Sobre el feminismo y sus corrientes (sin ánimo de ofender)

¿De qué hablamos cuando hablamos de olas del feminismo?

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Cuando desperté, la fecha de entrega seguía allí. Se acaba el tiempo, toca asumirlo: tengo que escribir sobre corrientes del feminismo.

Adriana, respira.

A pesar de los ánimos y buenos deseos recibidos en Twitter, la hazaña no era poca cosa y de repente lo de las doce pruebas herculianas me parecía moco de pavo al lado de escribir mil y pico palabras del ala sobre el feminismo y sus corrientes sin ofender a nadie ni dejarme nada importante ni pecar de simplista ni cometer errores graves ni… Bueno, en fin. Pero este es un pantano en el que toda feminista ha de meterse alguna vez y aquí hemos venido a jugar. Disculpen de antemano todo fallo -que los habrá- y se admiten las puntualizaciones y correcciones que vengan al caso. Dicho lo cual, abramos este melón.

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Aquí me tenéis, a vuestros pies queridos lectores y lectoras.

El feminismo, un movimiento, varias formas de verlo

Desde el posmachismo, les gusta decir que el feminismo es un movimiento dogmático que busca establecer un pensamiento único. Vender a las feminazis feministas como censoras, integristas, cerradas de mente e histéricas en general es un recurso muy útil cuando buscas ridiculizar a un movimiento entero, pero no se ajusta a la realidad.

En el feminismo ha habido corrientes y ‘olas’ desde sus inicios, no es una religión ni una doctrina estática en la que se hayan sentado unas leyes que hay que respetar sin espacio para la crítica y el debate. Es un movimiento en continua evolución que cambia y se adapta a la época y a las circunstancias, en el que además, no son infrecuentes los debates. Decir a grito pelado que “todos somos iguales” es relativamente fácil, pero eso no lo convierte automáticamente en una realidad y por el contrario, invisibiliza la realidad que viven miles de personas oprimidas que saben que hoy por hoy, no lo somos en absoluto. Hay muchas realidades y opresiones y cuando pretendes abarcarlas y entenderlas todas, el debate y la escucha activa son más que necesarios.

El feminismo occidental se manifiesta como movimiento colectivo de lucha por la liberación de la mujer a mediados del siglo XIX. Para Ana de Miguel, doctora en filosofía, el feminismo comienza cuando se articulan, “tanto en la teoría como en la práctica, un conjunto coherente de reivindicaciones” y las mujeres se organizan para conseguirlas, conscientes de la existencia de discriminación sexual.

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© Alexis Armanet

Echando la vista atrás, -y aunque en esto tampoco hay consenso y hay diferentes formas de articular su historia y orígenes- podríamos fijar tres grandes etapas u olas feministas. Las llamadas “olas del feminismo” se refieren a periodos históricos que delimitan y explican las transformaciones que ha ido sufriendo el feminismo a lo largo de la historia.

  • La primera ola del feminismo, desde mediados del XIX hasta la Primera Guerra Mundial. Las mujeres tuvieron que incorporarse al mercado de trabajo por la guerra y empezaron a tener cierta autonomía. Todo esto facilitó que luchasen por su derecho al voto y a la igualdad de derechos dentro del matrimonio.
  • La segunda ola, desde los años 60 a los 90 del siglo XX. Si la primera ola del feminismo se enfocaba más en la superación de los obstáculos legales a la igualdad, la segunda se lanzó hacia temas más ‘personales’ como la desigualdad no-oficial y mucho más sutil, la sexualidad, la familia, el trabajo y en su vertiente más controvertida, los derechos reproductivos.

Si la primera ola del feminismo se enfocaba más en la superación de los obstáculos legales a la igualdad, la segunda se lanzó hacia temas más “personales”.

Simone de Beauvoir, con su libro El segundo sexo es el referente más conocido de esta época y visión. Al leerlas, tenemos que tener en cuenta que se trataba de un tipo de perfil muy específico de mujer blanca, burguesa y con estudios y que en aquella época el debate en torno al género no había hecho más que empezar. Termina en los años noventa con la llegada de la tercera ola, con caracteres posmodernos, que diversifica por completo el feminismo, tanto en enfoques como en propuestas y objetivos. Lo de antes no ha sido nada, aquí vienen las curvas.

  • La tercera ola del feminismo es más bien… un tsunami. Es un término identificado con diversas ramas del feminismo cuyo activismo comienza en los 90 y se extiende, en teoría, hasta el presente. Quizá estemos viviendo una cuarta o hasta una quinta ola, no voy a meterme en ese jardín. Este ‘nuevo feminismo’ nace como respuesta a los fallos percibidos en la segunda ola: se empieza a tener claro que no existe un modelo único de mujer, sino múltiples, determinados por cuestiones sociales, étnicas, de nacionalidad, clase social, orientación sexual o religión. Se fomenta la lucha contra la violencia tanto física como simbólica contra la mujer y se empieza a debatir sobre el género. Aquí nos topamos de bruces con lo que sería el gran “cisma” del feminismo contemporáneo, el famoso tema del feminismo radical versus el transfeminismo.
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Simone de Beauvoir, icono de la segunda ola de feminismo, en 1957. © Cordon Press

Feminismo radical y transfeminismo, ¿un cisma?

