¿Por qué nos ponen los maduros?

Estables, independientes económicamente, de vuelta de todo y, seguramente, buenos amantes. ¿Una cana al aire? Y dos, y diez, y veinte…

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“Un día, no sé, ocurre: estás encoñada con los tíos de tu edad y, de repente, aparece un hombre, pero un hombre de verdad, con 15 años más que tú, hablas un rato con él y piensas: ¡hasta luego, niñatos!”. Carmen no se había planteado nunca la atracción por las canas en las sienes, las entradas más o menos pronunciadas ,y ni mucho menos, el no darse cuenta de que esa barriguita ya no se puede disimular. Sin embargo, hace dos años conoció a Mario y, sin esperar demasiado de aquello, comenzaron una relación, a día de hoy estable. Ella, 29; él, 44.

© Lolita de Adrian Lyne (1997).
© Lolita de Adrian Lyne (1997).

En brazos del hombre maduro o, si se quiere, de la estabilidad, de la madurez, de la educación y de la experiencia. Porque todas estas cosas, y otras más, influyen a la hora de que las mujeres más jóvenes se sientan atraídas por hombres que quizá hace unos años hubieran pasado desapercibidos.

Así lo establece Marcos González-Val, psicólogo: “La estabilidad que ofrece un hombre mayor es, seguramente, el principal polo de atracción”, explica. “Hay que tener en cuenta que es una estabilidad que, quizá para él, no sea tal, pero sí para cualquier persona más joven. Y, además, lo es en dos direcciones: por un lado, en lo económico y en lo laboral. No todos los casos son iguales, pero es probable que él tenga un trabajo más o menos estable o, al menos, una experiencia laboral que doble la de su pareja, y eso gusta. Y, por otro lado, esa estabilidad también es existencial: las dudas que surgen cuando se tienen 25 o 30 años respecto a la vida, al futuro, al qué será de mí, alguien de 40 o 45 ya las ha superado. Y eso da mucha tranquilidad”.

© Lost In Translation (2003).
© Lost In Translation.

González-Val aclara, sin embargo, que “hay un peligro en todo esto: que el hombre alardee de esa seguridad en sí mismo menospreciando o minusvalorando las dudas de su pareja más joven. Eso podría repeler en la misma proporción, ya que cada etapa vital tiene sus problemas y son igual de importantes que los que se puedan tener dentro de una década”.

© Up In The Air
© Up In The Air

Un señor bien educado
Hacer esto es síntoma también de madurez y, por supuesto, de buena educación. Porque ese es el otro gran diamante para las mujeres: “Un hombre de 40 años ya sabe que la educación abre más puertas que cualquier otra cosa. Y educación es desde empatizar aunque no se quiera, hasta una sonrisa en el momento más oportuno”, explica González-Val.

Sonia, ahora mismo sin ningún compromiso pero con la experiencia de que los dos últimos han sido con personas con, al menos, diez años más que ella, lo corrobora: “¿Qué quieres que te diga? A mí los chicos de mi edad me parecen bastante maleducados, y no creo que sea algo generacional, sino de madurez”. Aunque matiza: “Estoy hablando de educación, de buenos modales, no de caballerosidad. Yo no quiero caballeros porque yo no soy una dama, eso es muy machista. Yo quiero alguien educado y punto. Vamos, no un troglodita, que hay muchos”.

Carmen, tras dos años de relación con Mario, se muestra más irónica: “Cuando ya están contigo, los buenos modales se relajan”, se ríe. “Es como todo: cuando ya tienes la ‘presa’, no hay que seguir haciendo tantos esfuerzos. Aun así, a mí Mario me sigue conquistando con ciertos detalles que quizás un chaval más joven no tendría”.

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© An Education.

