San Valentín: regalos que NO

Vale que no lo celebres, pero no pretendas regalar a tu chica un maldito cepillo de dientes, alma de cántaro.

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Una vez superada la cima de la cuesta de enero, la publicidad se encarga de recordarnos que se acerca una de esas fechas marcadas en rojo en todos los calendarios: el 14 de febrero, día que el santoral católico recuerda a San Cirilo y a San Metodio, copatrones de Europa, y a San Valentín, patrón de los enamorados. Para honrar la memoria de este mártir, del que dicen que casaba parejas en secreto, qué mejor que los enamorados de hoy en día se intercambien presentes de todo tipo, condición y forma. Todo sea por dar testimonio del amor que profesamos a la persona que nos hace beber los vientos y nos quita el sentido.

Pero cuidado, porque hay regalos… y re-ga-los.

© Cordon Press
© Cordon Press

En otros tiempos se decía que un diamante era para siempre… ¡Por supuesto! Esta sí que es una prueba de amor duradero. ¿Qué no hay presupuesto? Bueno, un “pedrolo” made in Austria tampoco está mal.

Regalos San Valentín
A nuestras mayores se lo decían con flores, con unos maravillosos ramos de rosas rojas. Hoy, también. Aunque los hay, con tal de ser originales, que no dudan en elegir otras especies del reino vegetal como, por ejemplo, esa planta carnívora “tan graciosa” que se vende en grandes superficies. Tu cara de “cariño, ¿pero por qué te molestas, si con unas semillas de petunias para el macetón de la terraza era suficiente” lo dice todo y aceptas el tiestito en cuestión, con la condición de que no se abalance a tu yugular cuando pases a su lado.

Regalos San Valentín
El peligro viene cuando se quiere que el recuerdo perviva… Y vaya si puede pervivir. Un reloj es un fantástico regalo, siempre socorrido, pero ¿un despertador? ¿Qué quiere tu pareja? ¿Que seas la primera en salir de la cama para preparar el desayuno? ¿Que le dejes toda la cama para él?… Por aquí empezamos mal, MUY MAL.

En un día tan romántico, que no nos vengan con ese regalo práctico, tipo aspiradora, batidora o centro de planchado. No, no es el día de decir: “¡Como en casa, en ningún sitio!”. Ni tampoco con el trapito del remate final de las rebajas, que tú habías visto pero no te había gustado al tenerlo en la mano y que, para colmo, no es de tu talla. Y muchísimo menos con el cupón descuento del masaje a cuatro manos y seis pies que solo se puede reservar el lunes a las once de la mañana, precisamente a la hora en que tu jefe te reúne para planificar la semana.

"Uy sí, estoy emocionada..."
“Uy sí, estoy emocionada…”

Otra malísima idea son las mascotas. Los regalos procedentes del reino animal tienen un primer lado amoroso: ese adorable perrito, ese lindo gatito, a los que hay que cuidar y mimar. Hay otros seres vivos, mucho menos “achuchables” y “cariñosos”, pero cien por cien originales e inolvidables… ¿Qué haces tú con una iguana bicolor? ¿Vas a cambiar el gimnasio por la caza de saltamontes en el parque? ¿Cómo vas a salir de casa tranquila, pensando en ese monstruo suelto por tu salón? Esto es serio. Vamos, como para planteárselo al modo de Shakespeare: “El bicho o tú. He ahí el dilema”.

Regalos San Valentín que no
Pero hay un regalo que asusta, impresiona y sorprende sobre todas las cosas… ¡UN CEPILLO DE DIENTES! ¿A quién se le puede ocurrir semejante dislate? ¿Cómo se puede caer en ese argumento de que el amor verdadero es compartir? ¿Compartir el qué? ¿Sonrisas, alientos, caries…? El que regala eso, por muy eléctrico que sea el modelo, si es que lo es, es un firme candidato al: “¡Ahí te quedas, majo!”.

Por San Valentín, como dijo una moderna filósofa de la vida catódica de nuestros días, “currátelo un poquito”… Pero sin pasarte.

Bonus track: aquí 60 regalos QUE SÍ. 

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