¿Son las barritas el alimento del siglo XXI?

Se comen en un pispás, no huelen y permiten no moverte de tu mesa mientras trabajas (perfecto si quieres salir antes). Ya las hay hasta de ternera o de pollo...

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¿Cuántas veces comes al día? ¿Tres? ¿Las consabidas desayuno, comida y cena? ¿Cinco, porque metes un tentempié a media mañana y una merienda? Pues vete olvidando de esos ciclos alimenticios porque de aquí en nada muchos de esos parones para zampar desaparecerán en pro de las barritas. Así lo anuncian los popes de la industria alimentaria norteamericana en el informe Nutritional and Cereal Bars in the U.S.

Barritas
El punto de partida es la evidencia de que cada vez más estadounidenses buscan comidas saludables. Baste solo un dato para entrever la magnitud de este cambio: en el último trimestre de 2014, McDonalds redujo sus ventas en Estados Unidos un 1,7% mientras que en Europa bajó también un 1,1%. Por si fuera poco, van calando los mensajes de que las incursiones en la máquina de los snacks suelen ser devastadoras para el balance nutritivo diario (patatas fritas, galletas saladas, frutos secos fritos y bien salados no son la panacea de una dieta saludable, por mucho que apetezcan más que una pieza de fruta). Paralelamente, aumentan las ventas de barritas nutritivas consideradas como una alternativa fácil y saludable al cupcake, la hamburguesa, la pizza o los snacks salados.

Barritas
¿Dónde nos conduce esto? Parece obvio que la sociedad desarrollada sigue demandando comida rápida para que los trabajadores abandonen el menor tiempo posible su mesa (y más, con la crisis y el pavor a ser despedida por ausentarte demasiado para banalidades como almorzar). Pero, a la vez, crece la conciencia de que hay que comer bien (amén de que es necesario comer, le guste o no al jefe). Y ahí entran en juego las barritas. No solo para ingerir más fibra (el tránsito intestinal se resiente del estrés y de la mala alimentación, no entraremos en detalles escatológicos de ese monstruo llamado estreñimiento), sino también para satisfacer las necesidades de proteínas de alta calidad (queda asumido que la comida basura, desde el bacon a los hot dogs, puede estar riquísima pero no cuentan como proteína saludable) y con pocas grasas saturadas.

Barritas

Por ahora, los consumidores de este producto suelen ser mayoritariamente hombres y deportistas. De hecho, eso se refleja aún en la nomenclatura: barritas energéticas (bombas calóricas para deportistas de alto rendimiento, altas en glucosa y frutos secos), dietéticas (para dietas bajas en calorías), de proteínas (necesarias para evitar la degradación del músculo en deportes de más de hora y media), específicas para según qué deportes (con unos u otros ingredientes según las necesidades de cada entrenamiento, aunque por lo general, suelen ser ricas en calcio, magnesio, l-carnitina)… Pero la cifra de mujeres que se aficiona a ellas crece y no siempre vinculándolas al deporte; de hecho, son las féminas quienes popularizan las barritas de desayuno (que vienen a ser el tazón de cereales en formato take away). Y de ahí, pasan a comerle terreno al tentempié, el almuerzo y el postre, porque robarle tiempo al acto de comer en el trabajo puede significar arañar minutos para jugar con los niños, ir al gimnasio, pasar por esa zapatería antes de que cierren…

Las barritas son fáciles de llevar en el bolso, pueden sustituir a una comida mientras aprovechas para recados tus 45 minutos de almuerzo y dan un empujoncito al consumo de fibra y de fruta. Además, en la oficina se pueden comer con facilidad (más que un plato de cuchara de mamá), sin dejar rastro oloroso (hay oficinas en las que, por ejemplo, está prohibido llevar pescado en tu tupper), ni manchar demasiado (ay, esos manchurrones de grasa en los informes del cliente a causa de una pizza barbacoa…).

Barritas

Hasta aquí la evolución de los consumidores. ¿Y la industria, qué hace? Porque si alguien va a tirarse toda su jornada laboral alimentándose de barritas exigirá variedad y eso supone dar al mercado nuevos sabores y texturas. Así que, a los consabidos cereales avena, trigo, centeno o maíz, se suman granos y semillas desconocidos o casi olvidados como el sorgo, la chía (cada vez más famosa entre las fit foodies), el amaranto o el lino. Y lo mismo con las frutas: mango, papaya, frambuesas, manzana, ciruelas…

Nutricionistas y cocineros se esmeran para combinar ingredientes y mantener alejado el fantasma del aburrimiento (no nos engañemos, hincarle el diente a una barrita es bastante alienante). Y si hay algo que aburre y empalaga el paladar es ese regusto dulzón de la mayoría de ellas (el resto sencillamente saben a corchopán). En esa línea se mueven las catas rarunas de los Kind Snacks, que van del chocolate negro con chili a las de almendras caramelizadas con sal marina, o el thai sweet chili.

Barritas
Epic y Bricks, dos de las marcas de barritas con mayor variedad en las recetas.

Así que, puestos a animar el menú, ¿qué tal barritas saladas para carnívoros que puedan suplir emocional (nutricionalmente aún no, hacen falta varias) a una comida? No, no nos referimos a los típicos snacks de jamón y queso. Hablamos de carnaza. Con sabor a carne y su grasa animal. Para muestra las de Bricks Bar con ternera (bacon, arándanos y semillas de girasol), pavo (con batata, arándanos y semillas de calabaza) o bisonte (con zanahoria, manzana y semillas de cáñamo). Todo 100% procedente de animales alimentados con grano y en granjas ‘felices’. Epic Bar las tiene también de cordero, pollo y cerdo. Son lo más parecido a llevarse a la boca una comida convencional… ¿Alguien se atreve?

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