Tradiciones navideñas que España debería exportar

La Navidad en nuestro país está llena de tradiciones poco conocidas más allá del Pirineo. Hasta ahora. Le ponemos remedio ejerciendo una solidaria función didáctica.

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Que levante la mano el que no sepa recitar del tirón cuatro o cinco costumbres navideñas en Estados Unidos. ¿Nadie? Lógico; sin ser especialmente adicto a las comedias románticas, no es difícil saber que hay que ir a patinar sobre hielo a Rockefeller Center, que los calcetines cuelgan de la chimenea por la que baja Santa Claus y que las casas se decoran sin reparar en vatios.

Pero… ¿y nosotros qué? ¿Cuántos habitantes de Minnesota serán capaces de cantar el ‘Pero mira cómo beben los peces en el río’? Sin tener nada que envidiar nuestras tradiciones a las que impone Hollywood, lo cierto es que hasta ahora no las hemos vendido especialmente bien. Hasta ahora en que nos ponemos a ello ejerciendo una vez mas una solidaria función didáctica; esta esta vez dedicada a todos los americanos que no saben lo que es el roscón pobres.

13 tradiciones navideñas que España debería exportar al mundo y que cualquier minnesotino (¿cómo se llaman si no los lugareños de minnesota?) debería aprender:

Las camapanadas (a ser posible con Ramón García) y las uvas deberían ser patrimonio de la humanidad.
Las camapanadas (a ser posible con Ramón García) y las uvas deberían ser patrimonio de la humanidad.

1. Los niños de San Ildefonso:

Queridos extranjeros, sabed que el pistoletazo de salida a la Navidad española se da cada año el Día de la Salud, el 22 de diciembre, el de la Lotería de Navidad. Y es que no hay nada más costumbrista que eso de “para tapar agujeros”, que “la suerte esté repartida”, que si los niños se han equivocado o se han quedado afónicos… estas cosillas. Por un día los telediarios no hablan de sinsabores, penas, corrupción y sí de “gente sencilla” (otro tópico) que se pone contenta. ¿Qué hay más navideño que eso? ¿Verdad que ahora queréis copiarlo?

“Ceromil cero cientos cero cerooooo”.
“Ceromil cero cientos cero cerooooo”.

2. El puente de la Constitución (y la decoración):

Pero, aunque el inicio oficial del calendario navideño sea el 22, cualquier español sabe que la temporada festiva comienza cuando se desempolva el espumillón: concretamente en el puente de la Constitución, colocado estratégicamente a primeros de diciembre para ello (gracias por esto también, padres de la Constitución).

En España existen dos tendencias al respecto: la minimalista y la del “vamos a darnos al brilli-brilli como si no hubiese un mañana”. Cada familia se decanta por una, encomiándose a ella hasta las últimas consecuencias, esto es, aplicándola a árbol, belén y guirnaldas colgando de los marcos de cualquier cuadro. Esto último es favorito de los más pequeños, que se vestirían de espumillón si fuese necesario. Solo hay un par de normas: si en casa hay niños (o animales domésticos, que a estos efectos lo mismo es) mejor prescindir del belén heredado de la abuela por razones obvias. También es importante revisar mucho a la hora de recoger (pasado el día de Reyes, o esa misma tarde, si se quiere forzar) no vaya a ser que se despiste San José y aparezca meses más tarde camuflado en la mansión Playmobil (#truestory).

“Espérate que llegue el espumillón a América ¡lo vais a flipar!”
“Espérate que llegue el espumillón a América ¡lo vais a flipar!”

3. El momento madre:

Allá por el 25 de noviembre las madres anfitrionas españolas empiezan a preguntar: “¿Qué compro? ¿Qué hago de cena para Nochebuena?”,  en bucle; exactamente cada tres días naturales. Lo que se le conteste poco importa, porque al final, la madre española cocinará lo que quiera y lo preparará en cantidades industriales desoyendo cualquier llamamiento a la mesura.

Pero, “en esta casa no se tira nada”. Tan tradicionales como los banquetes de las fiestas son las comidas de sobras para los próximos siete días.

