Cultura de la violación: ¿por qué toleramos la violencia sexual?

Cómo vamos a tolerarla, si a todos se nos llena la boca con insultos cuando se conoce un caso de depredador a la antigua usanza, ¿verdad?

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Todos coincidimos en acusar a un desconocido encapuchado que asalta en un callejón oscuro y viola a una mujer. Es un depredador a la antigua usanza de esos que perpetra agresiones sexuales como todos sabemos reconocer; sus actos no tienen vuelta: están mal. Les llamamos violadores.

Puede que cuestionemos un poquito a la víctima (cosas como que si tuvo cuidado al entrar al portal, si se resistió lo suficiente y cómo de enérgica fue al hacerlo), pero reconocemos que fue una violación, que debería denunciar y que a ese maldito ‘infraser’ debería ser encarcelado para que pruebe su propia medicina en las duchas de la cárcel.

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No siempre, de hecho casi nunca, se trata de un desconocido encapuchado que te asalta en un portal oscuro a altas horas de la noche. © Philbert

Es sorprendente la cantidad de hombres que no saben mostrar su apoyo y solidaridad a las víctimas de violencia sexual más que con exabruptos violentos que buscan por encima de todo dejar claro su status de no-agresores (pero que recuerdan peligrosamente a las formas de los agresores). Que si deberían violar a su mujer e hijas delante de él, que si ellos no lo hubieran consentido… Las víctimas callan. Porque saben que a la hora de la verdad, cuando alguien realmente sufre una violación, la mayoría de las personas de su entorno suelen preferir ‘no mojarse’.

Vete tú a saber. Igual ella se emborrachó demasiado, se acostó con él y ahora dice que fue violación porque se arrepiente de sus actos. Quizá no fue suficientemente clara cuando le dijo que no quería y el pobre chaval se confundió. A lo mejor solo fue sexo duro y lo que quiere es arruinarle la vida por despecho… Porque claramente ser un agresor sexual confeso destroza la carrera profesional de un hombre, no hay más que mirar a Trump.

Esto es la cultura de la violación. Una cultura como la nuestra, en la cual la violación es un problema social y cultural pero es aceptada y normalizada debido a actitudes sociales sobre el género, el sexo y la sexualidad.

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Las acusaciones por agresiones sexuales le han destrozado tanto la carrera a Trump que ha llegado a ser elegido presidente de EE. UU. © Getty Images

¿Toleramos la violencia sexual?

Cuando uno lo escucha por primera vez, puede resultar chocante. Entendemos la palabra ‘cultura’ como un conjunto de cosas que nos unen como sociedad, cosas buenas y nobles como la gastronomía o las fiestas, ¿cómo vamos a estar promoviendo la violación como sociedad? El caso es que no tenemos que hacerlo activamente pero, de facto, vivimos en una sociedad que excusa y tolera la violencia sexual.

Vivimos en una sociedad que excusa y tolera la violencia sexual.

Todo gira en torno al modo en el que pensamos sobre el concepto de violación. Los titulares que dicen que una víctima de feminicidio fue “obligada a mantener relaciones sexuales” en lugar de violada. Los debates sobre si forzar a alguien a tener sexo sin consentimiento es violación o no y, por supuesto, los chistes que nos permitimos hacer, porque ponerle límites al humor de alguien es un crimen mucho peor que normalizar la violencia y la opresión a golpe de chiste manido y sin gracia. Qué risa el cloroformo y la burundanga…

Esto pasa todos los días, a todas horas. Esa falda tan corta es porque buscas que te miren y lo sabes. Te lo dicen hasta en las canciones: “Si no quieres flamenquito, no me toques las palmas”, canta Alejandro Sanz. Ese “no” significa que en realidad lo estás deseando y deberían insistirte un poco más, lo enseñan en cursos de seducción científica. Esa chica adolescente, violada sistemáticamente por sus propios familiares, fue culpada y agredida por su propia madre por ‘provocarles’ a ellos. Esos fanáticos de Trump que gritan por la calle a chicas aquello que hizo célebre a su Presidente: “Grab them by the pussy”, ya sabes, chiquilladas, boys will be boys. Esos casos de acoso sexual en el trabajo en los que se acusa a la víctima de ser una manipuladora que sólo busca aprovecharse de los hombres sacando ventaja de su condición de mujer.

El cine está muy acostumbrado a atribuir un carácter romántico a las violaciones (por no hablar del cine porno en el que la mujer suele ser forzada por sistema.
El cine está muy acostumbrado a atribuir un carácter romántico a las violaciones (por no hablar del cine porno en el que la mujer suele ser forzada por sistema).

