Pon un ‘maridi’ en tu vida

Una nueva tribu formada por hombres heterosexuales 'sale del armario' para disfrutar sin complejos de sus distinguidos gustos homosexuales

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© 500 días juntos
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No son gays aunque comparten aficiones. Como decían hace unos meses desde Madriz, Maridis es el nombre de la nueva tribu urbana de hombres heterosexuales que hacen frente a los metrosexuales a golpe de barba, bigote y varonil estética. Ser un Maridi es algo más intrínseco que estético. Se han desprendido del estereotipo de “macho ibérico de la manada” para hacer suyas ciertas costumbres consideradas -para bien o para mal- como homosexuales. Hace poco que ‘han salido del armario’ dejándose ver por ciudades y pueblos, y están decididos a quedarse, a no renunciar a sus refinados gustos afeminados ni a sacrificar sus costumbres heterosexuales. Tienen claro lo que son y no van a resignarse a no serlo por el qué dirán o por miedo a quedarse en medio de las dos bandas previas a su aparición sobre el terreno de juego.

No son una tribu al uso, no hay cohesión ni voluntad de grupo, no tienen ni sede ni códigos. No son una secta. Dios les ha dado gustos similares pero no voluntad para agruparse ni reivindicarse como colectivo. No son como los amos de casa londinense que quedan a primera hora de la mañana para tomar té o café y después irse a Harrods para comprarse una sudadera con la que adoctrinar a la chica en las tareas del hogar; aquí cada uno va a su aire. Es raro ver a más de dos Maridis juntos y harto complicado cruzarse con una manada de ellos. No confían en aquello de ‘la unión hace la fuerza’ porque no luchan contra nada. Viven a su manera.

LOS MARIDIS Y LO ‘FEMENINO’
Les gusta madrugar, llevar a sus hijos al colegio o pasear al perro antes de ir a trabajar. Los Maridis tienen profesiones liberales y otras que no lo son; hay Maridis mecánicos e informáticos. Se pelean con las señoras en la carnicería por el muslo de pollo que van a cocinar después en pequeñas tartaletas con semillas de amapola. También les gusta elegir el detergente con el que lavan su ropa -la más delicada, a mano- y les gusta oler bien: a limpio y puro.

Orlando Bloom, Chris Hemsworth (Elsa Pataky), Liev Schreiber (Naomi Watts) y Tom Sturridge (Sienna Miller), los Maridis del mundo celeb. © Cordon Press
Orlando Bloom, Chris Hemsworth (Elsa Pataky), Liev Schreiber (Naomi Watts) y Tom Sturridge (Sienna Miller), los Maridis del mundo celeb. © Cordon Press

Visitan galerías de arte en busca de pequeñas piezas que puedan comprar y se pueden pasar una hora en la floristería eligiendo las flores que van a realzar la belleza de su nuevo jarrón de diseño nórdico. Tienen inquietudes artísticas como la pintura o la alfarería. Valoran una buena peluquería, les gusta cambiar de peinado y consideran que unas buenas manos dicen mucho de un hombre. Entienden la ópera, no se duermen en el cine viendo un drama curdo y son capaces de renunciar a un partido de fútbol para ir a ver un concierto de piano que les va a hacer llorar (o para acompañar a sus señoras de compras, cosa que también les agrada).

Hacen regalos handmade a sus mujeres el día de San Valentín y a sus mamás el día de la madre, juegan a las muñecas con sus sobrinas y hacen trenzas a sus novias si estas así lo piden. Han visto El tiempo entre costuras y verbalizan que Rubén Cortada está muy bueno pero confían en que Peter Vives es más sano para una relación estable. En esta línea, también aconsejan a sus amigas con qué hombre no se deben volver a acostar.

Maridis

 

LOS MARIDIS Y EL RESTO DE LOS HOMBRES
Les gusta relacionarse con los hombres que no son como ellos, no consideran bestias a los heterosexuales ni florecillas a los gays. No están desubicados, comparten tema de cama con los primeros y refinados gustos con los segundos. No entienden que los varones no se den crema después de la ducha ni que otros se maquillen si no van a salir por televisión, pero los respetan. No ponen de excusa que el pelo disminuye la velocidad cuando les apetece depilarse, ni buscan curvas como sinónimo de morbo sexual en la mujer.

No tienen radar gay ni sospechan de todo hombre que gesticula en demasía. No se sienten ofendidos ni marcan paquete cuando les preguntan por su orientación sexual, ni evitan ir a la fiesta del Orgullo para que no les confundan.

© Mad Men
© Mad Men

LOS MARIDIS Y LA MODA
Les gusta aplicar las tendencias a su estilo pero no viven pendientes de ellas, no saben cuándo es la semana de la moda de París pero no se les escapa que hay una en Madrid. Conocen los nombres de los diseñadores más experimentales pero no entienden a qué se refiere la gente cuando habla de it girls, saben que hay blogueros de moda pero no les suena de nada Pelayo y conocen a Paula Echevarría porque es la chica mona de El comisario que se casó con Bustamante. No les gusta el estilo ‘armario con tupé’ de Bustamante. Les gusta ir de compras solos y se atreven con los estampados. Llevan bolso cuando les hace falta. Por qué no.

© Gustavo Papaleo
© Gustavo Papaleo

LOS MARIDIS Y SUS MUJERES
Sus parejas, por lo general, son niñas monas con toques rebeldes que denotan cierta personalidad. Los Maridis no entran en si ellas llevan demasiado escote ni permiten que les insinúen que no han acertado con su atuendo. Son conscientes de que hay féminas que conducen mejor que ellos y que el cromosoma XY no les hace artistas de la taladradora. No les importa que ellas lleven los pantalones fuera de la cama y asimilan con facilidad que hay mujeres con más c&%!@·s que ellos.

No son unos calzonazos, sencillamente saben que el amor es cosa de dos y que el respeto es la base de toda convivencia aunque no encuentran elegante invitarles siempre a cenar y retirarles la silla cuando van a sentarse. Admiten sin tapujos que están enamorados hasta la médula pero no se dejan mangonear. Son los hombres perfectos y me da pena saber que no les gustará este artículo porque a Los Maridis no les gustan los estereotipos…

© Like Crazy
© Like Crazy

PD. ¿Cómo identificar a un Maridi?
Algunas claves (por si aún dudas):

  1. Son heterosexuales de aspecto varonil.
  2. Su estilo es clásico con numerosísimas concesiones a la tendencia.
  3. Se les reconoce en galerías y museos porque nunca van acompañados de otros hombres.
  4. Se dejan ver en espacios gays.
  5. Piden que pinchen Raffaella Carrá en las discotecas.
  6. Hacen la compra, cocinan, planchan y compran flores.
  7. Opinan sobre la belleza de otros hombres.
  8. Les gusta el fútbol.
  9. Lloran en público.
  10. No conocen los prejuicios.
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