“Yo creo que nos vamos a quedar con hambre…”
“Yo creo que nos vamos a quedar con hambre…”

4. ¿Qué quieren los niños?

Las madres de niños pequeños tienen la capacidad de mutar en Oráculo de Delfos en Navidad. A ellas (y por alguna extraña razón no a los padres, que conviven exactamente igual con los hijos) acude toda la familia preguntando qué quieren los pequeños de regalo. Algunas madres juegan a adivinarlo mientras que otras colocan sin disimulo catálogos de juguetes estratégicamente por toda la casa para que las criaturitas jueguen al melopí(do).

Luego les toca rezar para que no cueste un ojo de la cara, para que no esté agotado y para que llegue a tiempo. Cuando se abra el paquete, da igual lo que sea, el niño disfrutará más jugando con la caja.

“He mirado mi bola de cristal y puedo decirte… que lo quiere todo”.
“He mirado mi bola de cristal y puedo decirte… que lo quiere todo”.

5. La función de Navidad:

Las funciones de Navidad no son patrimonio de España, claro que no. Pero las funciones españolas no se repiten en ninguna parte. Por lo que se ve dentro de cada niño norteamericano hay una estrella (parafraseando al incombustible Bertín Osborne) porque te montan una función Broadway por menos de nada. Las nuestras son más modestas: niños que desafinan en los villancicos, adoraciones al Niño, pastorcillos, panderetas… El disfraz de castor no es factible aquí salvo para alguna madre o abuela prodigio. Para el común de los mortales, pura ciencia ficción.

“Vamos castores vamos”.
“Vamos castores vamos”.

6. La logística de los niños:

En Navidades las cuentas nunca salen. Los hijos tienen tres semanas de fiesta (¿TRES SEMANAS? ¡Esto es un sindiós!) así que los padres se decantan cada año entre varias opciones: ¿Llevárselos a la oficina? ¿Pedir vacaciones? ¿Meterlos en el bolsillo? El debate da para mucho, pero al final todos se decantan por la misma solución: llevarlos a la piscina de bolas de Ikea, que es gratis y reúne en Navidad a la toda población española de entre 3 y 5 años.

Prisas en el centro comercial no es buena idea en Navidad...
Prisas en el centro comercial no es buena idea en Navidad…

7. Los centros comerciales:

En Estados Unidos tienen mucho menos pudor con los villancicos que en España. Allí ponen a una mujer vestida de Mama Noel sexy a cantar y se marcan un un numerado. Los villancicos son un género más, que innova. Aquí, no. En España seguimos con el Fun-fun-fun, el Tamborilero y Los peces en el río, ¡y además con la misma grabación de niños gritones desde hace por lo menos cuarenta años! Es entrar a paso ligero en un centro comercial para lo que hay que ser valiente y recibir una bofetada de Arre borriquillo. Sales de comprar lencería sexy y el Hacia Belén va una burra. ¡Coño, rompen todo el misterio!

El pobre Papá Noel y sus elfos (que en fechas posteriores serán los Reyes Magos y sus pajes por esto de la movilidad laboral) se tienen que subir por las paredes.

“Después de Navidad me convertiré en Baltasar”.
“Después de Navidad me convertiré en Baltasar”.

8. La logística de los adultos:

En Estados Unidos, y esto lo sabemos por los programas de Divinity, suelen tener problema de espacio tipo: “Los Smith son una familia con dos hijos a los que su casa de 500 metros cuadrados se les ha quedado pequeña”, problemas ante los que cualquier español medio flipa. En colores. ¿Se les ha quedado pequeña? Allí no saben lo que es encajar a 15 personas a la mesa en un comedor de 12 metros cuadrados o alojar a ocho familiares en un apartamento de 80 metros cuadrados. Porque, queridos habitantes de Minnesota, en España no es usual contar con un cuarto para invitados que huele a lavanda. Lo bueno es que así le damos salida a todo el conocimiento adquirido tras muchos años jugando al Tetris.