Esas víctimas de violación en los Campus estadounidenses a las que nadie se toma en serio, esos violadores pillados in fraganti que no cumplen condena porque tienen una carrera brillante en cualquier deporte por delante. Ese presunto violador que presuntamente utilizó sus conocimientos como Guardia Civil para drogar y abusar de chicas junto a sus amigos, que se permite el lujo de escribir una carta a su víctima para decirle que “en su mano está acabar con el sufrimiento inmerecido de cinco familias”. Esa sociedad donde es fácil ser demasiado seria o una buscona; una tontita o ir de lista, frígida o zorra según hayas herido el orgullo del hombre de turno. Esos manuales con consejos para evitar violaciones consistentes en que las mujeres pongan más cuidado, olvidándose por completo de invitar a los hombres a tener ‘el detalle’ de no violar.

La lista es interminable. Porque sí, nos importan las violaciones. Pero solo las que se ajustan al concepto que tenemos de violación, que es bastante estrecho.

¿Sabemos reconocer una agresión sexual?

Puede que aquí esté el problema, ¿sabemos realmente lo que es una violación? Vale, el posmachismo nos espeta que queremos que TODO sea violación, pero ¿qué es una agresión sexual? Tirando de Wikipedia y siendo simplistas, diremos que violación es el delito que consiste en tener relaciones sexuales con una persona sin su consentimiento o con un consentimiento obtenido mediante la violencia o la amenaza. Por tanto, presionar a una persona a mantener relaciones cuando no quiere o propasarse con una persona que no puede dar su consentimiento de forma activa y entusiasta, entrarían dentro de esta categoría. Los “si me quisieras lo harías”, los “si no me lo das tú tendré que buscarlo fuera”, los “pues mi ex sí que se dejaba y todos esos viejos conocidos que pondrían en un apuro a más de uno si echa la vista atrás.

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Nuestra respuesta automática a cualquiera de esas frases.

Si empezamos a llamar a las violaciones por su nombre, muchos van a tener que reconocer que han podido contribuir a situaciones parecidas y esto ya empieza a incomodar y a generar rechazo a espuertas. Revisarse no es fácil para nadie, recordar tu pasado sexual e ir identificando poco a poco todas y cada una de las situaciones en las que te sentiste mal, incómoda o violenta y ni siquiera sabías por qué, tampoco es un camino de rosas. Es un proceso en el que toca abrir los ojos y empezar a nombrar todo aquello que hasta entonces no existía.

Como la cultura de la violación, que era una locura hasta que me di cuenta de que encontrar un caso como todos los anteriormente nombrados, era tan sencillo como mirar un rato las noticias. Hasta que me di cuenta de que muchos hombres dicen cosas como “lo que se entiende por violación” para dejar la puerta abierta a que en algunos casos no lo sea. El cherry picking de casos imposibles en los cuales si uno está exactamente igual de intoxicado que el otro se podrían haber violado mutuamente o ‘el pobrecito’ que tuvo relaciones consentidas con una chica y No Creerás Lo Que Ocurrió A Continuación. Hasta que vi a chicas contar sus casos en Twitter y ser acusadas de “buscar llamar la atención”.

Si llamamos a las violaciones por su nombre, muchos van a tener que reconocer que han podido contribuir a situaciones parecidas y esto incomoda.

Si acusan a un hombre famoso es porque buscan fortuna y arruinar carreras, si acusan a una ex pareja es por despecho, si acusan a un cualquiera es para ganarse el grandísimo privilegio de que un montón de energúmenos desconocidos aterricen en sus menciones cuestionando la situación y pidiendo explicaciones absurdas.

Los jueces preguntando si cerraste bien las piernas y la Policía, si sabe el agresor que vas a denunciarle, tampoco ayudan. Según el primer macroestudio europeo sobre violencia de género, en España un 6% de las mujeres ha sufrido violencia sexual, pero apenas un 15% de los casos se comunican a la policía. Ya es hora de pararnos a pensar que vivimos en una sociedad que te grita que denuncies y cuando lo haces, te deja completamente desprotegida o incluso trata de culparte de lo que te ha pasado.

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Increíble, sí, pero cierto.

Si no somos completamente conscientes de algo, no podemos hacer nada para evitarlo. La cultura de la violación es un hecho y tenemos que empezar a actuar de otra manera, a hablar de otra forma y sobre todo, a pensar de otro modo cuando se trata de algo tan grave y endémico como la violencia sexual.

No callarnos, no culpar a las víctimas, no hablar de ‘presuntas violaciones’ ni ayudar a sostener mitos como que una persona puede pedir una agresión por su forma de vestir o comportamiento. Ni memes, ni chistes, ni tibieza. La violación no es divertida y que tú te rías de ella no te hace más transgresor sino un capullo que colabora con la noble causa de que los agresores se sientan comprendidos y a salvo.

Tenemos que empezar a actuar de otra manera, a hablar de otra forma y sobre todo, a pensar de otro modo.

No es mi cultura. Me niego a perpetuarla. Y hay que empezar a decirlo, a gritarlo si hace falta, y a hacer que con el tiempo, no sea la de nadie y que la violación se convierta en el delito grave, terrible, perturbador y arruinador de carreras como REALMENTE debería ser.

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