¿Por qué no nos cansamos de las películas románticas?

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12 julio, 2015

Los mejores títulos somos capaces de verlos una y otra vez. Como por ejemplo nos pasa con Ghost, que hoy cumple 25 años.

En la carrera por los Oscar solo ganan los actores que han sometido a su cuerpo a un gran cambio físico o los que se llaman Meryl Streep, eso es así. Si tú haces una comedia romántica lo más probable es que no te comas ni un colín. Sin embargo, si la competición se libra en la parrilla televisiva, la cosa es otro cantar: los dramas iraníes en los que se sufre mucho no son los más vistos. Será porque estos huecos de sábado a las 4 de la tarde los reservamos para tirarnos en el sofá o porque aprovechamos para hacer quince cosas a la vez con el runrún de Pretty Woman de fondo, pero en la televisión ganan las comedias románticas.

Placeres culpables de los que no nos arrepentimos, porque nos gustan, sí. Nos enganchan esas historias que siempre son diferentes atajos del chico-conoce-chica. Las románticas, las pelis de amor, las que sabemos cómo van a terminar a los minutos de empezar y, sobre todo, las que no nos cansamos de ver una y otra vez, esas de las que nos sabemos los diálogos de memoria. Como Ghost, cuyos diálogos podemos recitar de carrerilla tras repetir el curso durante los últimos 25 años; la película se estrenaba tal día como hay hace un cuarto de siglo sí, ya ha pasado tanto.

Ghost cumple ya 25 años.
El famoso amasado de Ghost cumple ya 25 años.

1. Porque nos encanta su previsibilidad.

Muchos ven en esto el gran problema, pero cuando eres madre y multitarea rara vez ves películas Y SOLO VES PELÍCULAS. En mi caso, normalmente o estoy con el ordenador, o con una niña revoloteando, o con las dos cosas a la vez. Así que no solo no es un problema que la película sea previsible sino que es una gran ventaja. Además, sabes que puedes levantarte al baño en cualquier momento y que no vas a perder el hilo (punto muy a favor si tenemos en cuenta el número de vejigas que han explotado desde que la televisión española decidió prescindir de las pausas).

Oye Sally, ¿tú sabes que vamos a acabar juntos, verdad? Un chico y una chica no pueden ser amigos en las pelis sin acabar en la cama.
Oye Sally, ¿tú sabes que vamos a acabar juntos, verdad? Un chico y una chica no pueden ser amigos en las pelis sin acabar en la cama.

2. Porque nos encantan los finales felices.

En serio, yo me siento completamente estafada cuando una de estas películas por un giro dramático de a saber qué guionista que se puso creativo termina mal. Aún recuerdo las ganas que me entraron de asesinar al guionista de [spoiler] Mensaje en una botella. Dos horas con Kevin estoyestreñido Costner y venga y dale para que al final cuando ya está a punto de acabar con todo el sufrimiento, van y lo matan. Con un par. LO MATAN. ¡Venga ya! ¡Iros a freír churros!

Para dramas ya tengo la vida. Yo si quiero ver una peli de estas, quiero que acabe bien. Que les hagan sufrir por el camino, vale, pero que terminen como está mandado. Que no estoy viendo Matrix ni Ciudadano Kane. Estoy viendo una puñetera comedia romántica, ¿es mucho pedir que al final todo sean novios felices y perdices?

En nuestro caso va a terminar divinamente. ¡Un final de lo más feliz!
En nuestro caso va a terminar divinamente. ¡Un final de lo más feliz!

3. Porque están permitidas las extravagancias.

Hay películas románticas intensas de te quiero, te adoro, te compro un loro y también hay comedias románticas en las que las intensidades las dejan para la cama y el resto de los noventa minutos los aprovechan para meter alguna broma que otra y situaciones divertidas. El humor siempre está bien. Podemos estar enamorados y reírnos, qué narices.

Venga Hugh, así no hay quien se concentre.
Venga Hugh, así no hay quien se concentre.

4. Porque la gente baila y canta y a nadie le parece raro.

Cuando yo nací, lo primero que dijo mi abuela fue que tenía nombre de cabaretera. Lo siguiente fue “¿Se arreglará?” porque nací con la cabeza ahuevada y el lagrimal cerrado. Me quería mucho mi abuela. Y aquí estamos, que lo de la farándula lo llevo en el tuétano. A mí encantan las películas en las que la gente canta y baila porque les sale de dentro así, en medio de la calle. A mí esto de poderte poner a hacer el melón en la calle porque sí, sin que nadie piense que estás para encerrar me parece lo más de lo más. Tú prueba a hacer lo mismo en la vida diaria y ya verás si acabas comiendo perdices o en un manicomio. Aunque en el Retiro, con la cantidad de gente rara que hay, lo mismo pasas desapercibido y todo.

El Retiro. Un día cualquiera, a cualquier hora.
El Retiro. Un día cualquiera, a cualquier hora.