El debate sobre el género trae consigo muy diferentes puntos de vista. Aunque suelen entenderse como contrarias sin serlo (lo contrario al transfem, sería en todo caso el liberal feminism o libffem), estas dos corrientes quizá sean las que han protagonizado el debate más encendido entre sí en los últimos años.

Si bien las dos corrientes cuestionan el género, el feminismo radical o radfem teoriza que el género es un constructo social y propone abolirlo y tenerlo en cuenta únicamente en aspectos puramente biológicos o médicos.

El transfeminismo, en cambio, propone no abolirlo directamente. Desliga radicalmente la relación entre el sexo y el género. Entendiéndolo como un constructo social, propone cuestionarlo y hacerlo flexible, quitarle las implicaciones sociales, romper los roles asignados, huir del binarismo hombre/mujer y abrirse a un amplio espectro entre masculinidad y feminidad, en el que no importan los genitales con los que naces. Además, una persona podría ubicarse en ninguno o en cualquier punto entre estos dos extremos. Partiendo de estos planteamientos -la famosa teoría queer y demás-, el transfeminismo incluye en la opresión patriarcal a personas que no siempre son mujeres.

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Portadas del número de enero del 2017 de National Geographic en el que se trata la revolución de género.

Postula que el Patriarcado oprime a todas las identidades apartadas del binarismo de género y entendiendo este como la primera violencia de género, ya que fuerza a las personas a ocupar unos determinados roles por nacer con una genitalidad determinada.

Entendiendo las cosas de otra manera, podríamos decir -siendo muy atrevidas y algo simplistas- que las feministas radicales entienden el género como un compendio que va desde las características físicas y roles hasta los patrones conductuales y de pensamiento atribuidos específicamente a individuos considerados como “macho o hembra”. Desde luego algo que una no elige.

Las feministas radicales entienden el género como la recopilación de las características físicas y roles hasta los patrones conductuales y de pensamiento.

Si desligamos el sexo del género y no hablamos de sexo biológico ni de roles, ¿qué tienen en común las mujeres para formar parte de un mismo grupo oprimido? Se opone al transfeminismo por su visión del género, porque si el género es una sensación subjetiva no puede ser la raíz de una opresión colectiva. Algunas radfem hoy en día analizan incluso que si a lo largo de la historia se ha considerado inferior al género femenino es porque se asigna a las personas “hembra”. Por mucho que actúe a través del género, para ellas la raíz de su opresión está en su sexo. Esto desde el transfeminismo se tacha de transfobia, puesto que podría dejar fuera de la categoría de mujeres a las mujeres trans.

Para el feminismo radical, históricamente la opresión habría estado basada en el dimorfismo sexual e iría ligada a la reproducción y al control de la natalidad y de la propia mujer.

Dos maneras de entender el género muy diferentes con cruces de acusaciones graves entre sí. Pero no son las únicas corrientes que se han enfrentado en la historia del feminismo. Las mujeres negras se desligaron de las blancas para hacerse womanists en lugar de feminists, hartas de que no se las tuviese en cuenta. Las mujeres trans llaman a las cis femiCistas, porque no siempre se acuerdan de escuchar a sus compañeras y parece que solo se centran en sus asuntos o niegan problemas tan graves como la transmisoginia. Las feministas musulmanas llaman feministas blancas a… Bueno, a las feministas blancas porque no siempre revisan su racismo y su islamofobia como deberían. Y así hasta el infinito y más allá, porque prácticamente todos tenemos algo que revisarnos.

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¿No sería mejor que luchásemos por la igualdad todas juntas?

Conviene no olvidar que los tiempos cambian y que nosotros debemos cambiar con ellos. Toda revisión es poca y la historia nos dice que si bien nadie quiere dar lecciones ni repartir carnets, hay que intentar que el feminismo si tiene que ser algo, sea interseccional. Si tu feminismo solo sirve para ti y para tus amigas, seguramente, lo estés haciendo mal.

Estas solo son algunas de las corrientes más destacadas del feminismo, pero ahí fuera la información es inmensa. Lee, escucha, cuestiona, aprende todo lo que necesites y vuelve a empezar. Escucha a quien tenga una experiencia diferente a la tuya, sea la que sea y no juzgues. Ponte los zapatos de otra y camina con ellos un par de kilómetros antes de hablar.

Si tu feminismo solo sirve para ti y para tus amigas, seguramente, lo estés haciendo mal.

Seguir aprendiendo es la base, seguir avanzando es la única opción. Ahora miradme a los ojos y decidme la verdad: ¿habéis tomado apuntes?

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