Después del de Elvis, el tupé de la actriz Sean Young en la cinta es el más icónico de todos los tiempos. Encuentra el punto perfecto de retrofuturismo inspirado en el cine negro, con tintes orientales.

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Al igual que su peinado, los trajes de chaqueta con pronunciadas hombreras, parecen haber viajado 70 años, desde la década de los 40.

En la imagen: Alexander McQueen (FW 2003/04) y Gareth Pugh (FW 2016/17).

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Solo hay dos abrigos de piel vistos en el cine que los amantes de la moda guardan en su retina y aman incondicionalmente: el de Margot Tenenbaum y el de Rachel. Ambos reproducidos por las firmas de moda.

En la imagen: Givenchy (FW 1998/99).

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Aunque Ridley Scott nos transportase al futuro, tenía claro que quería un film noir y eso suponía convertir a Harrison Ford en un Humphrey Bogart futurista, con trajes de corte similar pero con mucho más colorido.

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El look dandy de Harrison Ford incluía un sombrero al estilo Bogart, sin embargo, el reciente rodaje de Indiana Jones con su mítico sombrero hizo que Scott se plantease eliminar este accesorio. Al final lo sustituyó por un corte de pelo tan imitado que llegó a adoptar el nombre de “corte Rick”.

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A punto estuvo Daryl Hannah de sufrir un grave accidente cuando en la película se pintaba los ojos con un soplete. Al final la escena se rodó sin incidentes y aquel antifaz negro pasó a la historia.

En la imagen: Saint Laurent (FW 2016/17), Alexander McQueen (SS 2003), Aristocrazy (FW 2014/15), Gucci (SS 2012), y José Castro (SS 2016).

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Los creadores del vestuario de la película, Michael Kaplan y Charles Knode, no solo ganaron un Bafta por su trabajo, sino que crearon un género en sí: el ciberpunk.

En la imagen: Jean Paul Gaultier (HC FW 2009/10), Kenzo (FW 2016/17).

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La escena en la que la actriz Joanna Cassidy corre con un abrigo transparente sobre un biquini negro constituye otro referente imprescindible para los estilistas de moda. Tanto es así, que en la secuela no han podido prescindir de él, y en el trailer ya hemos podido ver a Ana de Armas con una réplica del famoso chubasquero.

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Quizás la clave de que Blade Runner sea inmortal es porque los diseñadores del vestuario comenzaron a trabajar con una norma: nada de ropa inspirada en ciencia ficción. Y aunque puede parecer incoherente, no pudieron estar más acertados. El modisto Antonio Miró lo explicó perfectamente en un libro homenaje a la cinta en el que participó: “Al contrario de lo que ocurre con la mayor parte de las películas futuristas, en esta el vestuario era, por así decirlo, clásico, es decir, que la gente no iba vestida muy diferente que nosotros”.

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