¿Por qué ahora nos ponen con barba?

Consultamos a expertos en la materia para resolver este drama con una explicación racional.

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No sé a vosotras, queridas lectoras nacionales e internacionales, todas bienvenidas (y a los hombres, también), pero de un tiempo a esta parte a mí hay algo que me tiene fascinada: las barbas. Sufro una atracción irrefrenable hacia ese espeso bello facial masculino.

Todo surgió un poco de casualidad, cuando fui con mi amiga, Llamémosla X, al afterwork que ella aseguraba ser “el de moda”. Más allá de las copas y demás, pude comprobar la gran variedad de masculinidad trajeada que se congregaba a esas horas en tan digno local. “Ay, mira, Silvia, qué mono el chico que está apoyado en la barra de diseño de Philip Starck, nos está mirando (jijiji)”, dijo mi amiga. Y tras incorporarme en mi asiento girarme y lanzar mi mirada sexy con correspondiente capotazo de melena el chico al que se refería Llamémosla X me dio bastante igual. Sin embargo, su compañero de copas, un barbudo interesante, pulcro y bien aseado, me lanzó una atractiva sonrisa mientras nos echaba el ojo por el rabillo.

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¡Ay, Dios mío! ¿En serio? ¿El de barba? Pero si eso debe picar, pinchar, raspar y dejarte el cutis como recién salida de un peeling químico ¡Un hippie! Yo, una chica con clase y estilo, o lo que sea. Mientras todo eso se sucedía en mi mente, LO VOLVIÓ A HACER, lo de asomar la sonrisa debajo de su irresistible bigote poblado. Maldito.

 

¿Qué opinan los que realmente saben lo que pasa?

Registrando en los archivos históricos más fiables, a.k.a Wikipedia, por lo visto la barba ha tenido varias connotaciones políticas, sociales o reivindicativas con el paso de los años. Incluso las mujeres egipcias las llevaron postizas, ¡my Gosh!, de lo que se entera una. Por ello, me puse en contacto con Alejandro Navas, profesor de sociología de la Universidad de Navarra, para que resolviera mis dudas de por qué vuelve el bello facial en los hombres y por qué nos atrae tanto a nosotras en pleno siglo XXI.

“En los últimos años”, me comenta el experto, “la barba ha pasado de tener connotaciones ideológicas, de denuncia social (como los hippies en los 70), políticas (hace 30 ó 40 años se asociaban a los antisistema) o incluso religiosas para ser un mero complemento de moda; y, como todo en este mundo, vive a merced de ciertas oscilaciones circunstanciales, como que la lleve un actor o un cantante famoso, un líder de opinión al que muchos copiarán”.

Continúe, continúe, le espeto. “Un fenómeno típico de la sociedad moderna respecto a la moda es el de buscar un punto diferenciador, como hicieron los dandys en su momento, lo que implica desmarcarse y negar la tradición. Si hasta ahora había triunfado la imagen del hombre metrosexual, potencia en parte por el auge de la cosmética masculina, es lógico que ahora se busquen cánones opuestos, y la barba los cumple en este momento al ser tradicionalmente asociada a la masculinidad y virilidad del hombre”.

© Campaña de The Kooples o/i 2012/13.
© Campaña de The Kooples o/i 2012/13.

Entendido. La clave está en que todo es inestable en moda y, ya sea impuesto por las grandes firmas o venido directamente desde las calles -“porque la moda ahora es bidireccional, todo influye”-, el caso es que esta velluda tendencia que comienza a imponerse puede llegar a desaparecer. Menos mal.

 

¿Ellos qué dicen?

Preocupada e intrigada por la proliferación de seres peludos a mi alrededor (y que además confieso que comienzan a gustarme), consideré que el siguiente paso racional era acercarse al público objetivo y enterarse de qué era lo que realmente pasaba con el tema de la barba.

Por ello (y porque me dio la gana, que para eso es mi estudio), realicé una pequeña encuesta entre mis más cercanos amigos barbudos, ante lo cual se mostraron de lo más pragmáticos.

Sujeto #1: “Yo me la dejé por pereza, para no tener que afeitarme”.
Sujeto #2: “Me fui a navegar dos semanas en barco, donde no había ni cuchilla ni espejo. Cuando pisé tierra parecía el mismísimo Robinson Crusoe, pero no me vi tan mal”.
Sujeto #3: “Ligo más”.
Sujeto #4: “Me disimula la papada”.
Sujeto #5: “Empecé a verla en otro tíos, me gustó y decidí probar”.

¡Ajá!, por fin uno que confiesa y admite que hubo una influencia sobre él a la hora de dejarse barba, como me comentaba el profesor Navas. Las teorías comienzan a cumplirse.

 

Es culpa de la publicidad, la moda, las celebrities y el mundo en general

A lo largo de cada uno de nuestros días estamos expuestas a miles de inputs externos que pueden influenciar de forma inconsciente nuestros pensamientos, nuestro modo de actuar e incluso nuestros gustos; y, seamos sinceras, los mayores impactos que recibimos las mujeres vienen de la moda, por un lado, y de cualquier evento social que se precie, por otro.