“Pues la tía de Cuenca lo mismo cabe también”.
“Pues la tía de Cuenca lo mismo cabe también”.

9. Pelearte si eres del equipo Papa Noel o de los Reyes Magos:

Nada de Real Madrid o Barça. El primer equipo que se elige en la vida es si eres de Papá Noel o de los Reyes. Los que son de los Reyes acusan a los primeros de venderse a las tradiciones de fuera, los que son de Papá Noel piensan que los Reyes tienen muy mal marketing y eligieron mal la fecha de su venida. Porque además, hay que asumirlo: cada uno va a defender su equipo con uñas y dientes. Como está mandado.

“Tenemos secuestrado al gordo de la barba, repito, secuestrado”.
“Tenemos secuestrado al gordo de la barba, repito, secuestrado”.

10. Las campanadas:

Pero si hay algo especialmente patrio es la costumbre española de dar la bienvenida al Año Nuevo. ¿Qué invento es ese de contar hacia atrás en Times Square? ¿En serio? Al año se le recibe escuchando las campanadas del reloj de la Puerta del Sol, tomando una uva por cada una de las doce campanadas y con ropa interior roja. Y punto. Y todavía no entendemos cómo esta tradición no tiene cabida más allá del Pirineo.

“Esta tradición la tenéis que importar YA”, grita Ana Obregón.
“Esta tradición la tenéis que importar YA”, grita Ana Obregón.

11. Los anuncios navideños:

El Gaitero. Las burbujas Freixenet. Muñecas de Famosa. El turrón más caro del mundo. La lotería. Si en América tenéis la Super Bowl, en España no entendemos la Navidad sin una buena dosis de anuncios sensibleros, todos ellos nido de memes que corren como la pólvora. Casi a la misma velocidad vertiginosa que las felicitaciones predefinidas por Whatsapp.

Si queréis investigar más sobre sociología española, extranjeros del mundo, os recomendamos el visionado de la obra de arte que hace un par de navidades protagonizaron Montserrat Caballé y Raphael. De nada.

“Aquí está la Navidaaaaaad”.
“Aquí está la Navidaaaaaad”.

12. La función navideñizadora de Cortylandia:

Nada de escoger entre Bloomingdale’s, Harvey Nichols, Macy’s o Saks, no. En España solo tenemos unos grandes almacenes que, eso sí, se encargan de anunciar el paso de las estaciones: allí sabemos cuándo es primavera, el momento en que llega el otoño y, por supuesto, cuándo es Navidad. Las fachadas en España se cubren entonces de luces, pero el premio gordo se lo lleva una de todas: la trasera de El Corte Inglés de Preciados.

Lugar de peregrinaje durante décadas, cualquier visitante no autóctono se encontrará con un escenario de cartón piedra que, a modo de jardín vertical, cubre todo el edificio con muñecos que se mueven y cantan.

Mención especial en este apartado a la labor social de los dependientes que, amablemente y de muy buen grado, esperan en sus puestos de trabajo hasta las 12 de la noche de la víspera de reyes. Por y para esos cientos de miles de clientes que deciden hacer sus compras en esas horas intempestivas.

“Cotylandia, corylandia, vamos juntos a cantaaaar”.
“Cotylandia, corylandia, vamos juntos a cantaaaar”.

13. La cabalgata de Reyes:

Otro momento español-español es la cabalgata de reyes, la tarde del 5 de enero. Repleto de momentos pintorescos a ojo de cualquier espectador ajeno, tales como personajes encaramados en lo alto de escaleras para poder ver todo (que impiden la visión de todos los que se ponen detrás) o avispados que usan el paraguas del revés para recoger más caramelos que nadie. Otro momento que se repite año tras año es el pintado de negro de un señor random (generalmente concejal) que da vida al rey Baltasar.

¡Cosas que solo pasan aquí!

He tomado un poco el sol, me he puesto la bata de estar por casa y ya.
He tomado un poco el sol, me he puesto la bata de estar por casa y ya.

Este artículo se publicó originalmente el 21 de diciembre de 2015.

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