Me han dejado, ¿ahora qué?

Permítete estar triste, pero no mucho. Sal y disfruta. Y si te dan ganas de llorar en la fiesta porque ese chaval tiene una peca como la de tu ex, sírvete otra copa. Pero no seas la borracha de turno. Llora, pero moderadamente. Aunque, ¿te hemos comentado todo lo que engorda lo que te bebiste anoche?

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No le odies. No le idolatres. Quedad como amigos, no quieres llevarte, además del mueble zapatero y la manta que te regaló su madre, el sambenito de exnovia loca de recuerdo de la relación. Quedad como amigos. Pero no demasiado amigos, ya sabes, donde hubo fuego siempre quedan brasas. Sigue todos los consejos para superar una amorosa. Guarda las distancias con sus amistades, queda con ‘tu gente’, si es que tienes ganas de estar con ‘gente’. Si es que tienes ganas de hacer algo en absoluto. Vale, me han dejado, ¿y ahora qué? ¿Por dónde empiezo?

¿Y lo catártico que puede ser un buen maratón de lágrimas?

ME HAN DEJADO: LAS FASES DEL DESAMOR

Superar una ruptura no es tarea fácil. Internet y el mundo en general están llenos de manuales para enfrentarse a este gran reto vital. Tus amigos y allegados te dan consejos que suenan a frase sacada de un sobrecito de azúcar o de una cuenta de autoayuda en Instagram. ¿Poner tierra de por medio? Bueno, teniendo en cuenta que su oficina está a dos manzanas de la tuya y que con los tiempos que corren, muchas parejas no pueden permitirse ni dejar de compartir piso, no es nada fácil. ¿Alejarte de sus amistades? Vivimos en la era digital, saber todo lo que hacen los amigos de tu ex (y tu ex) está a un golpe de click. Siempre puedes hacer una de “blocks para qué os quiero” o incluso tomar la calle de enmedio y cerrar tu cuenta de Facebook. Como todos ya sabemos, volverá en unos meses (o semanas, o días) con un pseudónimo y aquí paz y después gloria.

La ciencia nos dice que la sensación que experimentamos cuando nos deja nuestra pareja es similar a cuando perdemos a un ser querido. Nos enfrentamos a un duelo, el cerebro empieza a echar en falta su droga, el amor, y aparece el síndrome de abstinencia. Ana Sierra, terapeuta sexual y de pareja, habla de seis fases en concreto.

Muchas veces, las mejores historias comienzan justo tras la palabra ‘FIN’. © Arved Colvin-Smith
  • 1. NEGACIÓN

Nos ha pasado a todos: no aceptamos la ruptura e intentamos recuperar a la pareja. Nuestro ya ex intentando decirnos con la mayor sutileza que todo está acabado y nosotros empeñados en que solo es un pequeño vaivén, que, por supuesto podemos cambiar con buenas acciones y promesas. Todos hemos dicho “yo te esperaré” y efectivamente, todos hemos esperado. La mayoría de las veces, para nada.

Salvo honrosas excepciones, generalmente cuando te dejan, suelen llevar tiempo pensándolo y valorándolo y si finalmente han reunido las fuerzas para decírtelo abiertamente, es que ya no tienes mucho que hacer. Te lo está diciendo para que la acción pase a ser efectiva y romper la relación, no para pedirte tu opinión al respecto. Analiza su comportamiento de los últimos meses y te responderás tú misma.

  • 2. IRA

Canciones como Rata de dos patas y pelis como Kill Bill dan buena fe del fenómeno. Puedes enfadarte con tu ex por haberte abandonado, contigo misma por haber hecho las cosas mal o con su nueva pareja. Rompes las fotos, quemas los posters, guardas sus cosas en una bolsa que te negarás a tirar en cada una de tus mudanzas. Subes fotos a Instagram con triple de filtros para demostrarle lo que se pierde. ESE momento. Pero también pasará.

La fase de ira también pasará.
  • 3. NEGOCIACIÓN

En la tercera fase, viene la negociación. Quieres solucionarlo, pero ya no a base de Whatsapps borracha y proposiciones tan sutiles como presentarte en su casa con vino porque pasabas por allí a la una de la madrugada de un martes. Ahora sacas la artillería pesada: vas a adaptarte a todo, a aceptarlo todo, vas a cambiar, vas a traer la paz y el amor al universo, vaya. Claro que sí.

