¿Y por qué no existe un ‘día del Orgullo hetero’?

"Pero… si ya está todo superado. A nadie le importa con quién te acuestas y no hace falta recordar que eres gay, ¡yo no voy por ahí diciendo que soy hetero!".

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La fiesta del Orgullo se han convertido para muchos en tan solo eso, una fiesta. Un día que, en Madrid (capital mundial del evento este año), todos asociamos con el barrio de Chueca hasta arriba, fiestas, carrozas y diversión generalizada. Sin embargo, todavía muchos heteros -en su línea habitual de ver una agresión a sus elecciones vitales en toda aquella decisión distinta a la suya- lo ven como una reivindicación innecesaria, una expresión de ‘orgullo’, entendido como exaltación de las características propias.

“Pues yo también estoy muy orgulloso de ser hetero y no necesito un día para celebrarlo”, dirá algún iluminado.

Exacto.

Tú no necesitas un día para celebrar nada porque no hay nada que celebrar. El Orgullo no es una celebración de lo bien que están las cosas y cómo nos gusta ser como somos. Es una reivindicación recordando que las personas LGTB+ existen, y que por suerte hoy en día sí que pueden salir a las calles libremente, casi siempre.

En otras palabras, el ‘día del Orgullo hetero’ hará falta el día que los adolescentes heterosexuales, al sentir la primera atracción por personas del género opuesto, tengan miedo y se pregunten si lo que están sintiendo está bien o si quizá deberían reprimirlo para ser ‘normales’.

¡Un ángel de Victoria’s Secret y una ex-ídolo adolescente! Las mentes de muchos explotan… y ellas tienen que aguantar todo tipo de comentarios en redes sociales. © Cordon Press

 

“Pero… si ya está todo superado, si ya nadie es homófobo; no hace falta recordar que eres gay, yo no voy por ahí diciendo que soy heterosexual”,  diría nuestro amigo de antes.

Lo primero: eso es mentira.

Los heteros, de facto, sí dicen que son heterosexuales constantemente (heterosexismo everywhere), todo el tiempo y en todas partes, por Dios. Vivimos en una sociedad en la que se presupone la heterosexualidad por sistema. A nadie le resulta ajeno que los hombres se hagan comentarios de contenido sexual sobre mujeres sin conocerse de nada o que les preguntemos a los niños pequeños, incluso bebés “si ya tienen novio o novia”, del sexo opuesto, solo faltaría.

“Mi nene va a ser todo un Casanova”; “se lleva de calle a las niñas de la guardería” o “de mayor te veo sacando la escopeta a los chavales” son comentarios que se hacen a los padres continuamente. Que la criatura pueda no ser hetero ni se contempla en sus mentes (solo, quizá, como una desgracia). La gente habla de sus preferencias sexuales todo el tiempo y sin preguntar, menciona a su parienta con total normalidad y hace chistes sexuales como el que habla del tiempo, ¿seguro que “nadie va por ahí diciendo que es heterosexual”? Dale una vuelta.

Piensa, piensa…

Y luego dale otra pensada al tema de decirle a un colectivo históricamente oprimido, al que no perteneces, si tiene o no tiene necesidad de luchar por lo que considere.

Para empezar, las agresiones homófobas y transmisóginas están a la orden del día. Los delitos de odio relacionados con la orientación sexual y la identidad sexual han aumentado en España un 36%. Si no lo percibes o te parece broma es porque estás sentado sobre una torre de privilegios, amigo.

Porque cada X, vemos una noticia sobre una pareja del mismo género que ha sido expulsada de un local por besarse en público. Cada X, una amiga me cuenta que iba con su novia por la calle y les han insultado o un hombre ha empezado a tocarse mientras las miraba o les han preguntado quién hace de hombre o… Cada X, una amiga bisexual me cuenta que en cuanto lo saben en su entorno, los hombres le proponen tríos, le hacen comentarios inapropiados o hasta su terapeuta cuestiona el porcentaje de atracción hacia uno y otro género, como un test para declarar si eres realmente bi o es solo una estrategia para llamar la atención. Cada X, el influencer machista de turno se permite hacer chistes sobre volverse homosexual y acabar dándolo todo en una sauna rodeado de hombres sudorosos, por tocar el pene de una estatua o sujetarle el bolso a tu novia, con millones de niños pequeños como audiencia. Cada X, un amigo bisexual me cuenta que en su entorno lo consideran una fase hasta que acepte que realmente es gay. Cada X, una amiga trans me cuenta que unos desconocidos le han partido las gafas al grito de “maricón”.

Y eso aquí, en Europa, donde la homosexualidad no se persigue como en otras partes del mundo.

Sí, sigue pensando…

Para algunos sectores conservadores, iniciativas como el Orgullo son peligrosas porque “incitan a la homosexualidad” o bien “exaltan la homosexualidad”. Supongo que una programación televisiva y de cine en la que el 99% de las historias son sobre gente heterosexual no es propaganda para volver hetero a la gente. Me pregunto si pensarán también que las celebraciones del Real Madrid tras ganar la enésima Copa de Europa les parecen propaganda para incitar a la gente a no ser del Barça.

  • ¿Para quién es el Orgullo?

