¿Puede existir un feminismo islámico?

El ciudadano de a pie las ve como sujetos sin personalidad, mientras que amplios sectores de su propia comunidad las califican como demasiado radicales

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Desde hace tiempo nos llegan voces de mujeres que, desde dentro del Islam, defienden el feminismo. Y, como no podía ser de otra manera, las reacciones son de todo tipo: tanto dentro, como fuera de los feminismos. “¿Pero cómo va a ser feminista si es musulmana? ¿Cómo va a defender el feminismo una mujer que profesa una religión que considera a la mujer un ser inferior? Llevar velo y ser feminista es un oxímoron”…

La ensalada de prejuicios está servida porque pocos han hecho el único ejercicio que verdaderamente interesa: escucharlas.

Los tópicos están servidos… pero pocos han hecho el ejercicio de escuchar. © Getty Images
  • ¿QUÉ ES EL FEMINISMO ISLÁMICO?

Empecemos por el principio. El feminismo islámico es un movimiento que reivindica el papel de las mujeres en el Islam. Aboga por la justicia social -en un contexto islámico- y por la igualdad de todos los musulmanes, sin importar sexo o género. Algunas voces incluso señalan que resulta redundante llamarlo “feminismo islámico” y optan por la denominación “activismo islámico”, puesto que el Islam en sí mismo, consideran, ya es feminismo.

Esto choca de bruces con los prejuicios de muchos: “¿Pero no es una religión machista?”.

Bueno, para empezar, estaría bien reconocer que la gran mayoría de occidentales no tenemos mucha idea de lo que es el Islam. Poco más allá de los tópicos de turno y el par de temas sobre religiones del mundo que viste en cuarto de la E.S.O.

Quizá has visto un documental sobre la yihad o leído un artículo entero sobre la crisis de Oriente Medio, pero el ciudadano de a pie, poco más. La mayoría aún cree en clichés como que las musulmanas son completamente sumisas ante sus maridos y que utilizan el velo contra su voluntad y por pura imposición. Depilarse es una imposición patriarcal, ¿vamos a decir a las mujeres depiladas que no pueden ser feministas? ¿Dónde ponemos los límites?

Resulta un tanto eurocentrista pensar que nuestro modelo es el único válido.

Da igual cuántas mujeres salgan gritando que llevan el velo porque quieren. Da igual que no hayan conocido a una sola persona musulmana, total para qué. Da igual cuánto violenten a las mujeres musulmanas al hacerlas destaparse en las playas. La islamofobia y el miedo al diferente nos hace creer conocer mejor su religión y su cultura que ellos mismos, aun sin haberles preguntado jamás al respecto… Curioso. Lo cual nos devuelve de cabeza al punto de escucharlas y tratar de aprender.

Wadi N-Daghestani, activista de 28 años nacida en Oviedo e hija de exiliiados sirios, explicaba ya en 2014 a PlayGround que el feminismo islámico es la corriente que defiende las libertades y derechos de la mujer musulmana, que ya están perfectamente recogidos en el Corán. Dichos derechos, en palabras de la propia N-Daghestani “han sido pisoteados y manipulados por mentes más que fundamentalistas, paradójicamente anti-islámicas, en muchas sociedades árabes patriarcales, y también en algunos países occidentales”.

¿Es realmente el Islam una religión más machista que el catolicismo o cualquier otra? Y aunque lo fuera, ¿podemos entender la existencia de los movimientos reformistas dentro de las religiones? Que en Occidente hayamos vivido un desinterés gradual por la religión y que a día de hoy, muy pocas personas jóvenes sean practicantes, no significa que en todo el resto de estratos sociales y culturas tenga que darse exactamente el mismo fenómeno.

Resulta un tanto eurocentrista y colonial pensar que nuestro modelo actual es el mejor, o incluso el único válido.

¿Serías capaz ir a la playa sin depilar? Porque la depilación es una imposición del patriarcado que todas hemos aprendido e interiorizado. Y nos depilamos porque queremos (faltaría más) y no por ello somos menos feministas. ¿Y si ahora cambiamos depilación por velo? © Getty Images
  • ¿QUIÉNES SON LAS FEMINISTAS ISLÁMICAS?

Los perfiles son variados. Hijas de árabes exiliados por las guerras, hijas de inmigrantes magrebíes, nacidas y criadas en España en muchísimos casos. Su juventud y valentía asusta y llena de esperanza a unos y otros. Su experiencia vital ha sido la de enfrentarse en vivo y en directo a una cantidad de racismo e islamofobia que apenas imaginamos.

