Por qué te encantaban los libros de ‘Los Cinco’… y a tu madre también

Las inolvidables aventuras de Enid Blyton cumplen 75 años, así que aprovechamos la fecha para recordar por qué han conquistado a tantas generaciones.

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Es un hecho: si dos personas nacidas en los 80, que no se conocen, se juntan, tendrán muchos recuerdos en común de su infancia. Es lo que tenía la no-globalización y el que antes no tuviéramos tanto entre lo que elegir. Ahora la sección infantil de cualquier librería es apabullante, pero hace 30 años solo se podía escoger entre los libros de Barco de Vapor, la colección juvenil de Alfaguara y, por supuesto, los libros de Enid Blyton.

No fuimos la primera generación que los leyó, ni mucho menos. ¡Algunas los heredamos incluso de nuestras propias madres! La edición de las editoriales Molino o Juventud, con unas ilustraciones que podríamos identificar a tres leguas, ponían a nuestro alcance una Inglaterra de mediados del siglo XX, que estaba a años luz de lo que vivíamos… y que nos encantaba.

Ahora se cumplen 75 años desde que se publicó el primer libro de Los Cinco (Los Cinco en la isla del tesoro) y 120 del nacimiento de su autora, Enid Blyton, y en Grazia aprovechamos a recordar las aventuras de Julián, Dick, Jorge, Ana y Tim. Y todo lo que nos flipaba (a nosotros o a nuestras madres) de lo que encontrábamos en sus libros. A saber:

 

Los Cinco: la colección de libros de varias generaciones.
  • ¿Adultos? ¿Eso qué es lo que es?

Los mundos de Enid Blyton molaban algo así como tres trillones porque se trataba de niños viviendo sin un adulto que les dijera: “Andrea coño cómete el pollo”, “vete a la cama que es tarde” o “igual no es una buena idea enfrentados vosotros, que sois unos enanos, a unos traficantes de armas”. Los adultos pasaban tres puñados de los niños de los libros de Blyton y les dejaban hacer cosas que a ti, ni de broma.

¡Adiós, adultos!
  • El camping

Una de las cosas que más te alucinaban es que Los Cinco dijeran que se iban a donde San José perdió la zapatilla a hacer camping durante unos días y ¡a sus padres les pareciera rebién! ¡Que Ana tenía 10 años, por dios! Y todo esto sin GPS, sin móviles, y por supuesto sin las tiendas de campaña estas de Decathlon que tiras al aire y se montan solas.

Y con ese olor a humanidad tan rico…
  • Los veranos eternos

¡Y cómo pasaba de lento el tiempo en Los Cinco! ¿No teníais la sensación de que ahí tenían vacaciones a todas horas? Eran un poco la versión imberbe de Jessica Fletcher, esta mujer que con esa pinta de buena que tenía iba sembrando de asesinatos la zona de Cabo Code. Los Cinco para ser unos niños viviendo en un lugar recóndito de Inglaterra se pasaban la vida enfrentándose a ladrones, secuestradores, asesinos y todo gente de mala vida. Y ganaban siempre, claro.

Ups!
  • Los pasadizos secretos

A mí me fascinaba la existencia de túneles y pasadizos secretos. Cuando era pequeña no hacía más que lamentarme de que nunca jamás hubiese visto uno ¡cuando Inglaterra estaba hasta las trancas de ellos! ¡Era súper injusto! Unos túneles así, de lujo total, con anchura, longitud y perfectamente excavados. Mi preferido era el que salía de casa Kirrin, que se abría tocando uno de los paneles de madera de la pared. Viviendo como vivía yo en un duodécimo piso era complicado encontrar uno parecido, pero oye, yo no perdía la esperanza y ahí iba sobando todas las piezas de madera del armario empotrado de casa.

Inglaterra, según los Cinco, tiene que ser un queso de Gruyere.
  • La comida

La comida de los libros de Enid Blyton era pantagruélica. Tú te planteabas cómo lo hacían para no ser auténticas bolas porque estaban todo el día moviendo el bigote. No sé como se las ingeniaba Enid Blyton para hacer que todo sonara deliciosamente apetecible, incluso cosas que no tenías ni idea de lo que eran ¿cerveza de jengibre? ¿Eso que era? El comidista tiene hasta una receta para emularla. ¿Emparedados de lengua? ¿Pastel de carne? ¡Hasta las sardinas, que ni me van ni me vienen, sonaban deliciosas!

Tú los llamas sandwiches, ellos emparedados.
  • Los deportes extraños

En los libros de Enid Blyton los niños hacen muchísimo deporte. Lo mismo se van a hacer senderismo o a remar, como Los Cinco, que practican tenis, natación, equitación o lacrosse en Torres de Mallory o Santa Clara. El lacrosse es a los libros de Blyton lo que el quidditch a los de J.K. Rowling. Un juego endiablado que jamás conseguí entender pero que causaba furor entre sus participantes.

¿Lacrosse? Seriously?
  • Las aventuras

Cuando tú eras pequeña la mayor aventura consistía en que tus padres te dejaran ir sola al colegio o que se marcharan a comprar dejándote en casa sin supervisión. Los libros de Enid Blyton estaban cuajados de aventuras; a pesar de que si ahora lees los libros con mentalidad del siglo XXI a veces destilan un tufillo machista (e incluso un racismo bastante alucinante) se lo perdonamos por los buenos ratos que nos hizo pasar. Ahora han reeditado los libros cargándose esas partes comprometidas y hay gente enfadadísima por ello.

Se ha liado.
  • Las bromas

En los libros de Enid Blyton se gastan constantes bromas, especialmente en los de internados. Yo recuerdo estar siempre esperando que llegara el momento en que Alicia Johns hiciera la broma correspondiente a la profesora de francés ¡era tan divertido! Me encantaban los artículos de broma que sacaban (aunque nada como los artículos de broma de los hermanos Weasley en la saga de Harry Potter. (Las grageas de Bertie Bott las podéis comprar y son la risa para un cumpleaños).

Robar la ropa #esbien.
  • Los pensionados

En España no se estila mandar a los niños a internados salvo que seas un poco Froilán y no te vayan muy bien los estudios. Pero en Inglaterra tenía pinta de ser algo más común que aquí. En lugar de verlo como un castigo lo cierto es que los lectores de Enid Blyton nos moríamos por que nos llevasen a cualquiera de sus pensionados (una palabra deliciosamente pasada de moda). Los dormitorios comunes, las amas de llaves, las excursiones… todo tenía un encanto asombrosamente decadente.

Así me imaginé yo siempre a Mademoiselle Rougier.
  • No crecer

Pero lo que más me gustaba de los libros de Enid Blyton es que no tenías necesidad alguna ni prisa por crecer. Los niños eran niños. No había preadolescentes tontunos, ni amoríos, ni nada que no fuera infancia a raudales.

¡Que viva el síndrome de Peter Pan!

Lo mejor de los libros de Blyton es que, sean en sus versiones originales o en sus nuevas adaptaciones siguen enganchando a los niños por igual. Las historias de Los Cinco siguen siendo tan llamativas para ellos como lo fueron para nosotros y podemos seguir teniendo un punto en común con la infancia de nuestros hijos si queremos. ¡Y que no se pierda la receta de la cerveza de jengibre!

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