5. Porque las rarezas te hacen cool y no la vieja de los gatos.

En las comedias románticas todo es posible. Y normalmente si tú lo piensas los protas son raros raros de cojones. La diferencia es que en la vida real tú huirías de ellos como de la peste mientras que en la gran pantalla (o en la pantalla pequeña de tu tablet) esa gente es la que más encanto tiene.

Amelie: "Soy muy mona, pero estoy para encerrar".
Amelie: “Soy muy mona, pero estoy para encerrar”.

6. Porque está bien alegrarse la vista.

Esto es como todo. En la vida real tú te enamoras de quien te enamoras. Pero claro, en un romance a la carta, ¿quién va a enamorarse de un feo a propósito? Es ficción, así que pueden hacer que el tío más cachas y buenorro del mundo sea también muy listo (ojo que esta combinación existe en la vida real pero es condenadamente difícil de encontrar). Y aunque yo para mi día a día prefiero a quien me enamore por el corazón, para darme un alegrón, mejor que tenga músculos incontables y (a poder ser) unas cuantas escenas de desnudo innecesarias. ¡Gracias guionistas!

¿Era necesario para la trama enseñar tableta? No. Pero, ¿a quién le importa?
¿Era necesario para la trama enseñar tableta? No. Pero, ¿a quién le importa?

7. Porque romántico no es sinónimo de casto y puro.

Tal vez en las películas antiguas la cosa no pasase de cuatro besos castos, pero en las películas románticas actuales hay alegría, alboroto y a veces hasta perrito piloto. Y una puede imaginarse que ha conquistado a Ashton Kutcher o a quien se tercie. ¡Yuju!

Natalie dándolo todo. A Ashton Kutcher esto se lo hemos hecho antes nosotras, pero más disimuladamente.
Natalie dándolo todo. A Ashton Kutcher esto se lo hemos hecho antes nosotras, pero más disimuladamente.

8. Porque ellas son siempre monísimas y estupendísimas.

Tú en un plano teórico piensas que estaría bien que la protagonista no siempre fuera tan estupendérrima porque dan mucho asco tan perfectas. Pero pasa como con los protagonistas masculinos: esto es una cosa aspiracional así que en el fondo está bien que sea todo lo mona que no vas a ser tú nunca. Y tú no sabes qué le envidias más, si ese culo, si ese tipo o ese vestuario en el que todo es divino de la muerte y queda como un guante.

Pues sí, soy monísima, que esos siempre queda mejor en cámara.
Pues sí, soy monísima, que esos siempre queda mejor en cámara.

9. Porque solo existen profesiones con glamour.

Es alucinante la cantidad de gente con profesiones molonas en este tipo de películas. Ahí obreros del metal, los justitos y los que hay están básicamente para salir sin camisa. Todos tienen profesiones con un halo de glamour. Periodistas, publicistas, médicos, escritores… Abundan las profesiones creativas por lo general. Porque claro, es mucho mejor imaginarte que eres escritora en Grazia (jijiji) que imaginar, un suponer, que trabajas como funcionaria aunque en la vida diaria igual eliges lo segundo, aunque yo no porque esto lo mola todo.

Editora, con buen culo y con Matthew MacConaughey. Menos mal que no tengo tetas para compensar y que no me odiéis (más).
Editora, con buen culo y con Matthew MacConaughey. Menos mal que no tengo tetas para compensar y que no me odiéis (más).

10. Porque además de novios, hay amigos.

Y los amigos son lo mejor del mundo en general. Las películas románticas están llenas de amigos, muchas veces más interesantes que los mismos protagonistas. Porque los personajes más locos SIEMPRE son los amigos. Y si no acordaos del compañero de piso de Hugh Grant en Notting Hill, por decir uno al azar.

Cómo mola hacer bailecitos chorrones con las amigas.
Cómo mola hacer bailecitos chorrones con las amigas.

En resumen…

Son previsibles. Todos sabemos lo que va a pasar. Sabemos quién va a acabar con quien. El amor triunfa siempre, y eso es tan irreal como que James Bond no se arrugue el esmoquin tras matar a cuatro malos o que el pueblo de Melinda Gordon tenga doscientos muertos por metro cuadrado. Suelen ser historias tremendamente fáciles de resumir. Bueno, casi todas. Se acaban justo cuando empieza lo complicado en la vida real.

Las comedias románticas son maravillosas porque podemos oír declaraciones de amor fantásticas que no oiremos jamás pero, ¿a quien le importa? Esa es la magia del cine. A mí dadme películas románticas y quedaros para vosotros esas en las que no hace más que morir gente. No sé a vosotros, pero a mí me gusta irme con el balance de muertos a cero todas las noches. Menos en Ghost, que es bonita hasta con muertos y fantasmas.

¡Amamos a Hugh y a Julia!
¡Amamos a Hugh y a Julia!

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