Conseguir un trabajo en España siendo musulmana, lleves velo o no, puede ser un infierno. Conseguir que te alquilen un piso, lo mismo. Ir por la calle o a clase en ocasiones no es tarea fácil y se exponen a agresiones islamófobas. Viven a caballo entre la intolerancia de sectores de su propia comunidad por considerarlas demasiado radicales (tienen a sus propios machirulos, los musulmachos) y la incomprensión del ciudadano de a pie, que las ve como sujetos sin personalidad ni agencia propia.

Están muy lejos del papel de mujer sumisa que hemos creído que era el único que existía para ellas. Escriben libros y dan conferencias, van a la Universidad, visitan a su familia en otras partes del mundo y conocen otras realidades. No siempre son heteros o cis, rompen con lo que muchos pensábamos que era el papel de la mujer en el Islam, nos lo explican y además, nos señalan muchas cosas que hemos estado haciendo mal. El feminismo islámico ha sido un buen revulsivo para el feminismo blanco o hegemónico y ha hecho aparecer lo peor de cada casa en forma de prejuicios y condescendencia sin límites.

Sirin Adlbi Sibai, nacida en Granada, también es hija de exiliados sirios en España. Tras diez años de trabajo investigador sobre el Islam, las mujeres y el feminismo (en España y Marruecos) escribió su obra La cárcel del feminismo (Akal). El nombre ya deja intuir la crítica a los feminismos occidentales: su tesis es que el feminismo actual incluye una colonización cultural. Solo superando ese concepto podríamos llegar a lo que denomina el pensamiento islámico decolonial.

En febrero de este año, la escritora ya apuntaba que el feminismo hegemónico ha estado imponiendo una serie de discursos dirigidos únicamente a las mujeres blancas, occidentales y burguesas. “Como ya dijo Chandra Talpade Mohanty, este tipo de feminismo ha excluido a todas esas mujeres del llamado tercer mundo, por lo que pide la igualdad de los hombres y las mujeres occidentales y nunca ha incluido a las mujeres de otras culturas o civilizaciones”, explicaba Adlbi Sibai a El País.

Esta visión colonial se plasmaría en los discursos sobre las mujeres musulmanas, generalmente racistas e islamófobos, donde se representa lo que denomina “la mujer musulmana con hiyab”: un mero objeto de estudio, nunca sujeto en sí misma.

Según la autora, en las narrativas del feminismo occidental, se representa a la mujer musulmana como subdesarrollada, analfabeta, pasiva, sumisa, reprimida, etc. Esta visión errónea es la que nos lleva a la supuesta incompatibilidad entre feminismo e Islam y por tanto, la negación del feminismo islámico. Nos induce a verla como una religión opresiva y contraria a los derechos de la mujer. Una visión que, según Adlbi Sibai, responde a las agendas coloniales.

“Nosotras no queremos dejar de ser musulmanas. El Islam me permite ser una mujer liberada”, declaraba a 20 Minutos M. Laure Rodríguez Quiroga, autora de Falsos mitos de la mujer en el Islam (Almuzara). Esta vez, no se trata de la hija de musulmanes exiliados sino de una española convertida en la adultez. Musulmana, vasca, feminista y metalera, su visión feminista de los textos coránicos la han convertido en diana para muchos fanáticos religiosos. Tras una evolución personal desde el feminismo más ateo, para ella el Islam es más una forma de vida que una religión: “Una forma de vida feminista, pacífica y respetuosa con todas las especies de este planeta”. Sin duda una visión bastante alejada de lo que el público general entiende cuando oye hablar de esta religión.

Una mujer musulmana en la Marcha de las Mujeres del pasado mes de enero en Washington. © Getty Images
  • ¿CÓMO CONOCER MÁS SOBRE EL MOVIMIENTO?

Leyendo, preguntando, escuchando. Reconociendo que no lo sabemos todo y que nuestro estilo de vida no es el único admisible. No infantilizando a las personas religiosas desde una suerte de pedestal de la razón pura, el ateísmo también está plagado de sesgos, las personas tienen derecho a vivir su espiritualidad como mejor les parezca y ese larguísimo etcétera.

Lee a activistas musulmanas, hay muchas y excelentes en Twitter. Lee a musulmanas que no sean activistas, busca información online, conoce a personas musulmanas, no te quedes en los cuatro prejuicios de siempre. Trata de entender su realidad, que es diferente a la tuya. El feminismo de hoy en día necesita más interseccionalidad, mucha más. Da igual cuál y da igual dónde, es endémico.

“Cada vez nos están dando más espacios a las mujeres musulmanas, pero aún queda mucho que recorrer y no termina de ser suficiente”, me dice N. por DM en Twitter. No es suficiente. No hay altavoces suficientes que prestarles a quienes se exponen a tanta violencia e incomprensión por defender su causa. Así que, si realmente te importa el feminismo islámico, no me leas a mí.

Léelas a ellas.

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