Pero no demonicemos
Hay que tener cuidado, sin embargo, en no tirar por tierra las capacidades de la gente más joven porque, al final, todo depende de la personalidad de cada uno: “La educación es la educación antes, durante y después. Quiero decir: el que es educado con 20 lo seguirá siendo con 40. Y el que muestre educación solo para cortejar a alguien acabará mostrando el plumero antes o después”, expone González-Val.

Porque, si algo no quiere ser este reportaje, es un alegato en contra de las virtudes de los más jóvenes. Nico, con 32 años y amigos de todas las edades, aclara: “Mis amigos de 40 no son más educados que yo. Incluso hay alguno que podría volver a la caverna. Pero sí es verdad que, al menos, son más listos que nosotros, los que somos más jóvenes. Cuando hablamos de tías, aprendo mucho, sobre todo qué hacer para agradar aunque sea mentira”. Lo que Nico quiere dar a entender es que, en muchas de esas supuestas ‘virtudes’ de los más mayores, solo hay disimulo y maquillaje para gustar.

Nos ponen los maduros
“Pero eso es normal, eso lo hacemos todos”, subraya González-Val. “Hay actitudes impostadas que, antes o después, se descubren. Pero otras vienen dadas por los años, por la experiencia, y están cimentadas”. Este psicólogo, por ejemplo, hace mención a algo que parece olvidarse en ocasiones pero que es importantísimo: la cultura. “El aprendizaje llega con los años. Hay personas que no aprenderán nunca, que seguirán hablando mal, cometiendo faltas de ortografía, no queriendo aprender, a pesar de que tengan la oportunidad. Pero la mayoría, aunque solo sea por el día a día, aprendemos. Y si eres una persona mínimamente interesada en lo que te rodea, a la hora de hablar de temas generales con gente más joven, tu experiencia será patente. Y eso conquista”.

Y, claro, la cama
Tarda en salir, pero el asunto de la experiencia sexual acaba generando unanimidad: “Claro que funciona mejor un tío de 40 años, ahí no admito discusión”, reconoce Carmen, taxativa. “Un hombre-hombre, no un hombre-niño, lo hace todo mucho mejor”, añade Sonia. “No tienen tanta prisa y, ¿cómo podría decirlo sin que suene ordinario?… Bueno, alargan todo más en el tiempo”.

© American Beauty (1999).
© American Beauty.

¿Y ellas? ¿Qué aporta una chica joven a un hombre más mayor? “Eso es muy importante”, reconoce González-Val. “Que la relación con un hombre maduro vaya bien también depende de lo que él obtenga a cambio. Y lo primero de todo es, seguramente, mayor vitalidad, una vuelta a la juventud, la improvisación, la espontaneidad… Esas cosas que con la edad se van perdiendo o se experimentan cada vez en menor medida y que son tan satisfactorias”.

© Manhattan (1979).
© Manhattan.

Carmen coincide: “Mario me ha dicho muchas veces que conmigo ha vuelto a hacer cosas que hacía tiempo que no se planteaba. Parece una tontería, pero el hecho de que llegue el viernes por la tarde y le proponga que nos vayamos el fin de semana a cualquier lado con el coche sin haber buscado un hotel le parecía al principio una locura. ¡Una locura! Claro, hacía mucho tiempo que no se lanzaba a hacer algo tan sencillo, porque además no implica ninguna complicación: echas la maleta, arrancas y te vas, y ya veremos dónde dormimos”.

Carmen ha hecho muchas veces algo así con sus amigas, y con su novio no iba a ser menos. “Porque esto es algo muy importante que cualquier mujer más joven que su pareja debe aprender: si está con él es para crecer pero también para seguir siendo ella misma, no para marchitarse. Si el tipo es más mayor y un aburrido, mejor alguien más joven y más alegre”.

Pues eso, ¡alegría…!

Brad Pitt, AY... © World War Z
Brad Pitt en World War Z.

Aquí (y a cuenta del lado femenino de la redacción de Grazia.es), nuestros maduros favoritos de la gran pantalla. AY.

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