¿Es posible acabar con la tiranía de las tallas?

Prendas sin tallar o cambiar el sistema tradicional por uno que no lleve consigo un simbolismo negativo son las armas del mundo de la moda contra la obsesión por la talla 36.

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Hace mucho que las tallas dejaron de ser lo que realmente son, es decir, un mero referente para que podamos saber si la prenda nos debería entrar o no sin necesidad de probárnosla o incluso sin estar presentes. Hoy se han transformado en el símbolo de todo un problema para algunas personas, y un objetivo más o menos inabarcable y frustrante para otras. “La ropa se ha convertido en una unidad de medida, similar al peso, que parece decirnos si somos adecuados o no. Se le ha puesto demasiado valor a una medida externa que implica también una forma de comparación y unificación masiva”, explica la psicóloga Laura Landau, experta en pacientes con sobrepeso y trastornos derivados del mismo.

¿PODEMOS LUCHAR CONTRA LA TIRANÍA DE LAS TALLAS?

El mundo de la moda cree que sí, o al menos un grupo de marcas que empieza a rebelarse contra el tallaje tradicional. Es el caso de Neon Moon, una firma de lencería inglesa que se define como feminista y que quiere llevar también su mensaje positivo y su apuesta por modelos de todo tipo de cuerpos, curvas y aspecto también a las etiquetas.

En las de esta firma no encontraremos un número o unas letras que nos indiquen, de forma gradual, el tamaño. Ellos acaban de decidir convertir sus tallas en adjetivos, y todos igual de inspiracionales y simbólicos en lo positivo: ‘lovely’, ‘gorgeous’, ‘beautiful’, ‘fabulous’ y ‘stunning’ (encantador, precioso, hermoso, fabuloso e impresionante), respectivamente. La idea es “erradicar la negatividad que hay en torno al tallaje”, explican. De hecho, fluctuar entre la fabulosa y la hermosa no debería ser un problema…

© Jonathan Gorrigan

En España, la última propuesta en esta línea viene de la mano de la acción conjunta entre la firma de ropa UKE y Kaiku Sin Lactosa, que presentaron una colección cápsula sin tallaje. “Creímos oportuno liderar un movimiento sin etiquetas, centrado en acabar con los complejos y ver cómo responde la gente ante esta iniciativa, que hemos detectado que está latente en la sociedad”, explica Cristina Cantero, del equipo de Márketing de la empresa láctea.”Es un reto crear prendas que se adapten lo mejor posible a cada silueta y las tallas son un gaje del oficio. Por eso mismo, formar parte de esta iniciativa nos dio libertad para centrarnos en los tejidos, los cortes y crear una colección sin complejos que siente bien a todo el mundo”, añade Álvaro Cano, director creativo de UKE.

¿Se podría decir que nos hemos condenado a someternos a la talla 36? Una encuesta realizada precisamente por Kaiku Sin Lactosa entre sus clientes reveló que el 95% de las españolas preferiría poder olvidarse de las tallas de la ropa y centrarse únicamente en si las prendas le sientan bien. Además, el 25% afirmó que no se compraría ropa que le quedaran bien si son de una talla superior a la esperada, y otro 36% dijo que tendría reticencias a hacerlo.

¿Y el entrar al probador dejaría de ser un castigo?

Sin embargo, estamos ante solo un primer paso. “Enmascarar el tallaje puede ser positivo en un primer momento, pero la obsesión por la comparación y la unificación masiva es una ‘enfermedad social’ muy hábil y pronto aprendería otra forma de simbolizar un supuesto éxito al que someterse”, explica Laura Landau.

Hay espacio para el optimismo. “La tendencia sizeless y el promover una actitud positiva y el amor por nuestro cuerpo gana a los complejos y las etiquetas”, dice Álvaro Cano. “No va a evitar la obsesión por el ‘cuerpo perfecto’ en sí, pero la puede aplacar, desplazando la atención a otros aspectos de la apariencia real y no solo lo que dictan los números”, añade la psicóloga.

Sentirse bien con uno mismo, por dentro y por fuera, no debe ser un objetivo cuyo logro lo marque un número en la etiqueta del interior de un pantalón o una camiseta. Aprender a quitarnos ese complejo nos hará más felices y, por ende, nos veremos mejor a nosotros mismos e incluso tendremos la percepción de que la ropa nos sienta mejor. Tal es el poder de la autoconfianza. ¿Lo intentamos sin mirar la talla la próxima vez que nos enamoremos de una prenda MA-RA-VI-LLO-SA?

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