser humanas. Llega la hora de poner fin a un viaje más allá del tiempo y del espacio en el que mundo solo es de los dos que comparten cama, y ahora toca emprender el viaje de vuelta a la realidad.

Allí mismo las sábanas donde hace apenas un rato sudábamos son ahora una cruda casualidad: los pechos que se devoraban con devoción y las geografías de piel que se besaban con una minuciosidad obsesiva y sinfónica no son más que eso, simples cuerpos y nos reconocemos desnudos y extasiados como aquellos Adán y Eva primigenios, flipados del milagro conocido del orgasmo.

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Éste es el final de una vida y tal vez tengamos que acudir a un espejo para que nos ayude a resituarnos, a reconocernos, a recolocarnos. Pasado el susto, el después puede ser tan bueno como el antes, y no hay que limitarse a apurar un cigarro antes de preguntar a la otra si sabe dónde cae el metro más cercano. Seamos humanos.  Diez cosas a evitar tras el coito:

1- DARSE LA VUELTA

Todos lo hacemos inconscientemente y, como adolescentes pecadores, tenemos el complejo muy presente y procuramos mantener los ojos abiertos y mirar con ellos a nuestra compañera de cama, para sacar alguna risa, alguna caricia justa (en su plano y en su intensidad) y algún que otro beso para llevarse a casa o que alimente una nueva sesión si todos quieren que haya otra sesión.

Por eso no nos damos la vuelta. Porque nos han repetido hasta la saciedad que somos unos bichos egoístas, unos zánganos a exterminar. Así que, si una chica se da la vuelta y permanece en el otro lado de la cama recuperándose de la desfibrilación, algunos se lo tomarán a mal, por pura asociación de lo que llaman culpa.

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2- ENCENDER EL MÓVIL

Que como sociedad nos estamos haciendo mezquinos lo prueba ese paisaje que no disfrutas y ya has subido a Instagram o esa vida que vives más para Facebook que para ti mismo. Pero después del sexo no es necesario contárselo a tus amigas por whatsapp. El teléfono tiene que estar lejos de la cama. Y como mucho cogerlo para apuntar el teléfono de la conquista por si hay segundo asalto otro día. Pero insistimos, el teléfono en la cama no es bien.

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3- DECIR LO QUE NO DEBE DECIRSE

Amarse, en algún remoto sentido, también es conocerse, pero hay ninfas de los besos y de las sábanas que aprovechan la indefensión del guerrero satisfecho y laxo para someterlo al tercer grado, un interrogatorio destinado únicamente a cerrar los vientos de sus propios miedos. El clásico “¿En qué piensas?” tiene formas más amables como “¿Te ha gustado?”, pero siempre desemboca hacia lo mismo: la reafirmación de la niña con la femineidad por los suelos que se da en el amor como una estrella de mar.

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 4- IR CORRIENDO AL BAÑO

En el instante de candor que sobreviene al silencio post-clímax, hay quien regresa a su cuerpo totalmente estresada e interrumpe el abrazo final (cuando ha habido abrazo final) para recoger el malogrado profiláctico y demás enseres sexuales, ponerse los calcetines y entregarse al agua tibia y jabón, como queriendo curar el pecado que acaba de suceder.

Tampoco hay porque quedarse con los fluidos cual pintura rupestre pero el querer liberarse de ellos parece implicar los deseos de aniquilación de tu compañero de cama. Espera un rato…

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5- FUMAR

Todo un clásico que comienza a estar demodé, porque hasta el más Gainsbourg se ha atiborrado de parches y pastillas y ahora sale a correr vestido de Decathlon, o porque en esta casa nunca se fuma, o porque no hay cenicero, o porque me manchas las sábanas… Por mí, que fume el que le apetezca pero, si me dan a elegir, cambiémoslo por chocolate negro.

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6- FISCALIZAR LA CASA AJENA

Tener relaciones sexuales nos libera y nos cambia la cara. Nos pone de mejor humor y ns transforma. Hay incluso quien después de hacerlo tiene la irremediable pulsión de  levantarse del catre para registrar las casas ajenas (cajones incluidos) como queriendo conocer a su amante furtivo a través de los objetos que posee. Hazlo mientras el otro está en la ducha, no sea que te pillen, aunque supongo que no es tan dramático si no se roba nada…

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7- OBLIGAR A UN SUEÑO ARTIFICIAL EN CUCHARITA

Hay quien lleva la iniciativa hasta en la pasividad, sin respetar siquiera esos momentos en los que el alma vuelve al cuerpo, cuando se va el ser de las cavernas que nos habita y regresa el ciudadano.

Para ello se valen de codos, muslos y caricias hasta modelar la postura que más quieren y en la que nos vemos obligados a yacer quién sabe cuánto tiempo. La clásica “cucharita”, en la que estamos inmóviles de manos y sin poder respirar bien ni mirar a la cara es un viejo conocido de entre las torturas del cariño artificial.

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8- ECHARTE DE LA CAMA

En esto del amor y los amantes, hay quien tiene prisa, quien vive vidas paralelas y quien pacta los encuentros amorosos como quien pacta una cita con el dentista. Y hay quien se viste a toda prisa para indicarte la salida, con un sonoro beso en los morros y sin agua ni café con leche. No seré yo.

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9- ENCENDER LA TELE

No me lo estoy inventando. Esto lo he visto, lo he sufrido. Hay quien enciende la televisión después de hacer el amor. Cuando sucedió, pregunté si necesitaba el runrún del electrodoméstico para volver a la cotidianidad, para hacerse humana después de volar por las aguas inmateriales. Pero me dijo “calla”. Y subió el volúmen con el mando a distancia.

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10- ¿CÓMO TE LLAMAS?

Seguramente no lo sepamos ninguno de los dos, porque la madrugada y las luces nos desmemorió de todo lo memorable y sólo ahora, apagados los cuerpos, se encuentra la calma justa que distan entre dos personas.

Hay quien aprovecha esta llegada a la meta, descoyuntados y boca arriba, mirando al infinito, con la marcha de su propio antropoide, para preguntar a su compañero de cama por la identidad que todavía no conoce, porque de la física ya se ha llevado una idea.

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