¿Qué pasa con el sexo durante el embarazo?

Mucho se habla del sexo antes del embarazo o de cómo retomar las relaciones sexuales después. Pero, ¿y durante? ¿Qué pasa durante esas 40 semanas de gestación?

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Al embarazo se llega, salvo que seas la Virgen María o Jane the Virgin, después del sexo. Esto es así. Incluso la infertilidad se descubre tras haber estado intentándolo por el método tradicional. Además, maldito Murphy, las posibilidades de quedarse embarazada van reduciéndose con los años, de manera que si el bebé no aparece tan rápido como nos gustaría, el sexo se multiplica.

“Por favor que no se quede embarazada a la primera”.
“Por favor que no se quede embarazada a la primera”.

Total, que de una manera o de otra, lo más normal es que nos plantemos en el embarazo tras una época de mucha voracidad sexual. ¿Y entonces qué?, porque mucho se habla del sexo antes del embarazo o de cómo retomar las relaciones sexuales después. Pero, ¿y durante?, porque el embarazo son 40 semanas como 40 soles…

Salvo casos en los que el ginecólogo expresamente prohibe las relaciones íntimas (por amenaza de aborto, pérdidas, contracciones antes de tiempo o cualquier imprevisto que implique reposo) el sexo durante el embarazo está perfectamente permitido y te ahorras una pasta en métodos anticonceptivos, todo hay que decirlo.

Aprobado por el médico sí… pero otra cosa muy diferente es que ambas partes de la pareja tengan ganas de mambo. ¡Esa es otra historia!, concretamente nuestra historia de hoy y la de las mujeres con las que hemos abierto un interesante grupo de Whatsapp para poner experiencias en común. Este es el resultado:

"Hacer el amor cuando tienes una barriga tamaño pelota de playa es incómodo de narices. Y como la manguera no alcance aquello se convierte en un simulacro de incendio".
“Hacer el amor cuando tienes una barriga tamaño pelota de playa es incómodo de narices. Y como la manguera no alcance aquello se convierte en un simulacro de incendio”.
  • Las mujeres:

Durante la gestación el deseo sexual cambia; para algunas mujeres, incluso, desaparece: “Para mí era un verdadero suplicio pensar en sexo”, nos cuenta Mar. “Como todo, luego te pones y no es para tanto… pero por apetecerme no me apetecía jamás. Jamás en plan: ‘Mátame camión’, o sea, nunca”. Teresa añade: “Ellos te dicen ‘no todo es penetración’, pero es que lo otro me apetecía menos aún”.

“Antes me parto los brazos”, dice Teresa.
“Antes me parto los brazos”, dice Teresa.

Carla ha vivido los dos extremos, nos cuenta: “Es curioso, en uno de mis embarazos casi sentí (si eso fuera posible) que se me regeneraba el virgo. ¡Una monja! Veníamos de una época de mucho mambo pero el embarazo lo cortó de raíz. Y no era por miedo, es que simplemente el sexo era la última de mis preocupaciones. En cambio en el segundo estaba desatada. Tenía a mi marido exprimido porque me apetecía hacer el amor constantemente… ¡y él no quería! Ahora, en las épocas de escasez sexual le recuerdo que cuando pudo no lo aprovechó”.

Como Benny Hill persiguiendo chicas… pero al revés.
Como Benny Hill persiguiendo chicas… pero al revés.

La psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja Mamen Jiménez explica que, efectivamente, se suelen dar ambos extremos, tanto la falta de ganas como un deseo sexual desaforado. La culpa, como de tantas otras cosas, se la puedes echar a las hormonas: “Son varios los factores que inciden en el deseo sexual durante el embarazo: las hormonas, los cambios fisiológicos y algunos aspectos puramente psicológicos”, aclara la experta. “Aumentan los niveles de estrógeno y testosterona y también el volumen de sangre, que hace que los órganos sexuales se hinchen y estén más sensibles, por lo que la respuesta sexual podría ser más potente”.

Así te sientes.
Dos opciones: te sientes así…
Pero esta es la realidad.
…o así.

Pero no es oro todo lo que reluce, porque el deseo puede variar (y mucho) durante toda la gestación: “Una no está igual de despierta sexualmente si tiene náuseas en el primer trimestre, que en el segundo, en el que todo está más calmado”, prosigue la sexóloga. En nuestro grupo de Whatsapp, Ana lo ratifica con su experiencia personal: “Los primeros meses estábamos muertos de miedo porque veníamos de un aborto previo, así que no teníamos ninguna gana de fiesta. Estábamos aterrorizad0s. En el segundo trimestre se normalizó la cosa, pero hacia el final volvió otra vez una gran sequía”.

Por un lado está lo que se quiere, y por otro, lo que se puede. Si te toca un embarazo de esos de órdago, con un completo de náuseas y ciática, lo último que te apetecerá será acostarte con nadie. “¡Al final me sentía como una ballena varada a la orilla del mar! Me decían que el sexo acelera el parto pero esa era mi última opción, antes lo probamos todo. Hacer el amor cuando tienes una barriga tamaño pelota de playa, la espalda te duele y tienes el centro de gravedad descompensado es incómodo de narices. Y como además la manguera no alcance, aquello se convierte en un simulacro de incendio…”, recuerda Bea.

Hay más factores que influyen en el deseo durante el embarazo: “Psicológicos, actitudinales e, incluso, nuestro modelo sexual, modulan en gran medida el deseo en esta etapa de la vida”, añade la psicóloga Mamen Jiménez, y aclara: “Por ejemplo, hay mujeres a las que el embarazo les parece una etapa genial para el sexo al no tener que preocuparse por el preservativo; todo les resulta más relajado y espontáneo, así que están on fire a todas horas”.

Bridget Jones, lidiando con un embarazo y dos padres en su última película.
Bridget Jones, lidiando con un embarazo y dos padres en su última película. © Cordon Press
  • Los hombres:

Ellos son arena de otro costal y también tienen sus filias y fobias. A algunos les resultan especialmente atractivas las mujeres embarazadas y ese sexo más relajado en el que no hay que preocuparse por los métodos anticonceptivos. Para otros, sin embargo, la historia es bien distinta: “Yo estaba salida perdida, ¡pero mi marido no quería! Tenía un miedo terrible a aplastarme la barriga. ¡Como si fuera un globo y se fuese a pinchar!”, recuerda Paula. Algo parecido le sucedía a Ana: “Mi marido tenía un miedo atroz a molestar con su pene a nuestro hijo. Por más que le explicaba que aquello era físicamente imposible nada, no había manera. Le daba una grima horrible”.

Terrores masculinos vol. 1.
Terrores masculinos vol. 1.

Efectivamente, eso es físicamente imposible, pero por si acaso, queridos hombres, tened en cuenta tres cositas:

  1. El canal cervical que comunica el útero con la vagina está cerrado.
  2. El bebé está protegido por la bolsa amniótica.
  3. Lo siento, aunque todo esto no fuera así… no la tenéis tan larga.

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