Por ello, tras comerme el tarro pensar concienzudamente durante horas, he llegado a la conclusión, por experiencia propia, de que estas dos importantes cuestiones (moda y sociedad) en la vida de cualquier fémina pueden haber sido las culpables de que yo me derrita por ver un frondoso vello facial en la cara de cualquier hombre.

Desde las firmas de lujo, como Hermès, Dolce & Gabbana o Woolrich, hasta el low cost más accesible de Zara, pasando por marcas intermedias como la adorada The Kooples, han escogido a hombres con espesa barba para protagonizar sus últimas campañas y lookbooks. ¿Y qué se supone que debemos hacer nosotras? Nada, ya se encargan ellos de que nos terminen gustando.

No estamos libres de un bofetón barbudo ni cuando vamos al cine, ni cuando escuchamos la música de moda, ni cuando repasamos cualquier alfombra roja para ver y despellejar cada uno de los modelitos que la pisan. Allí están ellas, las barbas sobre los actores, cantantes y demás personalidades del star system para hacer que los deseemos aún más con su aspecto varonil.

© Campaña de Zara.
© Campaña de Zara.

 

Consultamos con los expertos

Ahora bien, hasta que algo no llega definitivamente a la calle, no se convierte en tendencia y ¡estamos salvadas! Puede que la barba no trascienda el papel impreso ni aterrice en España directa desde el mismísimo Hollywood. Para corroborarlo, me acerqué a ver a los expertos barberos de Lucas 36, Jaime y Jorge, y así confirmar qué es lo que hacen los hombres “reales” con el pelo que les sale en la cara.

“La barba comienza a demandarse cada vez más (OH, DIOS MÍO) y, como todo, tiene sus ciclos. Depende de la sociedad, de la política, etc.”, me cuenta Jaime. “Ahora que hemos superado la época del machismo, de la represión de la mujer trabajadora, de la feminidad sin complejos en el hombre… las chicas reclaman un arquetipo viril, y la barba aporta esa nueva imagen que buscan tanto ellas como ellos para sí mismos: la de un tipo masculino y sensible a la vez, pero con una imagen más varonil que la que pudiera tener el metrosexual”.

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Pero esta tendencia barbuda, ¿a qué se debe? Y lo más grave: ¿Por qué atrae a las mujeres? Jorge puede que tenga la solución: “Es una respuesta social y cultural a un periodo anterior en el que triunfó la metrosexualidad. Ahora a ellos les gusta verse con barba, su aspecto cambia y les da un aire más serio”. Eso sí, no vale cualquier tipo de barba, “todo depende de lo arreglada que la lleves”, continúa Jorge, “puedes parecer un tío serio o un auténtico dejado”.

“En cuanto a lo tuyo”, me contestan consolándome, “no te preocupes, un hombre con barba puede ser mucho más aseado que uno que no la tiene, ya que el vello facial requiere un cuidado riguroso y específico. Es una imagen muy alejada de la del hippie que todos tenemos en mente”.

 

Hombres que nunca deberían llevar barba

Este apartado está dedicado especialmente a cualquier hombre que nos lea. Porque aunque ahora a las mujeres nos gusten con barba, hay ciertos casos en los que es mejor evitarla en pos de una imagen y presencia impecables. Crear una frondosa capa de vello facial requiere una considerable masa de pelo y unos buenos arreglos. A las chicas no nos vale cualquier barba.

Por un lado, están las exageradamente descuidadas y descontroladas que consiguen que pensemos en un aspecto poco aseado y de repulsión instantánea, véase el caso de Joaquin Phoenix (perdón por la minoría que lo adora, pero creo que hablo por la mayoría).

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Por otro lado, están los que yo he pasado a denominar “Los cuatro pelos tiene mi barba”. Ser lampiño no tiene por qué ser un problema para gustar al público femenino, pero sí lo es el intentar tener una buena barba donde no la hay. Os aseguro que cuatro pelillos al final de las patillas acompañados de los otros tres que asoman vergonzosos en la barbilla no se consideran barba. He aquí unos ejemplos por si no ha quedado demasiado clara la cosa.

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Brad Pitt, Elijah Wood; Jon Hamm; Antonio Banderas; Ryan Gosling; James France: Leonardo Di Caprio; Jared Leto © Getty Images

 

Conclusiones del estudio

Querida amiga mía, después de pedir opinión especializada y afectiva (madre, amigas, enemigas, la señora del autobús o la de la fila del supermercado) he de concluir que no pasa nada porque nos gusten las barbas (¡Ufff, menos mal!).

La única explicación racional a esta nueva atracción es que se trata de una moda, como bien apuntó el sociólogo Navas desde un principio. Una respuesta social frente a los metrosexuales que habían reinado en el ámbito sexual hasta hace unos años. Pero la ceja depilada y el exceso de productos capilo-corporales están demodé y como siempre se dijo: donde hay pelo, hay alegría, y una buena barba puede ser hoy (mañana no lo sé) la clave para conquistar a una chica, como la del barbudo de mi afterwork, ¡ay!

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