  • 4. TRISTEZA

En la cuarta fase, ya te has dado cuenta de que a tu ex le dan igual todos tus planes de futuro que le incluyan y llegan la tristeza y el dolor. Las lloreras, las canciones deprimentes que de pronto hablan todas de ti, el beber hasta vomitar porque te lo has encontrado en el bar de al lado y te ha saludado con dos besos. ¡Dos besos! ¿¡Cómo se atreve?!

De repente las canciones de Avril Lavigne vuelven a ti con la misma fuerza que los choker o cualquier tendencia noventera.
  • 5. ACEPTACIÓN

Pero tranquila, la quinta fase es la de aceptación. Por fin empiezas a entenderlo, tu ex no va a volver con la melena al viento sobre un caballo blanco para decirte que se ha equivocado. Es decir, puede pasar, pero lo mejor para tu salud mental es que no cuentes con ello. Si nos ponemos serias, en realidad no tiene mucho sentido obsesionarse con estar con una persona que ya te ha dicho que no te corresponde. Así que, a riesgo de ponernos filosóficas de más, como dice mi amiga Desirée: “Hay que aceptar que todo -y todo es TODO- tiene un principio y un fin”.

  • 6. ASIMILACIÓN

Al final del túnel, nos encontramos con la sexta y última fase: la asimilación. Ese idílico momento en el que brindas con tu mejor amiga por haberte librado de semejante elemento. Puedes hablar del tema sin ponerte a llorar como una Magdalena, todo OK.

Ya es cosa de cada una que todas estas fases se sucedan en dos días o dos años, pero en mitad del fragor de la batalla, entre kleenex, series dramáticas y visitas inadecuadas al perfil de Instagram de tu ex -maldita sea, cuando estaba contigo jamás se hacía un selfie, ¿para quién se hace este los selfies?-, no está de más tener en mente que todo esto termina en algún momento.

No está de más tener en mente que todo esto termina en algún momento.

A partir de aquí, el mundo es tuyo, amiga. No es que vayas a vivir en un anuncio de compresas de repente ni que se vayan a solucionar todos tus problemas, pero siempre es un buen momento para empezar una vida nueva. Autocuídate. Es el mejor consejo realmente efectivo que te puedo dar. Permítete estar como estés y seguir tu propio ritmo.

No te mortifiques si le mandas un mensaje de madrugada o si escribes un diario donde vuelcas tus sentimientos en páginas llenas de lagrimones. Da igual si te da por hacer yoga o por irte de rave tres días seguidos, pero asume que es una etapa y que mejor si vas tomando nota ensayo/error y tratando de poner tu vida en orden de nuevo. Intenta no descuidar tus hábitos de higiene y alimentación (estar mal alimentada también deprime) y por supuesto, no caer en el abuso de sustancias para ‘anestesiar’ el dolor. De todo esto sacarás una lección vital muy valiosa algún día y seguramente te ayudará a conocerte, respetarte y sobre todo, comprenderte mejor. Nadie está preparado para enfrentarse a una pérdida, confía en ti y en que sabrás qué hacer en cada momento. Y si en algún momento no sabes… ya aprenderás.

Hay quien no puede o no quiere perdonar y su decisión es tan válida como cualquier otra.

La sensación de fracaso, el rencor o la culpa estarán ahí. También puede haber síntomas físicos como insomnio o hipersomnia, falta de apetito, dolor de cabeza y de estómago, a causa de la ansiedad. Tienes mucho que procesar, déjalo fluir sin hacerte demasiado daño a ti misma ni a los demás. Pero tampoco nos pasemos de zen, hay quien no puede o no quiere perdonar y su decisión es tan válida como cualquier otra. Eso sí, si tu duelo se prolonga demasiado o te quita las ganas de vivir, quizá sea mejor idea ponerte en manos de un especialista, no todos procesamos las cosas igual y algunas personas pueden necesitar ayuda.

Algunas optarán por el gimnasio (las endorfinas siempre ayudan) y otras por el atracón de Netflix (endorfinas también), unas por la distancia total y el block preventivo y otras por las rupturas progresivas y cuidándose el uno al otro. Otras ni siquiera tendrán este tipo de problemas porque tendrán tan deconstruido el amor romántico que será el pan suyo de cada día.

Sea como sea, mira hacia delante. O hacia atrás, si encuentras ejemplos de otras ocasiones en las que también te parecía que se iba a acabar el mundo y al final no. No te quedes en el “quiérete”: apóyate. Créete. Sincérate contigo misma. Decide qué es lo que quieres hacer y trata de centrarte en ello. Muchas veces, las mejores historias comienzan justo tras la palabra ‘FIN’.

¿Un fin? Y también un principio.

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