Lo sé, estás imaginando la típica carroza con un montón de señores cisgays, semidesnudos, con cuerpos de gimnasio normativos a más no poder, ataviados con boas de plumas y disfraces variados. Si no, quizá visualices a las clásicas lesbianas del imaginario popular: pelo corto y camisas de cuadros. Y para de contar.

Nos imaginamos a gente que ya no necesita reivindicar nada porque ya tienen sus propios locales de ambiente -qué lujo, tener locales propios de los que no te expulsen por tu orientación o género-, puede casarse y sale por la tele. No nos imaginamos tanto a esa chica adolescente que vive en un pueblo pequeño con una familia conservadora y que no puede ni plantearse salir del armario como lesbiana o como mujer trans, y no digamos ya como ambas. Ese chico joven que ha sufrido bullying en su instituto desde pequeño por ser como es y ahorra para venir a Madrid a pasar el Orgullo con los amigos que ha hecho por Internet, que también son LGTB, para poder sentirse libre por unos días.

No pensamos en la gente que necesita salir a la calle para ocupar un espacio que se les niega. En las mujeres trans, que sufren muchísima violencia y a las que muchas veces se expulsa de los grupos no mixtos de las manifestaciones por transmisoginia, dejándolas inaceptablemente expuestas. En las personas NB, a las que se niega e invisibiliza. En la gente racializada, que ya tiene bastante con ser acosada por su raza y género, como para plantearse salir del armario como LGTB.

Para algunos sectores conservadores, iniciativas como el Orgullo son peligrosas porque “incitan a la homosexualidad”…

El Orgullo es para todos los que todavía tienen mucho que reivindicar, no para caer en la autocomplacencia. Es por esto que diversas asociaciones y movimientos sociales defienden la celebración de un Orgullo Crítico que no se limite a ser una fachada comercial ni un negocio, a golpe de gaypitalismo o pinkwashing.

Cara Delevingne, que se declaró bisexual hace unos años (tras pasar por una dura depresión), tuvo que aguantar todo tipo de titulares que señalaban que lo suyo era “una fase”. © Getty Images
  • Orgullo Crítico: ¿qué queda por hacer?

El formato de gran desfile con el que se celebran las marchas del Orgullo lleva años siendo criticado por los activistas que señalan su poca o nula carga reivindicativa. ¿Creamos una falsa sensación de que ya está todo conseguido?

Además, invisibilizar la situación real no es todo, este formato de Marcha o desfile de carrozas, también puede dejar fuera de manera consciente a toda aquella identidad LGTB+ que no se adscriba a la norma heteropatriarcal: personas trans, no binarias, bisexuales, lesbianas, intersexuales, hombres homosexuales que no se ajusten a los parámetros anteriormente descritos, marcados por el capitalismo rosa y un largo etcétera.

Ya en los inicios del movimiento de liberación, hubo un gran debate con voces criticando la iniciativa de seguir una tendencia asimilacionista y venderse como iguales que los heterosexuales –Love is love, nos amamos igual que tú, somos monógamos igual que tú, somos gente respetable-, para ser vistos de una manera benévola y ser tolerados y no perseguidos, integrándose en la sociedad sin cambiar las raíces de la opresión ni la sociedad misma.

Pero el debate sigue vigente, ¿está la comunidad siendo todo lo inclusiva que debería con las identidades más marginadas dentro del propio colectivo? ¿Se apoya y respeta como se debería a las personas en situación más desfavorecida o se las silencia e ignora, propiciando que se las siga agrediendo y maltratando socialmente? ¿Por quién o por qué estamos luchando si no? ¿Hay espacio, por ejemplo, para las personas no monógamas en el Orgullo Gay, cuando aún a muchos les cuesta compartir espacio con mujeres trans, racializadas, musulmanas y personas NB?

Son muchas las reflexiones a hacer en un día como hoy. Y no, ninguna es sobre si debería existir un día del orgullo hetero.

© Getty Images

La lesbofobia que hace que las lesbianas sean las hermanas pobres e invisibles de los hombres gays; la transfobia y la transmisoginia que mata a mujeres vulnerables; el racismo que hace que feministas blancas sean condescendientes y abusivas con las mujeres negras porque niegan una opresión que no viven; la bifobia que hace que las personas bisexuales reporten índices más altos de abuso de tóxicos y presenten más ansiedad y depresión que la comunidad homosexual y todo el resto de actitudes problemáticas son el día a día en la vida de muchas personas que también son parte de la comunidad LGTB+. Queda mucho por debatir, mucho por escuchar y mucho por cambiar. Queda mucho, muchísimo por normalizar y reivinidicar.

En un mundo en el que los referentes de relaciones románticas sanas entre mujeres en la ficción son muy escasos (las lesbianas siempre mueren, acaban mal o se cruzan mágicamente de acera). En el que los gays son el alivio cómico de turno y las personas bisexuales son fetichizadas y cuestionadas y las mujeres trans son poco más que una trama de superación que puede interpretar el actor de turno. Un mundo en el que ya no es raro volver a ver países que persiguen la homosexualidad, hay muy poco de lo que estar ‘orgulloso’.

Y mucho, mucho por lo que luchar.

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